<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116</id><updated>2011-04-21T14:44:33.143-07:00</updated><category term='Episodio  37'/><title type='text'>Los Pérez Strómboli</title><subtitle type='html'>Folletín posmoderno</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>40</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-4788506619744026282</id><published>2009-02-14T08:54:00.001-08:00</published><updated>2009-02-14T15:29:39.783-08:00</updated><title type='text'>Episodio I: “La cena está servida”</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(153, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;(donde asistimos a una típica cena familiar, los personajes hacen su presentación en sociedad, y el lector avispado comienza a intuir que vendrán tiempos peores)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;     La escena está situada en cualquier ciudad argentina, en un futuro no muy lejano, o, en todo caso, en un presente no demasiado futuro, si es que se puede llamar futuro a esto que nos espera.&lt;br /&gt;Los Pérez Strómboli constituyen la típica familia de clase media  del primer cuarto del siglo XXI:  asumimos que se trata de una familia por el hecho de que viven todos juntos  y también por razones de comodidad narrativa. Tratar de explicar los lazos de sangre y de otros tipos que unen a sus miembros sería meterse en problemas, y ya bastante complicada es la vida. Digamos, entonces, que viven bajo el mismo techo, que la mayoría se quiere  bastante entre sí y que, en ausencia de  afecto, bienvenido  sea el mero aguante.&lt;br /&gt;La familia se encuentra reunida en torno a la mesa. Papá, mamá, tres hijos aportados por anteriores matrimonios   y el hijo en común de ambos, alegría del hogar. También están el  abuelo Strómboli y el perro Cachafaz. Por si hace falta aclararlo: Cachafaz es ese animal  que roe un hueso debajo de la mesa. El abuelo también está royendo un hueso, pero sentado en una silla, y mientras su dentadura   está a punto de rendirse frente al recio fémur de cordero que sostiene entre las manos, se las arregla para recitar un par de estrofas del Martín Fierro, hazaña decididamente fuera del alcance del Cachafaz. Es que, como ya sospechará el lector, a este perro sólo le falta hablar.&lt;br /&gt;- Los hermanos sean unidos/ porque esa es la ley primera...&lt;br /&gt;  La andanada  poética va dirigida a los dos hermanos mayores, que no paran de sopapearse en la nuca.&lt;br /&gt;- Abuelo: no hablez con la boca llena. Ez asqueroso.&lt;br /&gt;- Más asqueroso es que haya gente que no tenga con qué llenarse la boca, nene...,&lt;br /&gt;- ¡Papá ¡Te dije que no hables de esas cosas cuando está el nene: después  sueña  ...&lt;br /&gt;- ...porque si entre ellos se pelean / los devoran los de ajuera...,&lt;br /&gt;- ¡El abue no zabe hablar! ¡Ze dize “afuera”, no “ajuera”!&lt;br /&gt;- Bueno, así hablaban los gauchos...&lt;br /&gt;- ¿Qué zon los gauchoz?&lt;br /&gt;- Mano de obra barata, nene, y carne de cañón de los ricos, eso eran los gauchos- mirada furibunda de mamá. -&lt;br /&gt;- Si los cañones no zon de carne...ji. ji, ji, ¡Eztá loco el abuelo...!&lt;br /&gt;- Che, que no me dejan escuchar el noticiero – impone un poco de cordura papá.&lt;br /&gt;- Bueno – dice mamá   mete  los cubiertos en la  ensaladera – vos también  podrías participar un poco de la conversación, pichu...&lt;br /&gt;- ¿Y cuándo querés que me informe?  ¡Cómo si fuera idea mía no estar nunca en casa!&lt;br /&gt;- Idea mía no es.&lt;br /&gt;- ¿Ah sí? ¿Y cómo pagamos lo del año pasado?&lt;br /&gt;“Lo del año pasado” es un viaje a España. El tema sale a relucir, por uno u otro motivo, cada vez que la cosa comienza a ponerse áspera.&lt;br /&gt;- Eso tampoco fue idea mía. Yo quería ir a Machu Picchu, ¿te acordás, picchu?-&lt;br /&gt;- ¿Y qué caraj... qué me importa Machu Picchu a mí? Yo quería conocer Galicia. ¿Y vos sabés el olor que tienen los coyas, además? No aguantarías ni un minuto en Machu Picchu, vos...&lt;br /&gt;- María Laura  me dijo que hay más alemanes y japoneses que otra cosa. Y los japoneses no sé, pero los alemanes son gente como nosotros. Hasta te diría que son  mejor que nosotros...&lt;br /&gt;- Eso  mismo decía el Adolf- terció el abuelo Strómboli.&lt;br /&gt;- Qué Adolf, abue - pregunta la nena con su habitual entusiasmo.&lt;br /&gt;- Un amigo de tu mamá... – mirada asesina de mamá.&lt;br /&gt;- Qué Adolf, abue – insiste la nena.&lt;br /&gt;- Hitler, nena, Hitler… - rezonga el abuelo.&lt;br /&gt;- Ah, el de los bigotitos así – la nena se coloca dos dedos sobre el labio superior. El abuelo se para de un salto, levanta el brazo   y grita un ¡Sieg, heil! que hace que el Cachafaz  salte como un canguro electrocutado y se estampe contra la parte inferior de la mesa. Lloriquea , pero igual se las arregla   seguir comiéndose el garrón, que para eso vino al mundo. El abuelo lo levanta con ambas manos y lleva las partes pudendas del Cachafaz hasta la altura de sus ojos:&lt;br /&gt;- Hummmm... – dice el abuelo   con acento austro-alemán y todo -  ... mirren lo que tenemos aquí... un perrito judío pinchila cortada... ¡juden rat! ¿Qué hacemos con él? ¿ mandamos a cámarra de gas o hacemos jabón con linda ratita judía y gordita?&lt;br /&gt;- Mejor hazemos jabón, abue, en el baño  no hay máz – opina sensatamente Emanuel, el menorcito. El Cachafaz, sin soltar el hueso, mira a cada uno de los presentes tratando de entender qué pasa. Por las dudas mueve un poco la cola. Mamá, que hasta el momento ha mantenido la  frente apoyada sobre ambas manos, baja éstas con ademán cansado pero majestuoso y dice:&lt;br /&gt;- Papá: dejá a ese perro y por favor dejá de enseñarle esas cosas al nene. Emanuel: está muy mal hacer jabón con los perritos, ¿entendiste mi amor?&lt;br /&gt;- Zí, mami.&lt;br /&gt;- ¿Y con la gente?- no puede dejar de meter  la cuchara el abuelo Strómboli.&lt;br /&gt;        El bramido de una motocicleta cubre, por suerte para el lector sensible, el resto de la conversación. Carla salta de su asiento.&lt;br /&gt;- Pá, vamos un rato al shopping con Seba.&lt;br /&gt;- Bueno.&lt;br /&gt;- ¿Y a qué van al shopping, che?&lt;br /&gt;- Y a qué vamos a ir, abue, a mirar... La gente. La ropa. Qué sé yo.&lt;br /&gt;- ¿Y no se les ocurre nada mejor que hacer?&lt;br /&gt;- Juan Carlos - dice papá -  es  mejor   eso y no que ...&lt;br /&gt;- ¿Vaya al telo?&lt;br /&gt;- Con usted no se puede hablar, Juan Carlos.&lt;br /&gt;-¿Qué ez “altelo”, abue?&lt;br /&gt;- A ver, papá, explicáselo vos...&lt;br /&gt;- Bueno, mirá nene, un tel...&lt;br /&gt;- Ni se te ocurra. Emanuel: a la cama.&lt;br /&gt;- Ufa. ¿Me contáz un cuento, pa?&lt;br /&gt;- No mi amor, estoy   cansado. Pero vení  a mi cama y vemos  una de terror.&lt;br /&gt;- Zoz bueno, papi.&lt;br /&gt;- ¿Te ayudo con los platos, hija?&lt;br /&gt;- No, gracias, mejor sacalo a dar una vuelta al Cachafaz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       Al escuchar las palabras “vuelta” y “Cachafaz”, el  susodicho se convierte en la versión canina de El Dr. Jekill y Mr. Hide, pero  peor, por lo sobreactuado: sube de un salto a la mesa, barre   las dos últimas copas del juego, mordisquea los restos del asado, brinca sobre el sofá como una cabra demente, vuelca una silla y después se sienta, como si nada, puro ojos y lengua afuera, a esperar que le pongan el collar.&lt;br /&gt;- Pobrecito, estuvo todo el día sin salir – dice con una tierna sonrisa mamá, que justo en ese momento se da vuelta y por eso, piadosamente, no alcanza a ver cómo el Cachafaz sale volando del tremendo patadón que el abuelo Strómboli acaba de pegarle en el culo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(continuará)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-4788506619744026282?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/4788506619744026282/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-i-la-cena-esta-servida.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/4788506619744026282'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/4788506619744026282'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-i-la-cena-esta-servida.html' title='Episodio I: “La cena está servida”'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-6109525877525704207</id><published>2009-02-14T08:53:00.002-08:00</published><updated>2009-02-14T15:30:37.375-08:00</updated><title type='text'>Episodio II: “Demasiado viejo para el rock, demasiado joven para morir”</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(153, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;(donde se hace un pequeño resumen del capítulo anterior, se  describe  el paisaje circundante, aparecen ciertos personajes más bien secundarios y el Cachafaz, después de hacer las paces con el abuelo Strómboli, demuestra mal que mal  sus dotes musicales)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          La semana anterior, el lector ha tenido el privilegio de asistir a una típica cena de los   Pérez Strómboli, una familia “all’uso nostro” del primer cuarto del siglo XXI, es decir: la historia transcurre en un futuro no demasiado lejano, por lo que estamos autorizados a sospechar que cualquier parecido con la realidad actual no es mera coincidencia.&lt;br /&gt;Recordemos de manera sucinta la composición del grupo familiar: papá, mamá, tres hijos de anteriores matrimonios cuya filiación exacta no hace al desarrollo de esta historia, el nene menor, fruto en común y luz del hogar, el perro Cachafaz, peludo y estrambótico, y el abuelo Strómboli, quizá no tan peludo y, tal vez, menos estrambótico, pero de mucho peor carácter.&lt;br /&gt;Veamos ahora  cómo han quedado las cosas en la entrega anterior: el papá y el menorcito se solazan en  la cama matrimonial viendo una de terror, los dos hermanos mayores están viendo la misma película, pero en el living, la nena, Carla, se fue al shopping con su novio el Seba,  y el abuelo fue enviado a dar una vuelta con el Cachafaz por mamá, que se ha quedado con la sola y más amena compañía de los platos sucios. En esta casa siempre hay bastante que fregar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Bueno, che, perdoname – le dice el abuelo Strómboli al Cachafaz.&lt;br /&gt;           El Cachafaz, ofendido por el soberano patadón en el traste con que  lo mandaron a pasear, no dice ni mu. O ni “guau”, asumiendo cierta coherencia zoológica.&lt;br /&gt;- “Rencor, mi viejo rencor” – tararea el abuelo un tango que le escuchó a su padre.&lt;br /&gt;El Cachafaz, perro al fin, ya ha comenzado a olvidarse del pasado inmediato y tiende a ocuparse de menesteres más propios de su especie: olisquea postes de luz, los bautiza levantando apenas la patita, escarba inmundicias, eriza su pelambre ante el cadáver reseco de un gorrión, hace, por fin, caca y después pis. Un mendigo les sale al paso.&lt;br /&gt;- ¿No tiene una moneda, don?&lt;br /&gt;           El hombre está cubierto por capas y capas de tela ordinaria y de plástico. Parece un beduino friolento. Visto de cerca, no es tan viejo:  hasta se lo ve más rozagante que  al abuelo Strómboli, quien mete la mano en el bolsillo con gesto automático y saca unas monedas. El otro extiende la mano, pero don Strómboli no abre el puño.&lt;br /&gt;- ¿Usted no estaba el otro día en el cajero automático? Lo vi sacando plata ¿Puede ser?&lt;br /&gt;- Bueno, tengo unos ahorritos.&lt;br /&gt;- ¿Y por qué pide?&lt;br /&gt;- Es mi trabajo, hombre, de algo hay que vivir.&lt;br /&gt;- Tiene lógica – murmura don Strómboli, dejando caer dos o tres monedas.&lt;br /&gt;- Gracias, don, que Dios se lo pague.&lt;br /&gt;- Dios tiene menos plata que yo – murmura el abuelo alejándose mientras la voz del otro lo sigue como una empalagosa ristra de agradecimientos.&lt;br /&gt;- Carajo, ya ni los pobres son lo que parecen.&lt;br /&gt;       El abuelo Strómboli decide caminar unas cuadras hasta el centro: se ha quedado sin tabaco para la pipa. Haciendo caso omiso de los tironeos del Cachafaz, que se empeña en seguir el rastro de un gato o de una perra en celo el abuelo Strómboli se encamina hacia donde aún quedan negocios abiertos.&lt;br /&gt;       El kiosco del cual el abuelo Strómboli es cliente desde hace años resiste de mala manera frente al shopping que se recuesta contra la enorme mole del multicine: un lugar donde la gente va a comer pochoclo y a tomar cocacola en vasos del tamaño de un termotanque.&lt;br /&gt;- Qué tal don Juan Carlos. ¿Lo de siempre?&lt;br /&gt;- Sí. Y caramelos mediahora.&lt;br /&gt;- Mediahora no hay. Parece que no  se fabrican más.&lt;br /&gt;- La pucha. Los vengo comiendo desde los años cincuenta- toma el sobre de tabaco.&lt;br /&gt;- Bastante aguantaron. ¿No quiere llevarse un par de paquetes más? Estamos de liquidación.&lt;br /&gt;- ¿Por?&lt;br /&gt;- Nos pusieron una tabaquería ahí. Y un drácstor – el mentón del quiosquero salió disparado hacia la marquesina del shopping.&lt;br /&gt;- Tsssss.&lt;br /&gt;- Las cosas son así, que le vamo a’cer. Su tocayo Juan Carlos  cerró la carnicería. Está de deudas hasta acá.&lt;br /&gt;- ...Malas noticias para vos, Cacha... ¿Cachafaz? ¿Dónde se metió ese perro de mierda?&lt;br /&gt;- Allá va – dice el quiosquero, señalando al bicho que está cruzando el enorme arco de entrada del shopping. Don Strómboli piensa,   mientras corre traumáticamente, que si al perro le pasa algo  a su hija le da un ataque.&lt;br /&gt;      Pero no hay de qué preocuparse. Ahí está el Cachafaz, alrededor de uno de los falsos bancos de plaza que rodean al centro de comidas, haciéndole fiestas a la Carla, que lo está pateando para sacárselo de encima sin dejar de hacer lo que está haciendo, sea esto lo que fuere, con ese muchachito cuyas zapatillas Nike se cruzan y descruzan alborozadas.&lt;br /&gt;- Carla.&lt;br /&gt;- Qué..&lt;br /&gt;- Dijiste que venías a mirar.&lt;br /&gt;- ¿Y?&lt;br /&gt;- Vení que quiero decirte algo.&lt;br /&gt;    La nena se levanta de mala gana. Don Strómboli le echa una mirada al muchacho que está poniendo   cara de yo no fui y después  susurra al oído de la nieta:&lt;br /&gt;- Ése no es Sebastián.&lt;br /&gt;- ¿Y?&lt;br /&gt;- Tu novio es Sebastián ¿no?&lt;br /&gt;-    Nada más estoy transando un poco, abue. El Seba no pudo venir. Me mandó un mensaje con él.&lt;br /&gt;- Y vos estás agradeciendo el servicio...&lt;br /&gt;- No entiendo qué querés decir...&lt;br /&gt;- Nada, nena, nada... ¿Hay disquería acá?&lt;br /&gt;- ¿Disqu...? Ah. Vos decís el miúsic center. Es por allá.&lt;br /&gt;- ¿Me acompañás?&lt;br /&gt;- Bueno. Pero no me hagas pasar vergüenza.&lt;br /&gt;- ¿Yo, hacerte pasar vergüenza, yo?...&lt;br /&gt;       Cinco minutos más tarde, Carla mira horrorizada   cómo su abuelo  se dirige hacia uno de los compartimentos, se encaja los auriculares y al rato comienza a menearse y a aullar como un poseso:&lt;br /&gt;- Let’s spend the night together, uuuuu, uuuuu.&lt;br /&gt;- ¿Tu abuelo conoce a los Rolin? – dice atónito el chico de las Nike&lt;br /&gt;- Tiene toda la colección, casi.&lt;br /&gt;- ¡Pero es un viejo!&lt;br /&gt;- No me hablés. Es más raro... Dice que Maic Yáguer  es más viejo que él.&lt;br /&gt;- Está drunky. – reprueba el chico, como diciendo “así adónde vamos a ir a parar”. Para vergüenza eterna de Carla, un grupo de chicos y chicas se está  juntando alrededor de su abuelo..&lt;br /&gt;- Can’t  not get satisfeishon…&lt;br /&gt;    El Cachafaz aúlla  haciendo coro, pero le sale más bien triste, pobre pichicho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Continuará)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-6109525877525704207?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/6109525877525704207/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-ii-demasiado-viejo-para-el.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/6109525877525704207'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/6109525877525704207'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-ii-demasiado-viejo-para-el.html' title='Episodio II: “Demasiado viejo para el rock, demasiado joven para morir”'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-6749110110940195315</id><published>2009-02-14T08:53:00.001-08:00</published><updated>2009-02-14T15:31:31.348-08:00</updated><title type='text'>Episodio III: “¿Existe la vida después del zapping?”</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(153, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;( en donde,  después de ubicar al lector novato en la trama de esta apasionante saga, tanto éste como el lector veterano podrán inmiscuirse descaradamente en el dormitorio principal de la residencia Pérez Strómboli, olisquear  provocativas  fragancias falsificadas y de paso enterarse de la suerte corrida por varios personajes que, ay, en el futuro no tan lejano en que se sitúa esta historia, siguen ocupando espacio de prensa)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;       En el capítulo anterior, la situación quedó así: Carla está en el shopping,  tratando de sobrevivir a la vergüenza provocada por la actitud extemporánea de su abuelo, que se ha revelado como uno de los primeros fanas de los Rolling Stones. Cachafaz hace lo que puede para seguir el ritmo. Los hijos mayores no dejan de sopapearse frente al televisor del living. Papá y el menorcito de la familia están viendo “Terminator VIII”, en donde un venerable Arnold Schwarzenegger  se vuelve humano gracias a vaya a saber qué chirimbolo hipermolecular y logra envejecer dignamente y rodeado  de sus nietos, esto es, haciendo pomada todo a su alrededor,  pero ahora en familia. Mamá acaba de terminar de lavar los platos, tarea que sobrelleva como digna matrona que es, a pesar de su adscripción a la new age y a su discurso de corte vagamente feminista.&lt;br /&gt;      Cuando entra al dormitorio, le alcanza un golpe de vista para ver que Emanuel se ha quedado dormido y que su marido, control remoto en mano, recorre a velocidad pasmosa los setenta y pico de canales del cable, al que tuvieron que resignarse después de que el precio de la televisión satelital se fue, coherentemente, por las nubes y más allá.&lt;br /&gt;- Pasámelo al nene.&lt;br /&gt;       Colgando pacíficamente de los brazos de su madre, Emanuel abre apenas los ojitos.&lt;br /&gt;- Chau Papi.&lt;br /&gt;- Hasta mañana, nanu.&lt;br /&gt;- Eztaba linda la película ¡Me encantan laz deztruczionez!&lt;br /&gt;        El padre y la madre se miran y sonríen enternecidos y también orgullosos del amplio vocabulario que  el nene ha comenzado a dominar. Después dicen que la televisión no educa.&lt;br /&gt;- ¿Qué hacés? – dice mamá cuando vuelve a la habitación. Si papá levantara la vista del televisor constataría que ella se ha puesto el camisón de seda roja, el de las Grandes Ocasiones. Ni siquiera los efluvios del falso Chanel N° 5 made in  Singapur logran que papá desvíe su atención de la pantalla.&lt;br /&gt;- Nada. Zapping. No hay nada.&lt;br /&gt;Zap.&lt;br /&gt;- “...tización de la libra esterlina preocupa al primer minis...”&lt;br /&gt;Zap&lt;br /&gt;- “scientos dieciocho muertos causó la bomb...”&lt;br /&gt;Zap.&lt;br /&gt;- “...de la modelo dijo que no se conocían las causas de su trágic...”&lt;br /&gt;Zap.&lt;br /&gt;-“c’mon, baby, don’t cry: I will kill this son of a b...”&lt;br /&gt;Zap.&lt;br /&gt;- “...aradona es abuelo! Imágenes exclusivas del puerperio de Dalm...”&lt;br /&gt;Zap.&lt;br /&gt;- Este Diego va a terminar por enterrarnos a todos. ¿Cuántas veces se salvó ya?&lt;br /&gt;- Como seis veces. Está muy gordo, pobrecito... – mamá se recuesta en la cama y sacude el largo pelo castaño con sus nuevos reflejos cobrizos y  veteados con insinuantes esfumados violetas.&lt;br /&gt;- ¿Te hiciste algo en el pelo? ¿no?&lt;br /&gt;- Ajá.- nuevas sacudidas de melena y más efluvios de  Chanel trucho.&lt;br /&gt;- Rubio me gustaba más.&lt;br /&gt;Zap.&lt;br /&gt;-“...usta cómo mi negra mueve la’lolita, la colita /la’ lolita’, la colita / la loli...”&lt;br /&gt;Zap.&lt;br /&gt;- Hace mucho que no me llevás a bailar, pichu...&lt;br /&gt;- ¿Querés bailar como la negrita esa?&lt;br /&gt;Zap.&lt;br /&gt;- “...onostican fuertes vientos y lluvias en la zona central de Méjic...”&lt;br /&gt;- A vos ya no te gusto más – hábil movimiento de mamá para desnudar su hombro derecho.&lt;br /&gt;- ¿Qué decís? Sí que me gustás. Dejame escuchar el pronóstico. – bosteza papá.&lt;br /&gt;- ¿Para qué querés saber si va a llover en Méjico?&lt;br /&gt;- Pichu, en el mundo moderno lo que vale es estar bien informado – rezonga papá con cara de entendido.&lt;br /&gt;- Pero si vos sos contador.&lt;br /&gt;Zap.&lt;br /&gt;-“...Tsedenbal hace un pase corto al N° 9, Punsalmaagiyn Ochirbat, que está solo frente al arco...”  &lt;br /&gt;- ¡Mirá, mirá! ¡Están jugando la final Mongolia – Tayikistán! Los chabones se odian a muerte...&lt;br /&gt;-¿Mongolia - qué?&lt;br /&gt;- Dejame ver. No me pierdo ni un partido del fútbol asiático. Esos todavía juegan por la camiseta.&lt;br /&gt;- Pero si en la camiseta dice “Panasonic”&lt;br /&gt;- Bueno, de algo tienen que vivir. Son chinos, no boludos.&lt;br /&gt;-¿Los mongoles son chinos?&lt;br /&gt;- Qué sé yo. En esta casa no se puede ver nada – se enfurruña papá.&lt;br /&gt;Zap&lt;br /&gt;-“...enem acaba consagrarse como nuevo presidente de los argentinos. Las elecciones se...”&lt;br /&gt;Zap.&lt;br /&gt;- Uy. Ganó el que voté yo, pichu.&lt;br /&gt;- ¿A ése votaste? Mirá si sale como el tío.&lt;br /&gt;- ¿Y que tiene de malo el tío? Bueno, tenía. La Chechu estaba divina toda de negro.&lt;br /&gt;- ¿Cómo que qué tenía de malo?  Que hizo mierda el país. Eso tenía de malo.&lt;br /&gt;- Y bueno, pichu, yo que sé de política. ¿Te gusta el perfume nuevo? No sabés lo barato que lo pagué en el shopping.&lt;br /&gt;Zap.&lt;br /&gt;- “...ueva lencería erótica de  Roxanna Lover, ideal para esa noche tan...”&lt;br /&gt;Zap.&lt;br /&gt;- Che, pichu...-mimosea mamá- y si  vemos un rato el canal, ése, el que vos sabés...&lt;br /&gt;- Puerquita.&lt;br /&gt;- Sí. Ji, ji, ji.&lt;br /&gt;- Bueno, pero espera que programo la tele para que se apague sola. ¿Una hora está bien? Con el cansancio que tengo no aguanto despierto ni quince minutos.&lt;br /&gt;- Bueno. Entonces ponele media hora.&lt;br /&gt;- Ta bien. ¿Me planchaste la camisa rosadita?&lt;br /&gt;- Claro, pichu. Para qué soy tu mujercita.&lt;br /&gt;- Sos un amor.&lt;br /&gt;- Vos también, pichulín.&lt;br /&gt;- Besito.&lt;br /&gt;- Otro.&lt;br /&gt;- Salí, que tenés los pies fríos.&lt;br /&gt;- Dejame un poquito.&lt;br /&gt;- Antes de dormirte andá a ver si los chicos se fueron a la cama. Con el televisor prendido se gasta mucha luz.&lt;br /&gt;- Bueno, dale, poné el canal.&lt;br /&gt;Zap.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Continuará)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-6749110110940195315?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/6749110110940195315/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-iii-existe-la-vida-despues-del.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/6749110110940195315'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/6749110110940195315'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-iii-existe-la-vida-despues-del.html' title='Episodio III: “¿Existe la vida después del zapping?”'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-2498770066417513932</id><published>2009-02-14T08:52:00.003-08:00</published><updated>2009-02-14T15:32:15.884-08:00</updated><title type='text'>Episodio IV: “Amanece, que no es poco”</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(153, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;(en donde, en el transcurso de una típica mañana familiar,  Carla no tiene más remedio que enfrentar a Sebastián, el abuelo Strómboli permanece neutral, el Cachafaz libra una lucha denodada pero infructuosa para que se reconozcan sus derechos al libre tránsito doméstico y comienza a sospecharse que esta familia está meada por los perros)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amanece sobre la residencia Pérez Strómboli. No creemos necesario aclarar que también está amaneciendo sobre el resto de la ciudad. En caso contrario estaríamos induciendo  al lector desprevenido     a pensar que ésta es una historia fantástica o de ciencia ficción, o, peor aún, estaríamos dejando caer la sospecha de que en esta ciudad, todavía, ocurren milagros.&lt;br /&gt;Amanece, pues, democráticamente, sobre ricos y pobres, sobre justos y pecadores, sobre hinchas  de Boca y de Ríver, sobre los de Rácing no sabemos, ya que de éstos sólo tenemos noticias en caso de campeonato ganado, cosa que no ocurre muy a menudo ni aún en cuentos como éste.&lt;br /&gt;Resumen de la situación: papá y mamá están durmiendo a pierna suelta después de una fogosa noche en donde se permitieron treinta  minutos de regodeo triple x  codificado. Los varones mayores   palmaron frente al televisor del living. La nena, Carla, ha tenido un encuentro romántico en el shopping con el mejor amigo de su novio el Seba. El abuelo Strómboli y el Cachafaz, después de haber entonado a dúo, para vergüenza y escarnio de Carla, “Satisfaction” y otros hits de los Stones en pleno Music Center, duermen como dos benditos: a cada ronquido del abuelo el Cachafaz corresponde con un simpático meneo de rabo. El menorcito, Emanuel, se acaba de levantar para hacer pis.&lt;br /&gt;Suena el despertador de papá y mamá. Suena el despertador de Carla. Suena el despertador  del abuelo Strómboli, que piensa: sonamos. El Cachafaz, de un salto, llega hasta la puerta y comienza  a rascarla   con una urgencia que no deja lugar a dudas. El abuelo le abre. El Cachafaz sale disparado en dirección al living, pasa por entre las piernas de mamá, que trastabilla   y trata inútilmente de mantener el equilibrio agarrándose   de  la  mesita con el jarrón azul. Por un momento duda entre salvar el jarrón y atender el teléfono que justo en ese momento comienza a sonar, del jarrón ya está harta, así que atiende la llamada, es el Seba que, con voz estrangulada, pide hablar con Carla, Pero Carlita está todavía en la cama, Sebastián, dice mamá, Entonces voy para allá, dice el desdichado, y cuelga. Mamá va hasta la puerta de salida con intenciones de abrirle al Cachafaz, que está dele y dele rascar con las patitas, pero en ese momento se escucha un grito: es Emanuel que acaba de pisar un fragmento del jarrón. Mamá corre a atender a Emanuel, no es nada, mamita, no es nada. Mamá, dice Carla, si llama Seba decile que  no estoy, Pero Seba viene para acá, nena. Me quiero morir, dice Carla, y se encierra en el baño. Papá se levanta. Carla, salí del baño que es tarde. Usá el de arriba, papá. Arriba está tapado el inodoro, nena, salí. Ufa. Se despiertan los dos varones que están en el  living. Lautaro se pone una de las medias de Dante, Dante se la pide de muy malas maneras, Lautaro entonces le tira las medias a la cara. Una le da en la frente y la otra pasa por encima de la cabeza del enemigo para caer justo entre las fauces del Cachafaz, quien a pesar de que se está haciendo encima no puede resistir la tentación de dedicarse a su pasatiempo favorito: agarrame si podés. Con un grito tarzanesco, Dante y Lautaro comienzan la persecución, la cual incluye   animadas circunvoluciones alrededor de la cama del abuelo Strómboli, quien se ha tapado hasta las orejas  decidido a permanecer neutral caiga quien caiga y le pese a quien le pese.&lt;br /&gt;Suena el timbre. Mamá, con Emanuel a upa, intenta embocar el chorro de leche en la lechera. El sachet, como animado de vida propia, insiste en expeler su contenido hacia cualquier otro lugar. Suena el timbre otra vez. Carla, atendé, que debe ser tu novio, yo no sé qué le pasa a este chico, venir a estas horas.&lt;br /&gt;Papá, que acaba de salir del baño recién afeitado, perfumado y acicalado, se dirige inocentemente a la puerta de calle. Carla sale aullando de su habitación: no abras, papá, no abras. En el living, Dante y Lautaro han conseguido reducir al Cachafaz, quien, privado de su entretenimiento, vuelve a sentir la presión inmisericorde de su vejiga y trata de meter el hocico por la hendija de la puerta que se está entreabriendo apenas, como resultas del forcejeo entre papá y Carla, que preferiría estar muerta antes que enfrentar a Sebastián con los pelos hechos un desastre, para no hablar de su conciencia, que tener, la tiene. Cachafaz está a punto de escurrirse por la abertura cuando siente que dos manos   lo levantan en vilo: es Emanuel, ya curado de la pupa en el pie, que se lo lleva hasta el sillón para hacerle cosquillas. Allá va el Cachafaz, panza arriba, la mirada clavada, ya sin esperanzas, en la puerta que acaba de abrirse y cerrarse con un golpe seco. Sebastián   entra y mira fijamente a Carla. Carla hace un puchero, dice: me quiero morir y huye, seguida del compungido Sebastián.&lt;br /&gt;Cachafaz logra liberarse de Emanuel y corre  hacia su última posibilidad: la puerta de la cocina. Allí comienza a dar saltos de más de medio metro, cuya única finalidad es llamar la atención de mamá. El espectáculo surte efecto. Mamá sonríe y va hacia la puerta, pobrecito Cachafaz, ya te abro. En ese momento, obedeciendo a  férreas leyes físicas, la leche llega a su punto de ebullición y se derrama como lava blanca sobre la cocina. Mamá se traga una palabrota, suelta el picaporte que había comenzado a accionar y vuelve para remediar el desastre. El Cachafaz  intuye que todo está perdido.&lt;br /&gt;- Vengan a desayunar – canturrea mamá, para quien este momento es el más importante del día, toda la familia reunida, el sol entrando a raudales por el ventanal, besos en la frente, cálidas sonrisas, el aroma del café, las...&lt;br /&gt;- ...menaza de guerra atómica! La grave crisis desatada a partir de la invasión china a...&lt;br /&gt;- ...¿dónde está la corbata amarilla?&lt;br /&gt;- ¡Sebastián!¡Volvé, por favor!&lt;br /&gt;- ¡Mamáaaa! ¡Lautaro no me quiere devolver el compás que le presté ayer!&lt;br /&gt;- ...uatro a cero. Los dirigentes del club han dejado trascender que...&lt;br /&gt;- ¿¡Dónde están las putas llaves del auto!?&lt;br /&gt;- Mami, no quiero ir al jardín...&lt;br /&gt;- ¡Seba, yo no soy propiedad de nadie! ¡Ni se te ocurra seguirme!&lt;br /&gt;Portazo&lt;br /&gt;- Querida, me llevo a Emanuel, esta noche llego tarde. Tengo reunión.&lt;br /&gt;Portazo.&lt;br /&gt;- Mamá, nos vamos...Salí, boludo, mamá, mirá a Dante...!&lt;br /&gt;Portazo.&lt;br /&gt;Silencio.&lt;br /&gt;      Mamá va hasta el living y apaga el televisor. Después, a solas en la cocina, se toma un café ya tibio. Vuelca un poco de azúcar sobre la mesa de fórmica y traza algunos jeroglíficos con el dedo.&lt;br /&gt;      En la puerta de su habitación, el abuelo Strómboli se rasca la panza. Va hasta el living y comprueba con satisfacción que ya no hay moros en la costa.  Huele el aroma del café y comienza a seguirlo hasta sus fuentes. En el camino su mirada tropieza con la del Cachafaz, que está inmóvil en el centro del living. Es una mirada fija, vidriosa, culpable, húmeda.&lt;br /&gt;- Y a vos qué te pasa, bicharraco – pregunta en voz baja un segundo antes de ver cómo el charco va ganando terreno, una mancha oscura que crece y crece sobre la alfombra beige de pelo largo, regalo de casamiento de los padrinos de la nena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Continuará&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-2498770066417513932?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/2498770066417513932/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-iv-amanece-que-no-es-poco.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/2498770066417513932'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/2498770066417513932'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-iv-amanece-que-no-es-poco.html' title='Episodio IV: “Amanece, que no es poco”'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-2518282558581490791</id><published>2009-02-14T08:52:00.001-08:00</published><updated>2009-02-14T15:33:07.013-08:00</updated><title type='text'>Episodio V: “La vida es un tango”</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(153, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;(en donde el Cachafaz se enfrenta a las consecuencias ineluctables de su desborde fisiológico, mamá protagoniza una breve escena digna de una película de John Carpenter ( incluyendo voraces insectos a punto de desencadenar una invasión)   y el abuelo Strómboli y el  Cachafaz parten   hacia  rumbos  inciertos pero prometedores)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después del caótico amanecer del que fuimos inocentes testigos en el capítulo anterior, las cosas han quedado así: la mayor parte de la familia ha partido hacia sus cotidianas obligaciones. El Cachafaz, cediendo a urgentes necesidades fisiológicas acaba de arruinar  la alfombra beige del living. El abuelo Strómboli, previendo la que se viene, ha optado por una estratégica retirada hacia su cuarto. Mamá está en la cocina, tomando un café frío y lánguido y haciendo dibujitos con el dedo índice sobre el azúcar que ha desparramado sobre la mesa. Cada tanto, un suspiro arroja unos cuantos granitos de azúcar a través de la habitación. Los dulces cristales vuelan hasta debajo de la mesada,  para beneplácito de una hormiga que justo pasaba por ahí. Animalito con sentido de la solidaridad social si los hay, allá va la hormiga a transmitir a su millón de hermanitas la ubicación exacta del inesperado tesoro. Mamá decide afrontar el día, se levanta con un último suspiro y comienza a caminar hacia el living.&lt;br /&gt;Es una lástima que los medios escritos no dispongan de los mismos recursos técnicos que el cine  y la televisión, así que pediremos a los lectores amantes del cine de aventuras que se imaginen la escena en cámara lenta: mamá caminando con paso elegante, realzado por las ondulaciones del vaporoso salto de cama blanco  (no estaría mal que la prenda se abra unos centímetros, dejando entrever apenas un blanco destello del muslo, un toque de interés para el espectador masculino, ya que mamá es una señora todavía en edad de merecer)  Primer plano del rostro cansado pero decidido de mamá, inspeccionando el desorden dejado por la desbandada. Corte a primer plano del Cachafaz, que la saluda con alegre batir de cola. La cámara ahora enfoca los ojos de mamá, que quedan detenidos en un punto fijo. Corte a la mancha de pis, todavía humeante. Corte a los ojos de mamá, que se desorbitan. Corte a primerísimo primer plano de la boca abriéndose  en un grito desgarrador, amplificado hasta la tortura por el absoluto silencio en el que transcurre la escena. Corte a primer plano del Cachafaz, que primero inmoviliza la cola y después deja caer lentamente las orejas: el efecto es como  que se escurre y se amustia como perejil mojado. Corte a primer plano de mamá. La escena vuelve a   velocidad y banda sonora normal:&lt;br /&gt;-¡Caachafaaaz! ¡¡¡¿Qué hiciste?!!! ¡Si te agarro te mato, perro de...!&lt;br /&gt;     Aquí asistimos a una típica escena de vodevil: mamá y Cachafaz corriendo alrededor del sillón. Aparece el abuelo Strómboli.&lt;br /&gt;- Hija, qué pasa – como si no lo supiera, el muy hipócrita.&lt;br /&gt;- Papá – dice mamá entre dientes – llevátelo ahora mismo.&lt;br /&gt;- Adónde querés que lo lleve.&lt;br /&gt;- No sé. Al veterinario. A la perrera. A la calesita. A cualquier lado lejos de mi vista. – Las palabras salen de la boca de mamá como alfileres de la boca de un sastre que acaba de estornudar.&lt;br /&gt;- Bueno, si me lo pedís así...&lt;br /&gt;La plaza está a unas pocas cuadras de la residencia Pérez Strómboli. Hacia allá se dirigen el abuelo y el Cachafaz. Es similar a cualquiera de las plazas de cualquiera de las ciudades de cualquier país occidental y cristiano, así que no desperdiciaremos espacio en describirla. Baste decir que hay muchos bancos disponibles, que en uno de ellos se sienta el abuelo Strómboli, no sin antes liberar al Cachafaz de la ignominiosa correa. El abuelo saca un libro del bolsillo y se dispone a leerle algunas páginas al animalito, el único miembro de la familia lo suficientemente gentil como para escucharlo de vez en cuando.&lt;br /&gt;- Fijate lo que dice acá: “La ocupación del espacio público es directamente proporcional a la salud mental de los habitantes de una ciudad”. Mirá la plaza – la mano del abuelo Strómboli   señala  los espacios casi desprovistos de presencia humana – Cuando yo era pibe esta plaza estaba llena de gente. Jugábamos a la mancha, a la escondida... las parejas venían a afilar, las madres paseaban a los bebés, los ... ¿Cacha? ¿Adónde te metiste?&lt;br /&gt;El abuelo Strómboli se levanta penosamente, la quinta vértebra lumbar opina que deberían quedarse sentados un rato más, y sale a buscar al perro. No le gusta no tener con quien conversar. El único lugar posible en donde puede estar el Cachafaz  es detrás de unos  arbustos   que ocultan la esquina norte. Y hacia allí se dirige el abuelo Strómboli. Al llegar lo primero que ve es a una hermosa mujer joven, veintiocho o treinta años, con una correa en la mano y la boca abierta. La mirada, desconcertada, fluctúa entre el horror y la diversión. Lo segundo que ve el abuelo Strómboli, es al Cachafaz, que la está pasando de primera  montado a una fox terrier de  purísima raza.  La mujer es, a todas luces, la dueña de la fox terrier y parece a punto de desmayarse.&lt;br /&gt;Por un rato los dos se quedan mirando el espectáculo, que no deja de tener aspectos edificantes. La joven, saliendo de su estupefacción, mira alternativamente al abuelo y a la feliz pareja canina.&lt;br /&gt;- Ese... perro... ¿es suyo?&lt;br /&gt;- Sí, bueno, más o menos.&lt;br /&gt;- ¿Y se va a quedar ahí sin hacer nada?&lt;br /&gt;- Bueno... no creo que el Cachafaz necesite ningún tipo de ayuda...&lt;br /&gt;La joven abre la boca, todavía no sabemos si para reírse o para mandar al viejo a freír espárragos. Pero la  sonrisa del abuelo Strómboli es todavía irresistible. Y se echa a reír. El abuelo Strómboli se ríe también, aunque se reserva un segundo para admirar la blanca dentadura de la muchacha.&lt;br /&gt;- Bueno, creo que, dadas las circunstancias, sería bueno que nos presentemos: Strómboli, Juan Carlos Strómboli, y le sale igualito que a Sean Connery: Bond, James Bond.&lt;br /&gt;- El joven aquí presente- dice señalando al Cachafaz, que por el momento no está para presentaciones ni buenos modales urbanos- responde  al nombre de  Cachafaz Pérez Strómboli... – y hace una pausa.&lt;br /&gt;La chica se prende en el juego:&lt;br /&gt;- Malena Lezcano y... Lupita – señala con gesto gentil a la fox terrier que los está mirando con cara de yo no tengo nada que ver.  &lt;br /&gt;- La señora Lupita – dice el abuelo Strómboli señalando a su vez, para subrayar el cambio de estado civil de la pichicha. La chica se ríe otra vez y  el abuelo Strómboli piensa en calandrias y en una pradera  verde  en la que resplandecen crocos, alhelíes y otras  florecillas silvestres.&lt;br /&gt;- Bueno, creo que no queda más remedio que armarse de paciencia... Si gusta sentarse... – indica el banco más próximo, bañado, ahora por el más tibio de los soles.&lt;br /&gt;- Con mucho gusto, señor... ¿Strómboli?&lt;br /&gt;- Puede decirme Juan Carlos, señorita Lezcano.&lt;br /&gt;- Entonces, por favor, llámeme Malena.&lt;br /&gt;- Malena. Le voy a ahorrar el chiste de preguntarle si canta el tango como ninguna.&lt;br /&gt;- Gracias. Ya me lo hicieron demasiadas veces. Aunque ¿sabe? No conozco ese tango...&lt;br /&gt;- Entonces permítame que se lo cante.&lt;br /&gt;- Qué loco.&lt;br /&gt;- Loco sería si no me dieran ganas de cantar después de escuchar una risa como la suya.&lt;br /&gt;          La joven no dice nada, pero el rubor que le viene subiendo por el cuello es más que elocuente. El Cachafaz y Lupita  están cola con cola, dándose la espalda, como si fueran absolutos desconocidos. En la residencia Pérez Strómboli, allá lejos, ha comenzado la invasión de las hormigas. Aquí, en la plaza desierta, sólo se escuchan los pájaros y una voz que sube entre los árboles que parecen brillar un poco más al sol de las once de la mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...a yuyo de suburbio&lt;br /&gt;su voz perfuma,&lt;br /&gt;Malena tiene pena&lt;br /&gt;de bandoneón...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(continuará)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-2518282558581490791?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/2518282558581490791/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-v-la-vida-es-un-tango.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/2518282558581490791'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/2518282558581490791'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-v-la-vida-es-un-tango.html' title='Episodio V: “La vida es un tango”'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-8702015244807624200</id><published>2009-02-14T08:50:00.000-08:00</published><updated>2009-02-14T15:33:39.318-08:00</updated><title type='text'>Episodio VI: “Y ahora... ¿quién podrá defendernos?”</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(153, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;(en donde mamá, abandonando parcialmente su adscripción al budismo, redescubre el placer de la caza menor, el abuelo canta canciones de Jacques Brel, se le da un merecido descanso al Cachafaz, que ya estaba robando bastante cámara, y mamá se entera de una serie de novedades que, tarde o temprano, pondrán a la familia al borde del caos)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En beneficio del lector recién llegado a este folletín, y también del lector veterano que de tan estresado a esta altura de la semana ya no recuerda ni su D.N.I. (tales son los deplorables efectos de esta vida posmoderna que llevamos)  resumiremos lo acontecido en el capítulo cinco: mamá está al borde de la apoplejía, tratando de borrar los rastros de la mancha de pis que dejó el Cachafaz sobre la alfombra beige, mientras un par de miles de hormigas  inician la explotación solidaria (la hormiga es uno de los pocos bichos socialistas que quedan) del azúcar derramado inadvertidamente por mamá. El Cachafaz es enviado al destierro junto al abuelo Strómboli. En la plaza el Cachafaz conoce, dicho sea esto en el sentido  bíblico estricto del término, a la fox terrier Lupita y el abuelo Strómboli entabla  una amistosa relación con su joven dueña Malena Lezcano, un bombón de ésos que te reconcilian con el mundo, al menos por un rato. De esto han pasado cuatro o cinco días.&lt;br /&gt;- ¡Mamá, mamá, en mi cama hay hormigaz que pican!¡Matalaz, matalaz a todaz!-  aúlla Emanuel.&lt;br /&gt;El grito desgarrador del menorcito de la familia hunde a mamá en un grave conflicto ético - religioso. En efecto, su reciente adscripción al budismo le impide ejercer violencia sobre ningún ser vivo, aún se trate de bichos detestables, socialistas e insignificantes como éstos. Como mamá es, indudablemente,   una mujer de ésas que no se queda inmóvil frente a los problemas, decide enfrentar éste desde el ángulo apropiado, y por eso busca y rebusca en la biblioteca algún libro que contenga instrucciones pertinentes al caso: sobre la alfombra se van apilando libros de Krishnamurti, Gandhi, Lao Tsé, Kong Fu Tsé, Sai Baba, el I Ching, los Vedas, el Ramayana, el Mahabharata, el Bhagavata-Purana, el Baghavad-gita y hasta una versión hard core del Kamasutra ilustrada con fotos en colores. Es inútil. En ningún  libro dice qué hacer con las malditas hormigas, perdón, con esas criaturitas de Dios.&lt;br /&gt;Desde la habitación del abuelo Strómboli llega una voz cascada pero melodiosa: “moi, je t’offrirai / des perles de pluie / venues de pays / oú il ne pleut pas...” Si mamá no estuviera  tan obsesionada con el problema de las hormigas podría alarmarse, y lo bien que haría: su padre cantando. Y cantando una canción de amor de Jacques Brel. Lo dicho: se vienen tiempos peores.&lt;br /&gt;- Hija, ¿no viste mi pañuelo de cuello rojo?&lt;br /&gt;- No, papá. Y no es rojo. Es borravino. Y ahora estoy ocupada.&lt;br /&gt;             El abuelo toma un libro de Sai Baba y se sienta en el sofá, mirando con curiosidad y beneplácito la febril actividad de su hija, mientras cuatro o cinco hormigas trepan laboriosamente a la mesita ratona.&lt;br /&gt;- Te quiero, hija.&lt;br /&gt;- En este tampoco dice nada de... ¿qué?&lt;br /&gt;- Que te quiero, hija...&lt;br /&gt;- Ay, papá... – mamá se abraza a las rodillas de su padre – ay, papá. Perdoname... lo que pasa es que estas hormigas me tienen loca. Y me siento una estúpida buscando en estos libros que no sirven para nada...&lt;br /&gt;- En eso te equivocás. Estos libros son muy útiles para combatir plagas de hormigas. Mirá: ¿ves esas cinco hormiguitas sobre la mesa?  Kaput. – y ahí nomás les descerraja un saibabazo.&lt;br /&gt;- Pero... pero...¡papáaaaa! – gime mamá contemplando horrorizada los cinco diminutos cadáveres.&lt;br /&gt;- Vos dales con éste – dice sin inmutarse el abuelo, alcanzándole el I Ching con prólogo de Jorge Luis Borges – Nada mejor que un buen mataburros para matar hormigas. Son más chiquitas.&lt;br /&gt;La expresión de mamá cambia de la desolación a la alegría feroz en un santiamén. Toma el I Ching con ambas manos y descarga su primer golpe sobre un grupejo de  hormigas que trajinaba sobre la alfombra.&lt;br /&gt;- ...cinc, seis, siet, och, ¡Nueve! ¡Nueve menos!&lt;br /&gt;- ¿Yo también puedo, mami? – viene corriendo Emanuel y toma un libro del montón.&lt;br /&gt;- ¡Dales vos también, Nanu!- dice mamá tan entusiasmada con la caza que no atina a ver que el libro que recoge y abre el benjamín de la familia es el Kamasutra.&lt;br /&gt;- Mami... ¿Qué eztán haziendo ezte zeñor y ezta zeñora?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Varias horas después la familia está reunida frente a la cena primorosamente servida por mamá, a quien se la ve cansada pero feliz: es que no sólo ha resuelto el problema de las hormigas, sino que el arduo ejercicio de matarlas a librazos   ha devuelto vigor a sus brazos, flexibilidad a su cintura y     arreboles a sus mejillas, perdón por el lugar común, pero viene al caso.&lt;br /&gt;Tan feliz está mamá, tanto disfruta del momento, tan liviana y alegre se siente que tarda bastante en advertir que, salvo el abuelo Strómboli, que se apareció afeitado y perfumado, Emanuel, que acaba de escabullirse  a su cuarto con el ejemplar del Kamasutra, y ella misma, los demás  no han dicho una palabra. Hasta faltan los habituales sopapos en la nuca que eternamente intercambian Dante y Lautaro. Papá ni siquiera hace zapping.&lt;br /&gt;- Che: ¿y a ustedes qué les pasa? – por contestación sólo recibe múltiples suspiros.&lt;br /&gt;- La directora quiere que te des una vuelta por la escuela para hablar... de nosotros... – murmura Dante, señalando a Lautaro, quien asiente con cara de angelito.&lt;br /&gt;- Bueno. No ha de ser para tanto – sonríe mamá - ¿Y a vos, Carla?&lt;br /&gt;- A mí, nada, qué me va a pasar – un puchero se va formando lentamente – Seba me dejó...&lt;br /&gt;- Bueno, Carlita, estas cosas pasan. Son muy jóvenes, todavía... ¿Y vos Pichu, por qué esa carucha...?&lt;br /&gt;- Pasa que me echaron del trabajo, eso pasa.&lt;br /&gt;- ¿Qué te ech...? ¿del trabaj...?- mamá acusa el golpe, pero se repone enseguida - bueno, mi amor, no te preocupes... ya saldremos adelante igual... - pero se ve a la legua que mamá ya no es tan feliz.&lt;br /&gt;         Silencio sepulcral. Otro lugar común, pero bueno, la cosa no está como para andar haciéndose el creativo.&lt;br /&gt;- ¿Quién quiere otra milanesa? – dice mamá, pobre, por decir algo. Y como nadie responde, sigue hablando sola: - Bueno, papá, me imagino que vos no tendrás alguna otra mala noticia...&lt;br /&gt;- Mala, lo que se dice, mala, no – el abuelo Strómboli  ha adquirido un repentino interés por unas migas, con las que empieza a hacer bolitas para después empujarlas con el dedo de aquí para allá.&lt;br /&gt;- ¿Y? – dice mamá, temiendo lo que ella cree que es lo peor. Un cáncer, por ejemplo.&lt;br /&gt;- Y, qué – dice el abuelo, embocando con una bolita en el vaso de mamá.&lt;br /&gt;- La noticia. Cuál es.&lt;br /&gt;- Tengo novia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Continuará ( de alguna manera)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-8702015244807624200?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/8702015244807624200/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-vi-y-ahora-quien-podra.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/8702015244807624200'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/8702015244807624200'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-vi-y-ahora-quien-podra.html' title='Episodio VI: “Y ahora... ¿quién podrá defendernos?”'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-5968986679226067723</id><published>2009-02-14T08:49:00.002-08:00</published><updated>2009-02-14T15:34:36.282-08:00</updated><title type='text'>Episodio VII: “Apocalípticos contra integrados”</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(153, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;(en donde, después de un breve repaso de la situación, se vislumbran las teorías pedagógicas del abuelo Strómboli, mamá se despide de su soñada lipoaspiración, papá está  hecho  pupa, reaparecen  viejos rencores paterno-filiales y el Cachafaz vuelve a robar cámara)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cena de la que fuimos testigos en el capítulo anterior bien podría ser la última de la familia, al menos tal como la conocemos, a juzgar por el calibre de las noticias dadas por papá (lo echaron del trabajo) y por el abuelo Strómboli (¡tiene novia, tiene novia, liru – liru!)&lt;br /&gt;Desde el punto de vista de mamá, es difícil dilucidar cuál de las dos noticias le cayó peor al hígado. “Bueno”,  piensa mientras se da una ducha fría para aclarar el pensamiento, “lo del trabajo puede arreglarse, el Pichu tiene buen currículum”. En lo otro, conociendo a su padre, no quiere ni pensar.&lt;br /&gt;Han pasado varios días desde aquella última cena. La nena volvió a salir con Sebastián, quien le perdonó aquel momentáneo desliz con su ex-mejor amigo. Dante y Lautaro han comenzado a hacer buena letra en la escuela, después de una amorosa charla con mamá y, también, hay que decirlo, de una solapada amenaza de degüello por parte del abuelo Strómboli,  quien aboga por métodos pedagógicos simples pero  efectivos, como, por ejemplo,  el Triple C: Cada Cagada un Cachetazo. Papá, bueno, el pobre papá está muy deprimido y se la pasa haciendo zapping. El lector sagaz opinará que cuando no está deprimido, papá también hace zapping. El lector será muy sagaz pero no sabe nada de hacer zapping: el “zapping depresivo” es absolutamente distinto del zapping exultante y vivaz producido por una persona a quien, por ejemplo, no le pegaron un patadón en el tujes después de dieciocho años de servicio sin faltar un solo día. Cosas de la globalización posmoderna: la empresa decidió mudar la planta a Bangkok, donde los tailandeses se vuelven chinos trabajando mucho más por mucho menos, para alegría y beneplácito de señores que visten espléndidos Armani y fuman esos espléndidos Montecristo cuyo único defecto es haber sido fabricados amorosamente a mano en la también espléndida pero insolente isla de Cuba.&lt;br /&gt;Con un escalofrío, mamá cierra la canilla y sale de la bañera. Antes de envolverse en el toallón, se dirige al espejo de luna entera que está frente a la puerta del baño, y contempla su cuerpo desnudo.  De firme y fibrosa arquitectura que resiste bastante bien el paso del tiempo, le harían falta sin embargo, según el ojo crítico de mamá, unos toques de bisturí aquí y allá, más allá que aquí, reflexiona mirando su trasero por encima del hombro. Mamá suspira: las posibilidades de hacerse una cirugía estética son inversamente proporcionales al ingreso de fondos a las arcas familiares. Ingresos que actualmente han sido reducidos a cero por  el aleteo de algún bicho en Bangkok. De aquellos aleteos, estos huracanes: o el mundo es muy pequeño o el bicho es muy grande.&lt;br /&gt;Papá está en el living, haciendo zapping, claro, como ya habrá adivinado el lector. Pero a no dejarse engañar por su aparente estado catatónico. La impasibilidad externa de papá no condice con lo que sucede en su interior. Por dentro, este hombre es un hervidero de opciones y posibles cursos de acción. Mamá lo leyó hace años en “Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus”: los hombres, esos marcianos, cuando están en problemas  se encierran en el capullo de la depresión. Esa larva lamentable que desde hace días no hace otra cosa que mirar sin ver partidos de ping  pong, carreras de cucarachas y campeonatos de jiu-jitsu, saldrá, tarde o temprano, convertido en mariposa de poderosas alas o en cualquier otra clase de bicho volador. Mamá sabe todo esto, sabe que al hombre hay que dejarlo tranquilo, sabe que hay que dejarlo hacer su proceso de crisálida, sabe que no hay que interrumpir el delicado y complejísimo runrún interior de su marido, pero igual va, se le planta directamente enfrente y le espeta:&lt;br /&gt;- ¡Pichu! ¿Cuándo te vas a decidir a hacer algo? ¿Qué querés, que nos coman los piojos?&lt;br /&gt;             Papá la mira sin ver. Se rasca la barba de tres días, clava la vista en la pantalla y dice:&lt;br /&gt;- Dejame en paz.&lt;br /&gt;             El profundo y edificante diálogo es interrumpido por el Cachafaz, que viene seguido de Don Strómboli. El Cachafaz tiene la lengua afuera, el abuelo Strómboli también.&lt;br /&gt;- Epa, che, que caras largas... No  saben lo lindo que está el día. Con el Cachafaz nos fuimos hasta...&lt;br /&gt;- Papá: callate por favor.&lt;br /&gt;- ¿Qué pasa? ¿Es por el asunto ése del trabajo de...?&lt;br /&gt;- Sí. Es por el asunto ése – mamá lo mira furiosa.&lt;br /&gt;- Pero hija, no te hagás tantos problemas. Yo tengo una buena jubilación, para comer no nos va a faltar...&lt;br /&gt;- ¿Ah sí? ¿Y con tu jubilación vamos a pagar la cuota del auto, la escuela de los chicos, el viaje a... Galicia? – mamá subraya la palabra “Galicia” y mira acusadoramente a papá, quien pone una inmejorable cara de gallego.&lt;br /&gt;- Bueno, claro, pagar todo eso, no. Pero pueden vender el auto, con eso pagan lo que queda del viaje. Los chicos a la escuela pública...&lt;br /&gt;- ¿ la escuel... públ...? ¡Ah, no! ¡Eso sí que no!¡Yo no voy a rifar el futuro de mis hijos, ni loca!&lt;br /&gt;- ¿Qué tiene de malo la escuela pública? Yo estudié ahí, y mirame... – el abuelo se señala a sí mismo.&lt;br /&gt;- Eso. Te miro. ¿Y que veo?&lt;br /&gt;- Un tipo digno, con ideales. Que nunca se vendió, eso ves.&lt;br /&gt;- Ideales... ideales... ¿para qué sirven los ideales a la hora de pagar las cuentas, eh?&lt;br /&gt;- ¡Los ideales sirven para no venderse por chucherías ni vidrios de colores!&lt;br /&gt;- ¡Viejo comunista! – acusa mamá con  un insulto típico del siglo XXI.&lt;br /&gt;- ¡Tilinga burguesa! – replica el abuelo Strómboli desde el siglo pasado. Más exactamente: desde mayo del 68.&lt;br /&gt;                 &lt;br /&gt;              Corte a primer plano a la cara, de alguna manera hay que llamarla, del Cachafaz, que ha estado mirando alternativamente a padre e hija, siempre con la lengua afuera. El Cachafaz se hace cargo de la situación,  mete la lengua, cierra el hociquito y escurre las orejas, que es la forma que tienen los perros de ponerse serios; después mira directamente a cámara y   levanta varias veces las cejas , como diciendo: ahora viene lo peor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Continuará&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-5968986679226067723?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/5968986679226067723/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-vii-apocalipticos-contra.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/5968986679226067723'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/5968986679226067723'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-vii-apocalipticos-contra.html' title='Episodio VII: “Apocalípticos contra integrados”'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-350111629707198098</id><published>2009-02-14T08:49:00.001-08:00</published><updated>2009-02-14T15:35:04.308-08:00</updated><title type='text'>Episodio VIII: “Agarrensén que viene una curva cerrada”</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(153, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;(en donde no sucede prácticamente nada, debido a que papá continúa inmerso en una depresión catatónica, pero también a causa de una aguda aunque momentánea carencia de ideas de parte del narrador, quien disimula recurriendo a técnicas propias de los medios audiovisuales y, a fuerza de escribir pavadas, termina inventando la diarionovela interactiva y, de paso, mete un chivo)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunas escenas del capítulo anterior:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Pero antes debemos pedir al   lector su amable colaboración: como el medio escrito carece de los artilugios técnicos del cine y la televisión, le rogamos que, mientras lea esto se imagine, o, mejor, silbe,  algún tema  que pueda servir de banda sonora a esta recapitulación. Por ejemplo, la música de Ennio Morricone para “Un dólar marcado” o algún otro western – spaghetti)&lt;br /&gt;Ahora sí, las escenas prometidas: Mamá y el abuelo Strómboli, su padre, (padre de mamá, no suyo, amigo o amiga lector/a) están confrontando cara a cara. Plano medio americano (más o menos hasta las rodillas de los personajes)  Corte a picado cenital, es decir, desde arriba. Corte a contrapicado, es decir, sí, adivinó, desde abajo (ésta es una toma astuta, hecha desde el punto de vista del Cachafaz: simboliza una mirada inocente, pura y natural sobre  la insignificancia de los asuntos humanos) Corte a primerísimo primer plano de la cara de mamá, que dice:&lt;br /&gt;- ¡Viejo comunista! – corte a los ojos del abuelo. Corte a los ojos de mamá. Corte a los ojos del abuelo. Corte a la cara sulfurosa de mamá, que aprovecha que la cámara la está enfocando para sacar la lengua. Corte a la cara del abuelo que replica con bastante desprecio:&lt;br /&gt;- ¡Tilinga burguesa! - dejando definitivamente establecido el conflicto central de esta diarionovela, o, al menos, el de unos cuántos capítulos más, hasta que se nos ocurra otro tema.&lt;br /&gt;             Bien, fin de la recapitulación. Rogamos al lector que deje de silbar la banda sonora. Gracias.&lt;br /&gt;A todo esto, papá, sin que nadie lo note, ni siquiera el Cachafaz, deja de hacer zapping, se levanta lentamente del sillón y camina hacia la ventana. Desde allí contempla el paisaje circundante. Aquí se pone de manifiesto la superioridad del medio escrito sobre los audiovisuales. En efecto, el lector puede   imaginar, a su gusto y placer,  el paisaje que rodea la casa de los Pérez Strómboli. Si el lector quiere ver una gran ciudad, tipo Buenos Aires o Córdoba, puede. Si prefiere una ciudad marítima, como, verbigracia, Mar del Plata o Puerto Madryn, también puede. Por ejemplo, si el imaginativo lector opta por esta última, tal vez   pueda ver el mar, las gaviotas, la rambla (los Pérez Strómboli, si fueran madrynenses, vivirían definitivamente en el Barrio Sur, al menos por ahora) y también  a un señor alto de barba hablando con la estatua de Sancho Panza (no se alarme el lector: el señor alto y de barba es Carlos Nacher, a quien últimamente se le ha dado por cosas raras como ésas)&lt;br /&gt;Corte a tanda publicitaria. Rogamos al lector que tenga la amabilidad de silbar algún tema romántico pero dramático. Voz del locutor: “Una historia de amores cruzados, de pasión salvaje, de principios firmes como una roca: “Corazones de piedra” con las actuaciones de: El Indio, la Galesa, Don Quijote, Sancho Panza y, en el rol del perro de Sancho Panza, la participación  estelar de Cachafaz Pérez Strómboli. No se pierda esta apasionante lucha de codos de bronce contra caras de piedra,  todos los martes, en esta misma contratapa y por este mismo diario local”. Fin de la tanda. Por favor, deje de silbar, amigo lector, y gracias nuevamente, por este capítulo no necesitaremos más de sus servicios.&lt;br /&gt;Bien. Papá esta mirando por la ventana, ajeno al punzante intercambio de frases entre su esposa y su suegro N° 2, hombre difícil si los hay, a diferencia de su suegro N°1, con quien solía hablar de fútbol y carreras durante el vermucito del domingo. Gran tipo el suegro N°1, lástima su hija, la señora N°1, realmente imbancable, no como la actual, o sea  la señora N°2, con quien papá pretende vivir hasta que se  tenga que  mudar a la Quinta del Ñato. Papá piensa lo bueno que sería que las familias políticas vinieran en kits para armar según las necesidades del consumidor. Señora N° 2 y suegro N°1: esa sería la combinación ideal. Por supuesto, estos kits excluirían absolutamente la provisión de suegras. Bueno, podría venir una versión especial para masoquistas. Con dos suegras. La mera perspectiva le provoca un escalofrío, pobre papá.&lt;br /&gt;Papá piensa en su vida. No entiende por qué le pasan las cosas que le pasan. Si siempre hizo todo bien. De chiquito hasta fue boy scout. Nunca se quejó por nada. Nunca se metió en nada. Si al final con gobiernos militares o democráticos uno tiene que trabajar igual. Papá es políticamente correcto, y por eso no piensa que con los militares se estaría  mejor. Bueno, a veces lo piensa, pero no se lo dice a nadie, menos con el suegro N° 2 cerca. El lector tendría bastante razón si pensara que papá es medio flan. Bastante flan.&lt;br /&gt;            Pero qué. Al fin y al cabo siempre hizo lo que se esperaba de él: trabajó y estudió desde los quince años. Tardó como siete en recibirse de contador. Sobrevivió con cuatro trabajos hasta que la Empresa le dio la Gran Oportunidad de su Vida, de esto hace ya dieciocho años. Dieciocho años de fidelidad y de levantarse  a las seis de la mañana. Dieciocho años de fidelidad y entrega totales. Dieciocho años de fidelidad y sí-señores a repetición. Dieciocho años de fidelidad y de aguantar el malhumor y el excelente mal aliento del Gerente de Compras. Dieciocho años desafilando los serruchos de los que venían escalando más abajo. Dieciocho años y ahora esto. La mano de papá se cierra bruscamente haciendo crujir el control remoto que desde hace varios días se ha convertido casi en un apéndice natural de su cuerpo.&lt;br /&gt;- ¡Pichu, mirá lo que me dice mi papá! ¡Que soy una tilinga no se qué!&lt;br /&gt;- Una tilinga burguesa. Eso te dijo tu papá – masculló papá, con una voz sorda, varonil, tipo Bruce Willys en “Duro de matar”. Una voz que no le conocíamos hasta ahora.&lt;br /&gt;- ¿Y eso que quiere decir?&lt;br /&gt;- Ser un tilingo burgués es ser... alguien como... como  yo. Pero eso se acabó – vuela el control remoto.&lt;br /&gt;- Pichu: ¿te sentís bien?&lt;br /&gt;- Mejor que nunca. Esta noche no me esperes para cenar. Ni para dormir- Bruce Willys, un poroto.&lt;br /&gt;- ¿Por, Pichu?&lt;br /&gt;- Voy a tomar la Empresa- dice Papá - Willys como poniéndose una vincha onda Rambo.&lt;br /&gt;                Corte a primer plano de los ojos de mamá, que se agrandan hasta parecer un par de huevos fritos, pero de ñandú. A despecho de la lógica ansiedad y curiosidad del lector por ver como continúa este dramático giro de ciento treinta y dos grados a la izquierda que  con algún derrape y con peligro de vuelco acaba de efectuar papá, la pantalla funde a negro y aparece un cartel de un blanco implacable que dice:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Continuará&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-350111629707198098?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/350111629707198098/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-viii-agarrensen-que-viene-una.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/350111629707198098'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/350111629707198098'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-viii-agarrensen-que-viene-una.html' title='Episodio VIII: “Agarrensén que viene una curva cerrada”'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-4817059006496097882</id><published>2009-02-14T08:47:00.000-08:00</published><updated>2009-02-14T15:35:32.630-08:00</updated><title type='text'>Episodio IX Edición especial: “La increíble y triste historia del Cachafaz Pérez Strómboli y su abuelo desalmado”</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(153, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;(en donde a pedido de algunos  lectores, intrigados por saber de donde sacaron los Pérez Strómboli  a su estrambótico perro, rara mezcla de muppet  y  Mendieta, publicamos un capítulo especial que cuenta la descarnada verdad de sus orígenes)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchos lectores, y algunos zoólogos, han manifestado interés por conocer la procedencia del Cachafaz. Estos últimos opinan que algún gen mutante debe tener, porque si no este bicho no tiene explicación. Por otra parte, los lectores inclinados al sentimentalismo y a ver el mundo color de rosa, gustan de imaginar que el Cachafaz llegó a la vida de los Pérez Strómboli hecho una tibia, pequeñísima bolita peluda, un primoroso bebé-perrito. Nada de eso. Lamentamos tener que desilusionar a estos lectores, pero en la realidad las cosas sucedieron de otra manera. El Cachafaz llegó a la casa de esta buena gente hará cosa de más o menos un año, siendo ya todo un señor perro. En realidad   más que un perro, era  una comunidad hippie tipo las del Bolsón. Con el pichicho venía incluida   toda una próspera colonia    de pulgas, garrapatas y otros bichos cuyos nombres  no nos atrevemos  a poner por escrito. Imagínense el aspecto, entonces.&lt;br /&gt;La cosa empezó aquel día   que... ¿cómo? ... ¿Que qué pasó con papá y su decisión de tomar la Empresa?  Nada. Qué va a pasar. Que mamá lo agarró en el garage, adonde papá había ido a pintar una bandera que decía “Yanquis: get back”  (la empresa donde trabajaba papá es norteamericana) y, como amorosa esposa que es lo disuadió, por su propio bien, de la determinación que había tomado. Usó todos los argumentos que tenía a mano para convencerlo: razonó, acarició, lloró, advirtió, amenazó y cumplió su amenaza dándole unos cuantos tubazos en la cabeza con el aerosol rojo que papá estaba usando. Nada más. Papá volvió al zapping, mamá a  pelear con el abuelo Strómboli y nosotros tuvimos que inventar este capítulo especial. ¿Tá?&lt;br /&gt;Como decíamos, la cosa empezó aquel día que Emanuel vino a casa con la novedad de que en el jardín habían organizado, para la semana siguiente, una Exposición de Mascotas. Hasta aquí todo muy bien, salvo que, en la residencia Pérez Strómboli lo más parecido que había por entonces a una mascota era el abuelo Strómboli, un bicho difícil de convencer para que se preste a esos menesteres. Mamá es alérgica a los gatos y  papá no quería tener perros que le llenen de pelos el sillón de hacer zapping, así que la cosa estaba peliaguda. En un rapto que creyó ingenioso, papá se apareció al otro día con una tortuga.&lt;br /&gt;Manuel la miró largo rato con sus ojitos curiosos y después exclamó, entre el sollozo y la indignación: “¡No quiero tu azqueroza tortuga! ¡Quiero un perro, y uno que camine y ladre, no un bebé!” Al otro día papá se apareció con un conejito de indias.  Emanuel quiso ahogarlo en el inodoro. Mientras le pasaban el secador de pelo al bicho para devolverlo en buenas condiciones a la veterinaria, el abuelo vio su oportunidad de vengarse de mamá, que no lo dejaba fumar habanos en el living y dijo: “El nene quiere un perro. Y no un cachorro, sino uno adulto. Yo sé donde conseguir uno ahora mismo” Resignados, papá y mamá le dieron el okey.&lt;br /&gt;Y allá fue Don Strómboli, rumbo la Sociedad Protectora de Animales, donde conocía a una señorita a quien había tratado  de seducir,  inútilmente, diciéndole que los viernes de luna llena se convertía en lobizón, pero uno vegetariano, como  ella.&lt;br /&gt;Cuando llegó, el batifondo era infernal. Más de doscientos pichichos esperando un dueño que los sacara de esa vida inhumana, o in-perruna, si se me permite la expresión. Un olor de perros. Todos bien cuidados y alimentados, eso sí, pero más solos que un perro. Su amiga, que en el fondo lo apreciaba, quiso darle a elegir entre los mejores ejemplares: trajo un cuasi ovejero alemán, un collie trucho, otro con cara de irlandés, bastante parecido a un labrador. “No, no” - decía el abuelo- “Quiero algo  especial... algo como... como... ¡eso!” . Eso era el Cachafaz, que, claro, todavía no se llamaba así, sino que le habían dado el nombre provisorio de “Mushqui”, porque parecía una “mushquita muerta”. El estado de este pichicho era lamentable. Había llegado hacía poco vaya a saber de dónde, y todavía no habían podido sacarle ni la décima parte de los bichos y las pestes que traía encima. “Estás seguro? - le preguntó incrédula su amiga – “Como que me llamo Strómboli” – respondió el abuelo con una sonrisa mefistofélica.&lt;br /&gt;Y así fue como Cachafaz ingresó a una vida, no sabemos si mejor, pero sí diferente. Ahora está gordito, su pelaje, o parte de él,  brilla sobre el sofá de papá y además tiene una reserva de energía que hace que el abuelo Strómboli, designado desde el vamos como su paseador oficial, se lamente amargamente más de una vez por haber abierto la boca. Emanuel tuvo al fin su mascota, a quien exhibió orgullosamente entre   sanbernardos, rottwilers, chihuahuas y demás pichichos de alcurnia. Eso sí: tardaron como dos días en convencerlo  de que esa cosa que había traído el abuelo era un perro y no   una zarigüeya o un marsupial  australiano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Continuará&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-4817059006496097882?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/4817059006496097882/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-ix-edicion-especial-la.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/4817059006496097882'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/4817059006496097882'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-ix-edicion-especial-la.html' title='Episodio IX Edición especial: “La increíble y triste historia del Cachafaz Pérez Strómboli y su abuelo desalmado”'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-1224516811542009528</id><published>2009-02-14T08:46:00.001-08:00</published><updated>2009-02-14T15:36:19.765-08:00</updated><title type='text'>Episodio  X: “Terminator Vs. Alien”</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(153, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;(en donde, después de contestar con una sinceridad poco habitual en estos casos el correo de lectores, el autor decide retomar la historia, Mamá no termina de decidir con qué peinado enfrentará a su nueva madrastra, a Papá se le cae el sacacorchos y el Cachafaz  brinda una ruidosa aprobación a la mayonesa casera de Mamá  )&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Haciendo gala de una sinceridad poco habitual en este tipo de emprendimientos, el autor  debe confesar que ha recibido quejas de parte de algunos lectores, quienes esperaban de papá  una actitud más aguerrida, o siquiera  menos sumisa,  con respecto a su anunciada lucha contra la multinacional yanqui que tras dieciocho años de servicio intachable  lo despidió sin causa. Bueno, lo que se dice sin causa, sin causa, no: la sustitución de papá por algún contador tailandés que trabaje el doble por percibir  la tercera parte de su sueldo no es moco de pavo: le permitirá a la multinacional ahorrar unos cuantos morlacos por mes. Y papá es uno entre doscientos. Apenas doscientos mártires sacrificados a la santa causa de la economía de mercado: paparruchas.&lt;br /&gt;Bien, no eludamos nuestra responsabilidad autoral: estábamos hablando de las quejas de lo lectores. Hemos recibido también una furibunda protesta de parte de la ØRGÅFËST (Organización Feminista de Estocolmo) Cuando logramos traducirla del sueco, vimos que decía algo así como: “...la actitud  típicamente machista del autor es lamentable: adjudica a Mamá un rol reaccionario, al hacerla aparecer como quien impide a Papá luchar por lo que es justo. La escena de los tubazos de aerosol con que Mamá reprime a Papá sólo pudo ser concebida por una mentalidad  cavernícola...”&lt;br /&gt;(Qué puedo decir, mis estimadas señoritas suecas, salvo que soy un autor con mentalidad cavernícola que escribe sobre una familia con mentalidad cavernícola.  Al lado de Mamá, Vilma Picapiedra es Susan Sontag)&lt;br /&gt;Pero volvamos a la historia: después del emotivo intermezzo que significó contar la verdadera historia del Cachafaz, un artilugio utilizado por el autor para eludir contar la triste situación que transita la familia Pérez Strómboli, no queda otra que apechugar y darle para adelante.&lt;br /&gt;Las tribulaciones de mamá están lejos de llegar a su término. No sólo se ha convertido en la esposa de un flamante desocupado, sino que está a punto de estrenar madrastra, ya que el abuelo Strómboli parece decidido a sentar cabeza de una buena vez por todas y ha anunciado su noviazgo oficial con una tal Malena Lezcano.&lt;br /&gt;Mamá está frente al espejo. No termina de decidir su peinado. Quiere causarle una buena impresión a la tal Malena. Una impresión, digamos, de unas cincuenta toneladas aplicadas en sentido vertical descendente. Quiere aplastarla como a una cucaracha. Vieja de mierda que viene a robarle a su papá.&lt;br /&gt;Faltan apenas minutos para que el abuelo Strómboli llegue con la chirusa esa. Mamá levanta sus cabellos, los deja caer, hace y deshace primorosas trencitas, se hace rodete, lo atraviesa con palitos chinos, se saca con furia los palitos chinos y los clava en el puf de terciopelo, enrosca un mechón en el dedo índice para formar un lánguido bucle sobre la mejilla izquierda y termina por partir su melena en dos, con raya al medio, como siempre. Justo a tiempo, porque desde la cocina comienza a llegar un inquietante olor a pollo calcinado. Mamá baja como una tromba y se zambulle frente a la puerta del horno. La abre y logra sacar a tiempo el pollo relleno. Un poco doradito tal vez, pero nada grave.&lt;br /&gt;Papá está preparando la mesa. Sus tristes ojos se desvían a cada rato hacia la pantalla apagada del televisor: mamá le ha prohibido, por esta noche, las delicias el zapping. Papá está sufriendo de síndrome de abstinencia electrónica.&lt;br /&gt;Emanuel y el Cachafaz juegan en el living. Dante y Lautaro también sufren por la abstinencia de sopapos impuesta por Mamá. Se aburren frente a la biblioteca, ese armatoste repleto de misteriosos adminículos llamados “libros” que tanto parecen gustarle al abuelo y a mamá. Carla y Sebastián están en alguna parte jugando a algún juego muy silencioso y muy entretenido.&lt;br /&gt;Suena el timbre. Emanuel corre a abrir la puerta.&lt;br /&gt;Con el corazón en la boca y en la mano una manga repleta de mayonesa que olvida dejar en la cocina, mamá se asoma al living, enfrentando la puerta de entrada. La puerta se abre lentamente. Una eternidad tarda la maldita puerta en abrirse. Mamá ve primero la mano del abuelo Strómboli sobre el picaporte. Ve que el abuelo, galantemente, le cede el paso a una señora muy bien puesta de sesenta y pico largos. De un vistazo mamá comprende que la tal Malena es una encantadora e inofensiva abuelita y corre, exultante, a sus brazos:&lt;br /&gt;- ¡Malena! ¡Papá me habló tanto de vos! ¡Muac, muac! – los besos aéreos suenan como latigazos en el repentino silencio que se hace todo alrededor.&lt;br /&gt;- Nena, ejem, ¡nena! – la voz del abuelo suena ahogada e incómoda - La señora es la mamá de Malena... Malena es... te presento a Malena...&lt;br /&gt;      Como herida del rayo, mamá deja de besuquear a la anciana y gira lentamente la cabeza, temiendo lo peor. Y como esta familia se rige absolutamente por las leyes de Murphy, lo peor ocurre.&lt;br /&gt;      Las miradas de todos convergen hacia la aparición que acaba de manifestarse en la puerta de entrada.&lt;br /&gt;A Papá se le cae el sacacorchos. Los ojos le brillan por primera vez en semanas. A pesar de su aturdimiento, a mamá no se le escapa el detalle: la venganza será terrible.&lt;br /&gt;Breve descripción de Malena Lezcano: treinta y tres años, melenita negra de corte  carré, piel aceitunada, enormes ojos ambarinos, ni alta ni baja, ni gorda ni flaca: proporciones áureas por donde se la mire y   movimientos modestos y delicados.  Bajo la ropa sencilla, casi austera, se adivinan curvas y sinuosidades y turgencias que hacen que los organismos de Dante y Lautaro, que acaban de asomarse al living, redoblen su ya de por sí hiperactiva producción hormonal.&lt;br /&gt;- ¡Ah! – dice lastimeramente Mamá – Qué... sorpresa... ¡Je! – Mamá comienza a forzar una dolorosa sonrisa, desmentida absolutamente por su mano derecha, que se cierra cual garra de King Kong sobre la manga decoradora, que no tiene la culpa de nada, pobre, y que termina exhalando un potente chorro de mayonesa que se amontona en un gracioso rulito sobre la alfombra beige del living.&lt;br /&gt;        En el ominoso silencio que sigue a continuación, sólo se escuchan los lengüetazos angurrientos del Cachafaz, que indican sin lugar a dudas que a Mamá la mayonesa casera le sale muy, pero muy buena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Continuará&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-1224516811542009528?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/1224516811542009528/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-x-terminator-vs-alien.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/1224516811542009528'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/1224516811542009528'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-x-terminator-vs-alien.html' title='Episodio  X: “Terminator Vs. Alien”'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-7892830591136882218</id><published>2009-02-14T08:45:00.003-08:00</published><updated>2009-02-17T08:31:33.409-08:00</updated><title type='text'>Episodio  XI: “La vie en rose”</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(204, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(en donde el narrador se permite rezongar un poco contra las injusticias de la lengua castellana, Malena Lezcano demuestra que es un minón imbatible, mamá se mama porque nadie la mima  y el Cachafaz demuestra sus conocimientos empíricos acerca del efecto Doppler)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Haga el lector (o la lectora, que estos son tiempos políticamente correctos y es necesario eludir de alguna manera estas injusticias en cuestión de género a que nos obliga la lengua castellana)  haga la prueba de ver la vida a través de una copa de buen vino. Especialmente en esos días en que todo parece carecer de sentido. Esos días en que uno, o una, siente “baja, en pulgadas, la genial pesadumbre”, según supo decirnos el poeta y profeta César Vallejo ( y dale con el idioma y sus injusticias: “vallejo” significa “valle pequeño”, una simple cañada de morondanga. Muy inadecuado para uno de los más profundos poetas de la lengua castellana)&lt;br /&gt;Haga la prueba de mirar la vida a través del líquido aterciopelado y acariciante y después me cuenta.&lt;br /&gt;Justamente eso es lo que está tratando de hacer Mamá, aunque después de la quinta copa de cabernet ya no está ni para contar ovejitas. Mira a través de la copa a su flamante madrastra. La voz de Edith Piaf gorjea “La vida en rosa”, pero mamá está viendo todo color rojo sangre.  La maldita Malena Lezcano es perfecta. Doblemente perfecta si tenemos en cuenta que es varios años más joven que Mamá. Mamá gira el periscopio vitreovinícola y verifica la dirección de la mirada de todos los varones de la familia. El abuelo Strómboli mira a Malena. Dante mira a Malena. Lautaro mira a Malena. Bizquea un tanto. El Cachafaz mira un poco a Malena y otro poco a las sobras del pollo relleno. Y, lo que es absolutamente gravísimo, Papá también mira a Malena. Mamá siente ganas de gritar.&lt;br /&gt;Recapitulemos un poco, en atención a ese lector, o lectora, un poco caído/a del catre que recién ahora ha comenzado a entretenerse con esta intrascendente diarionovela posmoderna: asistimos a una cena de lujo en la residencia Pérez Strómboli. La ocasión lo amerita: el abuelo Strómboli está presentando a la familia a su novia Malena Lezcano, un bomboncito irreprochable que ha venido acompañada de su señora madre, una señora que, a pesar de estar finalizando su séptima década, todavía es capaz de atraer varoniles miradas. Ni  hablar de la hija.&lt;br /&gt;La muy recontramaldita  (el narrador está adoptando decididamente el punto de  vista de mamá: alguien le tiene que dar  bola, pobre mujer)  los tiene a todos embobados contando sus experiencias como alfabetizadora entre los indios tobas.  Mamá, sin dejarse enternecer,  trata de encontrarle el flanco débil  con preguntas incisivas y arteras que  omitiremos piadosamente, dando sólo lugar a las respuestas de Malena: “no, eso fue antes de recibirme de antropóloga... me lo banqué traduciendo del francés a Levy-Strauss”... “Sí, francés, inglés, italiano y un poco de alemán”... “No, japonés, no, todavía”... “Sí, me gusta cocinar. Comida griega, sobre todo”... “No, bandoneón no toco. Violoncello  sí: algo de Bach y de Vivaldi. Vos estás muy pálida: ¿te sentís mal?”&lt;br /&gt;Mamá no se siente mal: se siente morir. Como en  un déjà vu, bastante berreta  por cierto, mamá sabe que ahora papá va a decir:&lt;br /&gt;- ¿Violoncello? ¿Tocás el violoncello? ¡Acá tenemos uno, mirá qué casualidad! Se lo compré el año pasado a la Pichu, que quería aprender, pero al final no empezó nunca... ¿no’cierto, Pichu?&lt;br /&gt;La Pichu asiente con una sonrisa, pero la sonrisa se debe a que se imagina degollando  a su consorte con el arco del violoncello. Por un momento imagina las tensas crines de caballo chorreando sangre tipo A factor RH negativo y es sumamente feliz. Pero como dice Serrat: la verdad ni es triste ni tiene remedio: allá va Lautaro a buscar el violoncello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El décimo movimiento de “Las cuatro estaciones” de Vivaldi está sonando majestuoso, vibrante y triste entre las paredes de la sala de la residencia Pérez Strómboli. El Cachafaz aprovecha que todos se han trasladado al living para zamparse las sobras del pollo relleno. Después se dirige con paso sereno  y el corazón y otras vísceras   rebosantes de amor a la vida a averiguar que es ese batifondo interesante que están haciendo los humanos. A este bicho es evidente que lo único que le falta es hablar, porque como cantar, canta. El pichicho se acomoda a los pies de Malena y comienza a emitir un largo aullido en la bemol, que desciende bruscamente a más o menos un fa sostenido después del pisotón en el rabo que le propina Mamá, logrando que el Cachafaz ejecute una convincente representación del efecto Doppler. El mismo fenómeno que sirvió para comprobar que las locomotoras pasan de acá para allá y que el universo está en constante expansión. Exactamente igual al  papelón que está haciendo Mamá.&lt;br /&gt;El concierto se interrumpe bruscamente. Todas las miradas van hacia Mamá. La de la madre de Malena es especialmente helada, lo cual recuerda a Mamá, en mala hora, que la anciana dama digna  es presidenta honoraria de la Sociedad Protectora de Animales.&lt;br /&gt;Mamá mira sucesivamente a cada uno de los presentes, cierra los ojos, hace un puchero encantador y después huye emitiendo un gemido   que recorre vistosamente toda la escala cromática. Gran consternación de  la concurrencia. La única  que atina a reaccionar es Malena, quien, dejando delicadamente el violoncello sobre el sofá, corre tras la pobre desgraciadita.&lt;br /&gt;Mamá está hipando sobre el edredón blanco de su cama. Malena se acerca y le acaricia el pelo. Mamá se incorpora bruscamente y la mira con ojos desencajados y arrasados en lágrimas (Acá sería conveniente que el lector/a tararee alguna melodía triste, tipo “Adonde vas con este sol”, el tema de Juan Moreira, gracias, muchas gracias), como decíamos, Mamá mira a Malena y balbucea entre dientes:&lt;br /&gt;- Yo...yo...te... yo te... ¡te quiero mucho, buaaaaahhhh!&lt;br /&gt;Malena abraza a Mamá mientras mira desconcertada al abuelo Strómboli, que acaba de aparecer en el hueco de la puerta. Por detrás de la espalda de Mamá, los dedos de la mano derecha de Malena se juntan formando un pequeño cono y se agitan repetidas veces en sentido  vertical. En respuesta, el dedo índice de la mano derecha del abuelo Strómboli se dirige a la altura de la sien, también derecha, y efectúa una serie de rápidos giros.&lt;br /&gt;Puede dejar de tararear, amigo/a lector/a. Mamá ya está durmiendo la mona. Y no sueña con angelitos, precisamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Continuará&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-7892830591136882218?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/7892830591136882218/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-xi-la-vie-en-rose.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/7892830591136882218'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/7892830591136882218'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-xi-la-vie-en-rose.html' title='Episodio  XI: “La vie en rose”'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-6736078454698039038</id><published>2009-02-14T08:45:00.001-08:00</published><updated>2009-02-17T08:27:13.723-08:00</updated><title type='text'>Episodio  XII: “Pico Truncado’s blues”</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(204, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(en donde asistimos estupefactos a una inaudita intromisión escénica del narrador, la familia se reúne (a duras penas)  para tratar su delicada situación,  pero es interrumpida nuevamente por el insólito narrador en una maniobra autorreferencial , egocéntrica y light típica de la posmodernidad más recalcitrante)  &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aprovechando que los protagonistas aún están en los camarines, el narrador de este intrascendente folletín posmoderno, con un innegable sentido de la oportunidad escénica, sale furtivamente  al proscenio, saluda al público lector con una profunda reverencia y dice:   que agradece muchísimo a taxistas, quiosqueros, agentes inmobiliarios, docentes, libreros, científicos,  chefs, fabricantes de (exquisitos) churros artesanales y demás honestos gremios  el apoyo y los elogios brindados tan generosamente a su tarea, pero que por favor dejen de llamarlo “Strómboli”, que le están causando una crisis de identidad y que con vivir en este país ya tiene bastante. Aplausos. Viendo con agrado que su breve disertación ha merecido la cálida simpatía del público, el narrador se anima a despachar unos versos del Martín Fierro. Más aplausos. El narrador, decididamente en su salsa, ensaya unos pasos de zapateo americano mientras silba “Tico tico no fubá” al mejor estilo de Pepe Iglesias, “El Zorro” . Un decidido tomatazo impide que el narrador arremeta con el monólogo de Hamlet. Qué gran artista se ha perdido el mundo. Por suerte. Camine a cucha y póngase a escribir de una vez. Habráse visto, Di Benedetto, hombre grande. El narrador, con cierta patética dignidad, hay que decirlo, hace mutis por el foro, se encamina a su sucucho, se sienta frente al teclado, aprieta “enter” y así da comienzo al capítulo de hoy, que dice:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Consejo de guerra en la residencia Pérez Strómboli. La reunión es presidida por Mamá, quien parece haber superado la crisis producida por su irresuelto complejo de Electra y de esa manera ha terminado por (casi) aceptar a Malena Lezcano, la novia de su papá, como integrante de la familia.&lt;br /&gt;Alrededor de la mesa de algarrobo, siguiendo el sentido de las agujas del reloj, si es que las agujas del reloj tienen algún sentido , se encuentran además de Mamá: Papá, que juguetea con el control remoto, el abuelo Strómboli y  Malena, tomaditos de la mano, Carlita y su novio Sebastián con las cabecitas juntas y Dante y Lautaro pateándose bajo la mesa. El benjamín Emanuel   y el perro Cachafaz parecen ser los más juiciosos y se limitan a mirar y a esperar.&lt;br /&gt;- Bueno – dice Mamá, las palmas apoyadas sobre la mesa – los reuní a todos porque es necesario  que hablemos de la situación que tenemos aquí- ambas palmas dan un seco golpecito sobre la mesa.&lt;br /&gt;- ¿Dónde eztá la zituazión, mami? – pregunta Emanuel mientras busca con los ojitos sobre la mesa.     &lt;br /&gt;            La inocente pregunta da rienda suelta a una algarabía general ampliamente desaprobada por Mamá, que parece ser la única consciente de que el horno no está para bollos.&lt;br /&gt;- La situación-  dice mamá en voz muy alta y como conteniéndose – es que Papá no tiene trabajo y nos estamos quedando sin plata.&lt;br /&gt;- Ah. Eza zituazión – se deziluz...digo, se desilusiona Emanuel, que esperaba algo más novedoso y divertido.&lt;br /&gt;- Sí. Esa situación. Bueno: ¿qué hacemos?&lt;br /&gt;- ¿La revolución? – dice el abuelo Strómboli poniendo su mejor cara de Trotski y haciendo que Malena, que esta bebiendo una infusión de manzanilla, se atragante de la risa y riegue la mesa con una fina lluvia de té.&lt;br /&gt;- Qué chanchita – dice el abuelo mientras le alcanza una servilleta de papel.&lt;br /&gt;- Papá: cortala, por favor.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;            El tenso silencio que sigue se vuelve ocasión propicia para una digresión espacio-temporal: sucede que al momento de escribir estas líneas, el narrador  no se halla apoltronado como de costumbre en su habitual silla frente a su vieja computadora. No, qué va. ¿Dónde se encuentra, entonces, el narrador de este folletín posmoderno?  Pues en un pueblo que parece ser, a juzgar por lo que se ve desde aquí, todo un baluarte de tiempos idos, y que lleva el nombre, no sabemos si poético, geofísico o geométrico, de “Pico Truncado”.&lt;br /&gt;¿Qué qué diablos hace el narrador en Pico Truncado a las siete de la mañana, tomando un horrible café de terminal, tan horrible que es en sí mismo una experiencia terminal?&lt;br /&gt;Buena pregunta. En las ocho horas que distan desde su partida de Puerto Madryn, el narrador ha tomado seis horribles cafés terminales, ha mascado chicles a mandíbula batiente, ha bajado a fumar en Trelew, ha dormido como un bendito hasta Comodoro, donde hizo trasbordo; ha bajado subrepticiamente en Caleta Olivia para hacer pipí y fumar otra vez y ha visto con consternación como el micro partía sin él, pero con su bolso, dejándolo varado en la ciudad del Gorosito.  Breve momento de pánico.&lt;br /&gt;Quiso la suerte que pudiera abordar otro micro casi de inmediato. Con inmenso alivio, el narrador constata que el transporte original está aguardándolo en Pico Truncado para devolverle su querido bolsito gris. Rogamos al lector que tenga la amabilidad de tararear el “Himno a la alegría” de don Ludwig van. Gracias.&lt;br /&gt;Sucede que el narrador ha sido invitado a disertar en la Feria del Libro de Pico Truncado y está aprovechando lo temprano de la hora para adelantar un poco de trabajo.&lt;br /&gt;Lo que a todas luces no adelanta es la historia de los Pérez Strómboli, ya que el narrador, visiblemente afectado por los acontecimientos recién referidos y también por cierta variante pedestre y económica del efecto “jet-lag” no tiene ni la menor idea de cómo continuar esta saga familiar.&lt;br /&gt;El lector, o lectora, no podrá menos que aplaudir el coraje cívico del narrador, quien se anima a reconocer públicamente su absoluta falta de ideas, a diferencia de, por ejemplo, la mayoría de nuestros funcionarios públicos.&lt;br /&gt;Tanta sinceridad tiene, sin embargo, un premio inmediato: el de constatar que este pastiche posmoderno está excediendo los estrechos límites de la novela convencional para convertirse en algo así como un reality-show literario, muy acorde con los tiempos que vivimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Di Benedetto, si no se pone a escribir en serio, corre serio riesgo de ser nominado en cualquier momento.&lt;br /&gt;- Ufa. Otra vez al maldito yugo. Y encima ganó Osama Bin Bush. Puaj. En fin.  Pero  no todas son pálidas: ha renacido la antigua garra charrúa: ¡Vamos Tabaré, todavía!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Continuará (si los lectores no votan en contra)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-6736078454698039038?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/6736078454698039038/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-xii-pico-truncados-blues.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/6736078454698039038'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/6736078454698039038'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-xii-pico-truncados-blues.html' title='Episodio  XII: “Pico Truncado’s blues”'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-5345198631944896504</id><published>2009-02-14T08:44:00.001-08:00</published><updated>2009-02-17T08:26:44.531-08:00</updated><title type='text'>Episodio  XIII ¼ “Puedes dejar tu sombrero puesto ”</title><content type='html'>(no somos supersticiosos, pero por las dudas...): &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(204, 0, 0);"&gt;(en donde  Mamá y Edward De Bono fracasan en su intento de poner orden en esta desastrosa familia, Malena nos deja bizcos con una magnífica exhibición circense, el Cachafaz se  convierte en blanco móvil y, por último, se demuestra de manera contundente la eficacia de ciertos tratamientos sicoanalíticos)  &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los lectores (y las lectoras) avispados/as habrán supuesto, con razón, que la reunión familiar   convocada por Mamá para tratar la delicada situación económica terminó en un rotundo fracaso. Y eso a pesar de que Mamá puso en juego todos sus conocimientos acerca de las técnicas de dinámica  grupal. Hasta había fabricado varios juegos de galeritas de distintos colores, siguiendo el método propuesto por Edward De Bono en “Seis sombreros para pensar”: sombrero blanco para las ideas positivas, sombrero negro  para, qué original, las negativas y así. Mamá ni siquiera terminó de explicar el uso de los restantes colores: Emanuel gritó: “¡iupi, mami, organizazte una fiesta zorpreza!” y ahí se armó el tole tole. Munido de un sombrero violeta, el abuelo Strómboli imitó a Carlitos Chaplin y a John Wayne; Malena tomó un sombrero de cada color y demostró sus habilidades de malabarista, haciéndolos girar alrededor de su cuerpo cada vez a mayor velocidad hasta parecer una flor de pétalos multicolores, guau; Dante y Lautaro descubrieron una variante del tiro al pichón (el pichón era el Cachafaz) y varios otros desmanes que hicieron que Mamá se retirara ofendida hasta su habitación. En el apuro se llevó puesta la galerita amarilla, que no le quedaba del todo mal, hay que reconocerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos días más tarde, encontramos a Mamá en el consultorio de su analista. Después de tres años de terapia, Mamá ha logrado  descubrir que es profundamente infeliz:&lt;br /&gt;-...estoy rodeada de locos – dice mientras las lágrimas le corren por las mejillas – de locos... y yo me estoy volviendo loca de atar... es como que todo se cayera alrededor y que a nadie le importara, estamos casi sin un peso, nos atrasamos en la cuota del auto y la única que se preocupa soy yo, soy yo... y yo no puedo más... no sé cuánto hace que el Pichu no me toca, ni siquiera me mira, se la pasa todo el día mirando televisión, dice que está deprimido ¿y yo qué?... ¿cómo me siento yo?... me siento vieja, y fea, y gorda, eso me siento yo...!&lt;br /&gt;- Bueno, María Laura, creo que está siendo injusta con usted misma. Usted no es ni vieja, ni  fea ni gorda...&lt;br /&gt;- ¿Le parece? – pregunta Mamá, incorporándose un poco en el diván.&lt;br /&gt;      Desde la perspectiva del analista, así apoyada sobre un codo, los cabellos en ligero desorden, Mamá ofrece ciertamente una vista interesante: una mujer entrando en la gloria de la madurez, con todas sus partes todavía bastante en su lugar. Así que sí, sí le parece&lt;br /&gt;- Bueno, ejem, sí, María Laura – responde el analista con una cierta turbación en la voz – Justamente, ejem, de eso quería hablarle... Vea, María Laura, me parece conveniente que dejemos de vernos...&lt;br /&gt;- ¿Por? – pregunta Mamá, mientras un escalofrío premonitorio le recorre la columna vertebral.&lt;br /&gt;- Porque... bueno, me siento, de alguna manera, cómo decirlo, ejem, atraído por usted, María Laura.&lt;br /&gt;- De alguna manera... repite María Laura mientras abandona el diván con gesto de leona herida.&lt;br /&gt;- Bueno, ejem, de muchas maneras... Así que... lo siento, usted comprenderá... es la primera vez que me sucede que una paciente, en fin, espero que me crea... – el tipo está colorado como un tomate, así que sí, le creemos.&lt;br /&gt;        El analista le alcanza la cartera y le indica gentilmente la puerta de salida. A pesar de su gesto impasible, sabemos que el tipo está medio destruido. El otro medio lo termina destruir Mamá cuando, antes de irse,  le clava los magníficos ojos castaños y le espeta:&lt;br /&gt;- Todos me defraudan, todos... – la puerta se cierra suavemente.&lt;br /&gt;       &lt;br /&gt;        Mamá cierra los ojos con fuerza. El pecho le sube y le baja en profundas y rápidas inspiraciones y exhalaciones. Como si estuviera a punto de ahogarse, por la mente de mamá pasa  en rápida sucesión  la colección de imágenes que solemos llamar “nuestra vida”. La colección de Mamá es, a su propio juicio, escasa y carente de interés. Mamá siente que le sube desde las entrañas algo así como un magma ardiente, una lenta erupción de lava volcánica que le sube por el estómago y el pecho. Sin pensárselo dos veces se da vuelta y golpea con los nudillos la puerta del consultorio. La puerta se entreabre y aparece el rostro desencajado del pobre tipo.&lt;br /&gt;- A ver si entiendo: usted ya no es más mi analista.&lt;br /&gt;- No, María Laura, lo siento...&lt;br /&gt;- Yo no. – dice Mamá empujando la puerta con el hombro, tomando al tipo de las solapas y llevándolo casi en volandas hasta arrojarlo sobre el diván.&lt;br /&gt;Las escenas de alto voltaje erótico y sexo explícito y hasta implícito que siguen a continuación no pueden ser descriptas ni siquiera de manera metafórica. Siendo este diario de aparición matutina, nos hallamos en horario de protección al menor, y no queremos tener problemas de conciencia, y mucho menos de censura. Así que nos limitaremos a correr sobre esta escena un púdico velo. Floreadito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando vuelve a abrirse la puerta del consultorio devenido pecaminosamente   nidito de amor, es una mujer distinta la que sale al mundo: Mamá ya no es solamente Mamá: ahora también es María Laura. Una María Laura que camina con paso liviano y decidido por la calle (ahora que le notamos un cierto parecido con una Kim Bassinger morena, la ocasión se vuelve propicia para que los lectores, a coro, tatareen “Puedes dejar tu sombrero puesto”, versión hot tipo Joe Cocker).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta sorprendente metamorfosis debería bastar para llamar a la reflexión a aquellos escépticos que todavía descreen de los beneficios de la terapia sicoanalítica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Continuará en la próxima sesión)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nota: La lectora María Celeste Piccolo se ha hecho acreedora a un ejemplar de “Dormir es un oficio inseguro” por haber respondido prontamente a la requisitoria “¿Quién se acuerda de Pepe Iglesias ‘El Zorro’?”. Es cierto que no da pruebas fehacientes de acordarse de “El Zorro”, como por ejemplo mencionar aquella escena antológica   en que Pepe canta “Ay, Esmeralda ráscame la espalda”, pero bueno, tenemos sobrados motivos para confiar en su palabra. Y agradecemos los elogios. Enhorabuena.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-5345198631944896504?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/5345198631944896504/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-xiii-puedes-dejar-tu-sombrero.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/5345198631944896504'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/5345198631944896504'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-xiii-puedes-dejar-tu-sombrero.html' title='Episodio  XIII ¼ “Puedes dejar tu sombrero puesto ”'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-3262118644530968733</id><published>2009-02-14T08:43:00.003-08:00</published><updated>2009-02-17T08:26:11.119-08:00</updated><title type='text'>Episodio  XIV: “Hojas de hierba”</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(204, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(en donde las quejas del narrador con respecto a las vicisitudes de su trabajo pueden confundirse con un subrepticio reclamo salarial, Mamá se enfrenta a un sano complejo de culpa y asistimos, en puntas de pie, a una conmovedora y madura historia de amor )  &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El narrador de este folletín  debe confesar que escribiéndolo no gana para sustos. No es que esté sugiriendo de manera oblicua a la dirección del diario que le aumenten el sueldo, cosa que no vendría nada mal. Lo que quiere decir el narrador es que esta historia lo somete a trajines emocionales difíciles de soportar: en algunos capítulos no pasa absolutamente nada y en otros uno vive con el Jesús en la boca. Así no hay escriba que aguante. Sin ir más lejos véase lo que pasó en el capítulo anterior: Mamá, que ahora sabemos que se llama María Laura, acaba de proveer a Papá, con la invaluable ayuda de su ex – analista, de un vistoso par de cuernos. Caramba. Hasta ese momento esto parecía “La familia Falcón” del siglo XXI. Ahora comprobamos que el más crudo realismo posmoderno se ha enseñoreado de la trama. Así dónde vamos a ir a parar.&lt;br /&gt;Han pasado un par de días desde aquella memorable sesión sicoanalítica en que, en un esfuerzo mancomunado, terapeuta y paciente han hecho reverdecer los laureles de Don Sigmund Freud. En efecto, Mamá se ha curado definitivamente de unas cuantas neurosis. El analista también.&lt;br /&gt;Sin embargo, Mamá, a solas ya con su conciencia, no puede dejar de sentir un ligero escozor. Cualquier observador más o menos objetivo coincidiría con nosotros en apreciar que dicho escozor tiene forma y   tamaño bastante parecidos al de una culpa.&lt;br /&gt;Bueno, al fin y al cabo esto habla bastante bien de la salud mental de Mamá, ya que si no sintiera culpa, aunque sea un poquito así, eso significaría que ha caído de la sartén de la neurosis al fuego eterno del comportamiento psicótico, patología brava si las hay.&lt;br /&gt;Dicho de otra manera, Mamá comienza a enfrentarse de manera ineluctable a las consecuencias de sus propias acciones, y está juntando ánimos para decirle a Papá que... bueno, que... ¿cómo diablos se dice una cosa así?&lt;br /&gt;Es casi la madrugada y Mamá no puede pegar un ojo. A su lado Papá duerme el sueño de los justos. Mamá está a punto de despertarlo, varias veces, pero el nudo en la garganta toma proporciones alarmantes. Decide dejarlo para otro día. Eso. Citará a Papá en algún territorio neutral, un bar por ejemplo, y ahí le dirá que... que... Qué momento, mamita querida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para evitar meternos de lleno en el desmadre que se viene de manera obligatoria, invitamos al lector, y a la lectora, a irnos por un rato al departamento de Malena Lezcano. Esta visita conlleva   doble ventaja: la  de hacernos zafar, al menos momentáneamente, del inminente bolonqui y  la de permitirnos  asistir a intimidades más amables.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El abuelo Strómboli está en la cama. Malena se acaba de levantar y se está dando una ducha. Y canta. Canta, sí, como ninguna. Al menos para Don Strómboli, que está enamorado hasta el tuétano a esa edad en que el amor es más que nunca un milagro.&lt;br /&gt;Cuando Malena sale del baño y se detiene frente a la ventana a secarse el cabello, el contraluz del amanecer dibuja sobre su cuerpo desnudo delicados nimbos de oro y plata. Al abuelo Strómboli casi se le corta la respiración. Pero se sobrepone y murmura:&lt;br /&gt;- “Tremenda y deslumbrante / la aurora me mataría / si yo no llevase ahora y siempre/ otra aurora dentro de mí”&lt;br /&gt;- ¿Y eso de quién es? – pregunta Malena, que además de lindas orejitas tiene un oído perfecto.&lt;br /&gt;- Walt Withman. “Canto a mí mismo”.&lt;br /&gt;- Es hermosísimo.&lt;br /&gt;- Vos sos hermosísima – largo suspiro.&lt;br /&gt;- ¿Qué pasa?&lt;br /&gt;- Nada. Cosas de viejo.&lt;br /&gt;- Vos no sos viejo. Qué pasa. En qué pensás.&lt;br /&gt;- En la eternidad. La eternidad existe, ¿sabés?  Pero es transversal.&lt;br /&gt;- ¿Transversal? ¿Cómo?&lt;br /&gt;- Nuestra vida es una línea así – Strómboli dibuja con el dedo un corto segmento horizontal en el aire. Así de cortita. La eternidad es una línea así – el dedo dibuja una larga vertical – La eternidad es una línea infinita que atraviesa un punto, y sólo uno, de este segmento que es la duración de nuestra vida. Bueno, acabo de ver ese punto. Si me hubiera detenido a mirar justo ahí... bueno, me hubiera asomado a la eternidad. Pero no me dio el coraje.&lt;br /&gt;- ¿Por qué?&lt;br /&gt;- Porque tuve miedo de caerme en ese agujero, de morirme justo ahora, que te tengo a vos.&lt;br /&gt;- Pero tal vez no te morías, tal vez te volvías eterno. Inmortal.&lt;br /&gt;- Para qué.&lt;br /&gt;           Malena va hasta la cama y lo abraza con ternura. No tengas miedo, mi amor, no tengas miedo, le dice, pero ella también está temblando. Y así, abrazados, se duermen y ahora son un bultito tembloroso y cálido que relumbra apenas en el oscuro mar de la eternidad. Apenas dos hojitas de hierba a quienes se les permite  reposar durante un fugaz instante porque han tenido el coraje de abrazarse  en pleno corazón de la tormenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Continuará)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-3262118644530968733?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/3262118644530968733/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-xiv-hojas-de-hierba.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/3262118644530968733'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/3262118644530968733'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-xiv-hojas-de-hierba.html' title='Episodio  XIV: “Hojas de hierba”'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-8193044537216863958</id><published>2009-02-14T08:43:00.001-08:00</published><updated>2009-02-17T08:25:40.278-08:00</updated><title type='text'>Episodio  XV: “To be or not to be”</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(204, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(En donde, mientras  Mamá se enfrenta al dilema de los dilemas, el desaprensivo narrador  se entretiene con el  juego de los siete errores, la olla de Papá hace blublup  y la continuidad de este folletín queda a merced de un múltiple choice interactivo)  &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego del poético intermezzo vivido en casa de Malena Lezcano, no queda otra que apechugar y volver a la residencia Pérez Strómboli, en donde hallaremos a Mamá  enfrentando la delicada tarea de comunicarle a su señor esposo que, digamos, ha perdido la exclusividad carnal a que le da derecho el vínculo matrimonial consagrado por las leyes y las costumbres del país. Dicho de otra manera: que le acaba de meter los cuernos nada menos que con su analista. Con el analista de Mamá, que Papá es contador y no cree en esas cosas. Ay de los incrédulos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La escena que se desarrolla frente a nosotros podría pasar por una típica ilustración de un libro de lectura de los dorados años sesenta. Esas en que el papá lee el diario cómodamente sentado en el living, con pantuflas, pipa, robe de chambre y pañuelo al cuello, un muy bien merecido descanso después del diario trajín a que lo obliga el tener que ganarse día a día y honestamente los garbanzos para toda la familia. Un poco más al fondo vemos a la mamá, en primoroso vestidito a lunares, parcialmente cubierto por un níveo delantal que lo protege de las salpicaduras de grasa, salsas y otras porquerías en su sacrosanta tarea de preparar la cena que, además de nutritiva, debe ser agradable a la vista y al paladar. A los pies del papá, el varoncito juega con sus soldaditos de plomo. El lector perspicaz podrá preguntar  que cómo le habrá ido a este niño de los sesenta en los setenta, cuando los soldaditos de plomo se convirtieron, vaya a saber por artes de qué magia negra, en milicos de carne y hueso que disparaban balas, ésas sí, de plomo  y bronce. Pero eso es harina de otro costal y no encaja con el tono premeditamente light de este pastiche posmoderno. La chancletita de la familia, una linda rubiecita de lacios cabellos, no juega: ayuda a la mamá, como corresponde a una futura mujer de su casa. La lectora perspicaz podrá preguntar  que cómo le habrá ido a esta nena de los sesenta en etc. etc. Rogamos a los lectores y a las lectoras perspicaces que no escorchen. Menos averigua Dios y perdona.&lt;br /&gt;Dijimos que la escena en casa de los Pérez Strómboli podría pasar por una ilustración de aquellos libros de lectura  perdidos para siempre. Podría pasar. Pero no pasa. Ni un poquito pasa. Ayúdennos los lectores y las lectoras a encontrar las siete pequeñas diferencias:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.-Papá no lleva robe de chambre. Apenas si calzoncillos, camiseta de frisa, y medias a las&lt;br /&gt;   que habría que echarle un par de remiendos. Y tampoco pipa:  Mamá ha prohibido que se&lt;br /&gt;    fume en la casa.&lt;br /&gt;2.- El que tiene puesto el delantal, que Mamá acaba de arrojarle, es Papá.&lt;br /&gt;3.- La comida que está preparando Papá dista mucho de ser agradable a la vista y al olfato. &lt;br /&gt;     Tampoco es nutritiva.&lt;br /&gt;4.- En esta casa el único que lee el diario es el abuelo Strómboli. Ni tampoco, desde que&lt;br /&gt;     tiene una novia de la mitad de su edad&lt;br /&gt;5.- El nene no juega a los soldaditos. El nene no juega: mira televisión.&lt;br /&gt;6.- La nena no ayuda a  Mamá. La nena no ayuda.&lt;br /&gt;7.- Mamá odia los vestiditos a lunares, sean  primorosos o no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Descrito convenientemente el cuadro al que nos enfrentamos, podemos ir sin más ni más al meollo de la cuestión.&lt;br /&gt;Mamá ha utilizado el artilugio de tirarle el delantal a la cara a Papá y de ponerlo a cocinar esa cosa pringosa que hace blublup en la olla a los solos efectos de ganar un tiempito que le permitirá meditar acerca de la cuestión que la atormenta: ¿to be or not to be? That is the question. Pero eso es de otra historia un poco más famosa que ésta. Bajemos dos cambios: ¿mentir o no mentir?. ¿Ser fiel al juramento de sinceridad absoluta que se hicieron allá lejos y hace tiempo o callarse la boca para ahorrarle flor de disgusto  a ese pobre tipo que después de todo es el padre de uno de sus hijos?&lt;br /&gt;Menuda cuestión, señoras y señores. Las implicancias éticas del dilema exceden con mucho los objetivos pasatistas de esta diarionovela. Qué bien salió esta frase.&lt;br /&gt;No queda más remedio que apelar al formato interactivo inaugurado en el capítulo VIII y preguntar a los lectores, perspicaces o no: ¿Qué debe hacer Mamá?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a)    Decir la verdad.&lt;br /&gt;b)    Callar para siempre.&lt;br /&gt;c)    Otras opciones que no se le ocurren al narrador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los lectores interesados en determinar el curso a seguir en esta historia pueden votar  escribiendo a la dirección electrónica que figura en el encabezado. Garantizamos absoluta discreción. Gracias.&lt;br /&gt;Pero compliquemos un poco más las cosas: justo ahora suena el teléfono. Carla, la nena, corre a atender, pero tropieza con el Cachafaz que justo pasaba por ahí. Carla cae encima de Emanuel, que también se había levantado a atender el teléfono. Emanuel le pega a Carla. Carla le pega al Cachafaz. El Cachafaz, buen perro como es, no le pega a nadie, pero atina a encajarle un tarascón en el culo a Carla, que dice un montón de cosas irreproducibles. Papá levanta el tubo y escucha atentamente. Después tapa con una mano el micrófono y dice:&lt;br /&gt;-Pichu: es tu analista. Pregunta que cuándo querés tener la próxima sesión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Continuará, gracias a los lectores)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-8193044537216863958?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/8193044537216863958/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-xv-to-be-or-not-to-be.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/8193044537216863958'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/8193044537216863958'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-xv-to-be-or-not-to-be.html' title='Episodio  XV: “To be or not to be”'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-3109625310792335112</id><published>2009-02-14T08:42:00.001-08:00</published><updated>2009-02-17T08:24:57.585-08:00</updated><title type='text'>Episodio  XVI: “Apocalipsis now”</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(204, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(en donde,  después de hacer profesión de fe democrática, el narrador delega sus funciones específicas en una cámara de cine, a Mamá le convidan torta y  asistimos a una espectacular persecución callejera, todo bien Hollywood, nada de Dogma 95, que termina con más tortas, bifes y castañas)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de un escrupuloso escrutinio democrático, la cruda realidad: la mayoría de los lectores que, responsablemente, enviaron su voto, optaron porque Mamá le diga a Papá la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Auch.&lt;br /&gt;Efectivamente, hubo un setenta y dos por ciento de respuestas “a”. Un setenta y dos por ciento de ciudadanos, y ciudadanas, que se jugaron por la sinceridad absoluta. Todo muy lindo, pero la que tiene que dar la cara es Mamá.&lt;br /&gt;Además, es muy reconfortante eso de pensar que el pueblo nunca se equivoca. Pero permítasele al narrador de este pastiche posmoderno poner un poco en duda tal aserción: alcanza con recordar los resultados de las elecciones de la década del noventa. Resultados que, en el futuro no tan lejano en el que sucede esta historia, los Pérez Strómboli todavía están pagando con sangre, sudor y lágrimas. En fin, para concluir con otro lugar común, digamos que no hay sistema de gobierno perfecto y que la democracia es el menos peor. Hecha nuestra profesión de fe democrática, vayamos a los bifes. Literalmente.&lt;br /&gt;Plano general de confitería paqueta. Corte a primer plano de mesa engalanada con blanco mantel. Unas manos depositan una enorme torta de cumpleaños. La cámara se aleja un poco y vemos que alrededor de esa mesa están sentadas unas amables viejecitas que se encuentran festejando el onomástico de la mayor de ellas. En la mesa del fondo están Papá y Mamá. Mamá está hablando. Papá revuelve su café interminablemente. No podemos escuchar lo que está diciendo Mamá, un poco porque Joaquín Sabina canta a demasiado buen volumen y otro poco por el batifondo que hacen las octogenarias, que son maestras jubiladas. Mamá  mira a Papá y dice una frase de un tirón. Papá pega un respingo, volcando el pocillo de café. Mamá hace un gesto con ambas manos, como diciéndole “calmate un poco”. Papá se levanta de un salto y le tira con la cucharita. Cámara lenta. Las viejitas comienzan a girar la cabeza hacia la mesa del fondo. Papá camina hacia la cámara. Específicamente hacia la torta. Toma la bandeja y vuelve hacia donde está Mamá. Papá levanta la torta por encima de su cabeza. El mozo y una de las viejitas se levantan y comienzan a correr hacia Papá. Cámara lentísima. Primer plano de la cara del mozo que abre la boca en un grito interminable y que suena bastante gordo: ¡noooooooooo....!  Tarde. Mamá ya está hecha un asco. Chorrea mousse de chocolate hasta por las orejas. Dos rodajas de durazno en almíbar agregan su toque de color vivaz: no olvidemos los aspectos estéticos del drama. La cámara vuelve a su velocidad normal de veinticuatro fotogramas por segundo, que son bastantes. La viejecita llega hasta mamá, le lanza una mirada entre la conmiseración y el desprecio y le arranca la velita que le ha quedado incrustada a Mamá en el rodete.&lt;br /&gt;Papá ha salido hecho una tromba. Hecho una furia. Hecho polvo. Camina sin sentido y casi  sin sentidos. Decimos casi porque evidentemente no ha perdido el del gusto. Mientras camina se chupa los dedos. Papá es fanático de la mousse de chocolate.&lt;br /&gt;Munidos de un steady-cam que permite estabilizar la cámara evitando esos feos barquinazos tan desprolijos, seguimos a papá en su carrera hacia ningún lugar. Momento. Papá se detiene. Pero la cámara sigue de largo y se queda un rato enfocando a un vendedor de panchos, que saluda con la manito. Breve desconcierto del cameraman. La cámara busca a papá. Allá va. Ha cambiado de dirección y ahora camina con paso decidido. No sabemos adonde va. Pero podemos imaginarlo. Uy. uy, uy. Acá arde Troya.&lt;br /&gt;Primer plano de chapa de bronce que dice “MARCELO GÓMEZ BOURGUIGNON – SIQUIATRA”. El detalle es para aquellos lectores un poco lentos de entendederas. De nada.&lt;br /&gt;Papá abre la puerta de la antesala del consultorio. Hay un señor alto y de barba en la sala de espera. Esto desconcierta un poco a Papá, que no esperaba terceras personas en la escena. Se sienta al lado del señor alto y de barba, que está quieto, muy quieto, casi rígido.&lt;br /&gt;-Perdón, ¿no sabe si el doctor está con alguien? - fuerza una sonrisa Papá.&lt;br /&gt;El tipo gira los ojos, pero no la cara, como si tuviera el cuello duro.&lt;br /&gt;- No, está solo, hablando por teléfono. Me dijo que esperara. Es la primera vez que vengo... A mí me lo recomendó un amigo. Me vine desde Puerto Madryn.&lt;br /&gt;- Perdón, ¿pero usted no tendría que ir mejor a un traumatólogo?&lt;br /&gt;- Ojalá, mi amigo, ojalá fuera un problema de huesos... – el tipo baja la voz hasta un susurro imperceptible - ¡me estoy convirtiendo en monumento!&lt;br /&gt;- ¿Qué?&lt;br /&gt;- Lo que oye. Primero empecé a escuchar voces. Pasaba por una plaza y ¡zas! escuchaba hablar a las estatuas... Ahora están tratando de convertirme en una. ¡Para mí que quieren dominar el mundo! – el tipo extiende una mano con esfuerzo – Carlos Nacher, mucho gusto.&lt;br /&gt;Papá le toma la mano, que, efectivamente, parece de mármol.&lt;br /&gt;- Perdone... ¿le importaría si entro a intercambiar una palabras con el doctor...?&lt;br /&gt;- Haga nomás...&lt;br /&gt;          En ese momento se abre la puerta del consultorio. Papá se levanta y enfrenta al doctor&lt;br /&gt;Gómez Bourguignon&lt;br /&gt;- Oh, no – dice el médico, reconociéndolo.&lt;br /&gt;- Oh, sí – dice papá tomándolo de las solapas, metiéndolo adentro y cerrando la puerta&lt;br /&gt;con el pie.&lt;br /&gt;         Rogamos a los lectores que se tomen el trabajo de imaginar cinco minutos de violencia extrema. El narrador es pacifista. Gracias.&lt;br /&gt;        Sale Papá. El señor alto y de barba se asoma a mirar el estropicio.&lt;br /&gt;- Creo que el doctor no va atender por un par de días. ¿Me acompaña? – dice Papá&lt;br /&gt;amablemente, mostrando una faceta de humor cínico que no le conocíamos y que abre interesantes perspectivas para este personaje.&lt;br /&gt;- No, gracias – dice Nacher - Mejor me quedo a reanimarlo, al pobre. Al fin y al cabo uno&lt;br /&gt;no tiene el corazón de piedra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(continuará)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-3109625310792335112?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/3109625310792335112/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-xvi-apocalipsis-now.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/3109625310792335112'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/3109625310792335112'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-xvi-apocalipsis-now.html' title='Episodio  XVI: “Apocalipsis now”'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-6615462969893511978</id><published>2009-02-14T08:41:00.002-08:00</published><updated>2009-02-16T12:37:14.620-08:00</updated><title type='text'>Episodio  XVII: “Moscato, pizza y fainá”</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(153, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;(en donde Mamá se vuelve muy popular entre una familia de gorriones, Papá se da de bruces, literalmente, contra su propio destino y el abuelo Strómboli improvisa una clase magistral de geopolítica)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de la estremecedora escena en la confitería, Mamá, en estado de shock, sale a deambular por la ciudad. En el pelo le quedan todavía pingajos de mousse de chocolate y miguitas de bizcochuelo de vainilla. Se sienta en una plaza. Y llora silenciosa pero desconsoladamente.&lt;br /&gt;Está tan quieta que un  gorrión, animalito  cauto  si los  hay, se anima  a acercarse cada vez más.  Como quien no quiere la cosa, el bicho da unos saltitos de costado alrededor de los pies de Mamá. Ante la falta de reacciones adversas, termina posándose en su cabeza. Comienza a picotear delicadamente los restos de torta. O a los gorriones les gusta mucho la mousse o en esta ciudad hasta los pajaritos pasan hambre: la cuestión es que en pocos minutos, de los eucaliptos circundantes baja toda la parentela del primer gorrión y comienza  a revolotear alrededor el banco en donde está sentada Mamá.&lt;br /&gt;Y así la ve Papá, desde lejos: las manos sobre el regazo, la mirada perdida en el polvo y las hojas secas que cubren el suelo, la cara surcada de lágrimas que abren caminitos brillantes entre las manchas de chocolate. Y nimbada por una nube de pájaros. Una madonna de Boticelli caída en desgracia.&lt;br /&gt;Ni siquiera un contador puede resistir tanta belleza. A Papá se le derrite el corazón. Pero no se atreve a acercarse. Algo se ha roto para siempre. Al menos eso teme. Con un hondo suspiro se da vuelta y comienza a caminar en sentido contrario al que venía, arrastrando los pies. Una artera raíz  de olmo se le engancha en el empeine del pie derecho. Papá cae como una bolsa de papas. Es evidente que con estos payasos resulta  imposible escribir una escena dramática como la gente, así nunca vamos a ganar el premio Planeta. Cuando termina de escupir las hojas secas, Papá abre los ojos. A centímetros de su nariz estalla luminoso un cantero repleto de rozagantes marimoñas, las flores favoritas de Mamá. Papá, que es medio alcornoque, tarda un rato en entender que ésta es una señal del destino.&lt;br /&gt;Pero todavía le queda suficiente cacumen como para darse cuenta que es ahora o nunca. Coge un manojo de florecillas de colores diversos y encamínase hacia la sufriente madonna que todavía advertido no ha la presencia de aquella triste y lacedemónica  figura. A todas luces, el Congreso de la Lengua está surtiendo efecto, mirad qué castizos nos hemos puesto y con qué florida elocuencia se despliega, crece y fructifica nuestra verba, coño.&lt;br /&gt;Papá se para enfrente de Mamá. Se arrodilla y deja el ramito de marimoñas a sus pies. Mamá levanta lentamente la vista. Se miran a los ojos. Mamá extiende una mano y acaricia la nuca de Papá. Papá termina de rendirse y se abraza a sus rodillas. Mamá apenas puede contener un sollozo, pero es suficiente para que a Papá se le abran las compuertas del alma.&lt;br /&gt;Nos alejamos en puntitas de pie, dejándolos abrazados, llorando un llanto de esos que limpian todo a su paso.&lt;br /&gt;Qué buen momento para terminar el capítulo. Lástima que faltan unos dos mil ochenta y siete caracteres para llegar a los cuatro mil quinientos   que nos hemos comprometido a entregar todos los viernes. Es dura la vida del escriba mercenario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que démonos una vuelta por la residencia de los Pérez Strómboli. Mamá ha dejado a cargo de la familia al abuelo Strómboli. A esta mujer le gusta coquetear con la catástrofe.   Hay que decir que la benigna influencia de Malena Lezcano ha logrado aplacar en parte el carácter volcánico del abuelo, que últimamente está más tratable, aunque eso no es mucho decir.&lt;br /&gt;El abuelo ha decidido que es un buen día para comer ñoquis caseros. Bajo el lema de “la tierra para quien la trabaja y los ñoquis para el que ayude a amasarlos” Don Strómboli ha logrado organizar a la  horda de sus descendientes en lo que le gusta llamar “brigadas juveniles”. Ahí tenemos a los brigadistas Carla, Sebastián, Dante, Lautaro y Emanuel alrededor de la mesa de la cocina. El único que parece disfrutar de la situación es Emanuel, a quien le encanta fabricar los choricitos de pasta. Es cierto que para él esos choricitos no son tales, sino pitones, anacondas y boas constrictoras, y  no hay forma de hacer que las largue de manera voluntaria, menos para que los insensibles de sus hermanos  las corten en pedacitos del tamaño de un ñoqui. El abuelo, consciente de que siempre hay que unir teoría y praxis, aprovecha la línea de producción en serie que los mismos chicos han organizado para explicarles, según ese modelo didáctico, los orígenes y alcances socio-geopolíticos de la Revolución Industrial.&lt;br /&gt;Llevado por su entusiasmo propedéutico, el abuelo aprovecha que el suelo de la cocina está cubierto por una capa de harina de unos tres milímetros de espesor y allí dibuja un mapamundi que utiliza para ilustrar la división internacional del trabajo.&lt;br /&gt;Acto seguido organiza una dramatización. Divide a la brigada en países desarrollados y subdesarrollados. Estos últimos deben producir harina y exportarla. Los países desarrollados fabrican con esa harina los ñoquis, se quedan con una buena parte  y el resto se los venden a los primeros al triple de su valor original. Los productores de harina se quedan sin plata. Deben pedir dinero a los países industriales. Una parte del préstamo es plincajeado por funcionarios y empresarios corruptos. El primero en caer en la cuenta de la injusticia fundamental de este sistema planetario es el tercermundista Emanuel, que grita, compungido:&lt;br /&gt;-¡Yo no quiero zer un paíz zubdezarrollado! - y acto seguido ataca a las potencias dominantes a ñocazo limpio. Los países desarrollados arman una coalición y contraatacan con todo lo que tienen, es decir, con tres fuentes llenas de ñoquis. Carla, Dante y Emanuel, los subdesarrollados, organizan una guerra de guerrillas. Pronto, la atmósfera de la cocina se cubre de proyectiles pringosos que la surcan cual misiles tierra – tierra.&lt;br /&gt;Alejándose un poco de la batalla campal, el abuelo Strómboli sonríe satisfecho: nada enseña tanto como la acción y la experiencia directa.&lt;br /&gt;Como es un abuelo responsable no puede permitir que los chicos hagan la guerra con la panza vacía, así que marca un número y con voz cantarina pide dos muzzarellas, dos napolitanas y seis porciones de fainá. Y después va hasta la heladera y se sirve un buen vasito de moscato, bien frappé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(continuará)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-6615462969893511978?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/6615462969893511978/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-xvii-moscato-pizza-y-faina.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/6615462969893511978'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/6615462969893511978'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-xvii-moscato-pizza-y-faina.html' title='Episodio  XVII: “Moscato, pizza y fainá”'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-1470912879116139131</id><published>2009-02-14T08:41:00.001-08:00</published><updated>2009-02-17T08:24:06.152-08:00</updated><title type='text'>Episodio  XVIII: “Polvo de estrellas”</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(204, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;( en donde  al volver a casa después de su tierna reconciliación, Mamá y Papá descubren que al infierno del Dante se le ha agregado un décimo círculo, el Cachafaz expía el pecado de la gula, se conocen las verdaderas razones históricas del viaje de Gauguin a Tahití y Mamá descubre que con los ojos llenos de lágrimas también se pueden ver las estrellas)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las cosas están así: mal.&lt;br /&gt;Después de la dramática aventura vivida por Papá y Mamá, aventura que incluyó, como en las buenas malas películas   que nos inocula Hollywood un par de veces por semana, sexo ilícito, celos, persecuciones, trompadas y final feliz con ramillete de marimoñas en prenda de paz y amor eterno, la pareja, en plena acongojada reconciliación vuelve a casa y se encuentra con un cuadro dantesco, salvo que al bueno del Dante Alighieri no se le habría ocurrido ni por las tapas este décimo círculo del infierno en que el abuelo Strómboli, con la entusiasta colaboración de sus nietos, ha dejado convertida la casa, si es que puede llamarse así a ese lugar que está más enharinado que un molde de torta. Eso sin contar los ñoquis adheridos a paredes, cortinados, cuadros y artefactos electrónicos varios que pueblan la casa.&lt;br /&gt;Ni hablar del estado lamentable en que ha quedado el Cachafaz. Esta bestia tragaldabas, acostumbrada a embucharse cuanta cosa más o menos comestible caiga a su alcance, se ha zampado unos tres cuartos kilos de masa cruda. Convertido en una especie de zeppelín peludo y lastimero, el pichicho arrastra su desgracia por la alfombra beige del living sin que nadie le preste la más mínima atención. Parece ser que  el de la gula es de los pocos pecados capitales que reciben siempre castigo inmediato y terrenal. Cualquiera que haya sufrido un buen dolor de panza por incontinencia lo sabe, sin necesidad alguna de explicaciones teológicas. Con el resto de los pecados se puede llegar a zafar, especialmente si uno tiene un par de sólidas conexiones con el poder terrenal. El Viejo Vizcacha tenía razón. En este país nunca faltan palenques ande rascarse.&lt;br /&gt;El abuelo Strómboli está sentado  en un sofá del living, que ha quedado misteriosamente a salvo de los efectos de la Guerra de los Ñoquis. La mirada baja y contrita, espera con resignación la filípica que tarde o temprano vendrá a endilgarle su señora hija, que en este momento está, espátula en mano, desprendiendo ñoquis de la pared color borravino.&lt;br /&gt;Con un suspiro, Mamá arrastra una silla blanca frente a su padre y se sienta, sin ver el ñoqui arteramente disimulado por el color del mueble. El abuelo está a punto de avisarle, pero sabe que cualquier palabra que diga será usada en su contra, y así deja que  mamá apoye sus asentaderas sobre el trocito de pasta, que pasa a mejor vida, literalmente, convirtiéndose en una vistosa estrella adherida a esa suculenta parte de la anatomía de Mamá.&lt;br /&gt;Mamá vuelve a suspirar, junta las manos, dedo contra dedo, hace un chasquido con la lengua, mira a su padre directamente a los ojos y dice, sin énfasis: por qué.&lt;br /&gt;El abuelo Strómboli permanece mudo.&lt;br /&gt;- A ver, papá, explicame por qué no puedo irme  un rato de esta casa y después volver y encontrar de nuevo, como decirlo, mi casa, y no esta...  esta... ¡porquería!&lt;br /&gt;- Eso es una forma de ver las cosas, hija... Vos no pensás que...&lt;br /&gt;- Papá: ¡Callate!&lt;br /&gt;- Me callo.&lt;br /&gt;- Explicame, a ver.&lt;br /&gt;- A vos quien te entiende.&lt;br /&gt;- No me tomes el pelo, encima.&lt;br /&gt;El silencio subsiguiente es interrumpido por un sonoro ¡poc! producido por un ñoqui que acaba de desprenderse de la reproducción de “Noche estrellada” de Van Gogh. Hay que decir que el ñoqui no desentonaba demasiado entre las retorcidas estrellas del maestro holandés. Qué no hubiera dado el pobre y famélico Vincent por comerse ese ñoqui. “Querido Theo”, le hubiera escrito a su hermano, “las cosas mejoran lentamente: hoy comí un ñoqui. Para festejar me tomé un poco de aguarrás. Gauguin se burló de mí diciéndome que soy un campesino bestia que no sabe que a las pastas italianas hay que acompañarlas con un buen Chianti. Lo corrí con el revólver. Creo que el pobre Gauguin no paró de correr hasta Tahití. Esa noche, todavía con hambre, me miré en el espejo. Hice un descubrimiento sorprendente: mi  oreja derecha se parece a un ñoqui. Creo que un día de éstos voy a invitar a una amiga a cenar”&lt;br /&gt;Pero volvamos a nuestro presente. El abuelo sabe que lleva todas las de perder. Mamá está muy enojada. Así que opta por envolverse en un manto de silencio bastante abrigado, pero que le tira un poco de sisa.&lt;br /&gt;Como buena mujer que es, los reproches de Mamá no se limitan al desastre presente, sino que va ensartando quejas contra quejas. Las primeras se remontan a sus recuerdos intrauterinos. Después vino aquello del triciclo y la muñeca. Y la vez que no la dejó ir a bailar. Y la vez que se olvidó de su cumpleaños. Y cuando dejó a su legítima esposa por aquella estudiante de ciencias políticas. Acá Mamá se levantó furiosa. “Eso fue al calor de la situación pre-revolucionaria que vivía el país en los sesenta” estuvo a punto de justificarse Don Strómboli, pero la mirada fríamente asesina de su hija lo hizo desistir. Mientras los reproches se acumulan como una montaña de profiteroles agrios, los chicos, que se habían refugiado en sus habitaciones, se animan a salir y, silenciosamente, van rodeando al sofá del abuelo.&lt;br /&gt;- Mamá, perdonalo al abuelo... – se animó Dante – el lío lo hicimos nosotros...&lt;br /&gt;- Si, María Laura – dijo Carla – el abuelo nos quería explicar cosas, nada más...&lt;br /&gt;- Mamá, con el abuelo aprendí más que en toda la secundaria... – terció  Lautaro...&lt;br /&gt;- Zí, mamá. Y enzima ganamoz loz zubdesarrolladoz, que zomos los buenoz...&lt;br /&gt;          Mamá, ante esta decidida defensa, se queda desconcertada. Para disimular, echa una mirada en torno y lo ve a Papá con la vista fija en su trasero.&lt;br /&gt;- Y vos que estás mirando? – pregunta Mamá, ya un tanto ablandada.&lt;br /&gt;- El cielo, el cielo estrellado – dice Papá, tomándola de la mano y llevándola a la habitación matrimonial. Allí, frente al espejo, le muestra la estrella de harina y puré de papas que refulge sobre la nalga derecha de mamá. La mano de Papá dibuja el contorno de la estrella.&lt;br /&gt;- Estar con vos es como tocar el cielo con las manos- le dice Papá en el oído, mientras hace lo que dice.&lt;br /&gt;        Mamá sonríe por primera vez en semanas, y los ojos se le llenan de lágrimas. Lágrimas que, contraviniendo el conocido refrán, no le impidieron ver las estrellas. Y eso que esa noche papá le hizo ver muchas, muchas estrellas. Y de todos los colores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(continuará)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-1470912879116139131?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/1470912879116139131/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-xviii-polvo-de-estrellas.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/1470912879116139131'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/1470912879116139131'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-xviii-polvo-de-estrellas.html' title='Episodio  XVIII: “Polvo de estrellas”'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-8969631573246756623</id><published>2009-02-14T08:40:00.000-08:00</published><updated>2009-02-17T08:36:19.431-08:00</updated><title type='text'>Episodio  XIX: “Ding, dong, dang”</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(204, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(en donde el narrador sigue escorchando con sus problemas de género en la escritura, se demuestra que el espíritu navideño desciende hasta sobre una casa de locos como la de esta historia, el Cachafaz pasa parte de enfermo y el narrador hace una promesa que no está seguro de poder cumplir  y un   brindis que sinceramente espera ver cumplido tarde o temprano )&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El lector perspicazo  y la lectora perspicaza (el narrador, que sigue preocupado por el bendito problema de los géneros, está tratando de poner en práctica una idea acuñada por Roy Centeno Humprheys en esta misma contratapa. Según don Roy, por ejemplo, los futbolistas varones deberían ser llamados “futbolistos” y los pianistas, “pianistos”. De esta manera no se incurriría en injusticias de signo inverso a las que se cometen todos los días, como cuando uno escribe “los lectores” sin tener en cuenta que más o menos la mitad de “ellos” pertenece al bello sexo, perdón, al género femenino (¿no habría que decir “génera femenina”?).  Suena raro. Pero la justicia siempre suena rara en este país. Así que el narrador ha decidido sin más ni más poner en práctica esta minirrevolución genérico-lingüística. No es poca cosa: García Márquez propuso unos “cambiecicos” en la ortografía y se armó flor de bolonqui. Y no lo invitaron al Congreso de la Lengua. Al narrador de este folletín posmoderno no le preocupa que le pase lo mismo: sabe que jamás será invitado a  ningún congreso. Ventajas del anonimato provinciano)&lt;br /&gt;El lector perspicazo  y la lectora perspicaza, entonces, andarán sospechando que el final feliz, tipo Hollywood, del último capítulo, ha sido una artimaña para entrarle al clima navideño que  es medio obligatorio para estas épocas. Nada que ver. El narrador recién ahora cae en la cuenta de que este capítulo será publicado el 24 de diciembre. El narrador, ya que está, cuenta rápidamente con los dedos, y, maravillado, descubre que la próxima entrega será el 31, ¡que también es viernes!  Esta regularidad matemática  del universo siempre lo termina emocionando a uno.&lt;br /&gt;Así que, por una feliz coincidencia, llegamos al 24 de Diciembre con la familia Pérez Strómboli en más o menos buen estado de salud mental. Papá y Mamá se reconciliaron. Fogosamente, hay que decirlo. Muy buen desempeño de Papá, que últimamente, a causa de su depresión pos- despido, había descuidado un poco demasiado ese flanco vital de las relaciones conyugales. Y así le pasó lo que le pasó. Bueno, pero ya está. Y Mamá anda hecha unas pascuas en plena Navidad. Y eso que es budista.&lt;br /&gt;Al abuelo Strómboli tampoco le fue mal: todos sus nietos, los naturales y los postizos, asumieron su defensa ante Mamá, que quería despachurrarlo por el desastre  que habían hecho en la casa.&lt;br /&gt;La única alma en pena es el pobre Cachafaz, que todavía no se ha repuesto de la indigestión causada por el casi kilo de masa cruda que se zampó sin decir agua va.   Así que en el capítulo de hoy, por haber pasado parte de enfermo, el Cachafaz no trabaja. Por suerte, la flexibilización laboral nos permite ahorrarnos su salario. Acá, el que no viene a trabajar, no cobra. Una buena manera de asegurar la competitividad en el mercado  literario internacional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, aquí estamos, entonces, en una situación inmejorable para que descienda sobre la residencia Pérez Strómboli el inefable espíritu navideño.&lt;br /&gt;Claro que  la cuestión tiene sus bemoles: Mamá, como se dijo, es más o menos budista; el abuelo Strómboli sigue declarándose ateo, pero más por cuestiones de romanticismo que de convicción. Papá es contador. Malena Lezcano es judía por parte de madre, y como es una chica muy equilibrada, ha resuelto su conflicto religioso mediante una decisión verdaderamente salomónica: los años pares es judía y los impares, católica. Por consiguiente, este año le toca festejar Hannukah. Del Cachafaz no se conoce inclinación religiosa alguna. En cuanto a los chicos mayores, están firmemente convencidos que del 24 al 31 de Diciembre se festeja la Semana Internacional de la Pirotecnia. El único que entiende más o menos de qué se trata este asunto de la Navidad es Emanuel: es cuando viene ese señor que antes se llamaba Papá Noel y que ahora es más conocido con el  nombre, mucho mas cool, de Santa Clós.&lt;br /&gt;Así y todo, los Pérez Strómboli se han provisto de todo lo absolutamente necesario para cumplir religiosamente con la tradición: tres pollos a la parrilla, un carré de cerdo relleno con ciruelas y panceta ahumada, tres kilos de ensalada rusa, seis arrolladitos agridulces, veinticuatro brochettes de lomo, doce botellas de cabernet, malbec y chardonays, seis de champagne demi-sec, ocho de sidra, cinco de strawberry fizz, con y sin alcohol, diez kilos de ensalada de fruta, cuatro pandulces, un kilo de garrapiñadas, seis turrones de Alicante y veintidós sobrecitos de uvasal. Si hay miseria, que no se note.&lt;br /&gt;Y acá dejamos tranquilos a nuestros personajes. Al fin y al cabo, en la casa de los Pérez Strómboli no pasará nada diferente a lo del   resto de los hogares argentinos, al menos de los que tienen con qué: se comerá, se beberá, se discutirá de fútbol o de política. Cinco minutos antes de las doce el abuelo Strómboli subirá a su cuarto, medio mamado, para disfrazarse con un viejo mameluco rojo, una almohada en la panza y una barba de algodón. A las doce y un minuto   abrirán sus regalos. A las doce y diez  saldrán todos, con una copa en la mano, a ver los fuegos artificiales y a tirar una que otra cañita voladora. A las doce y media irán a brindar con algunos de los vecinos. A las dos se tomarán sus uvasales y se despedirán hasta el mediodía, para seguir con la comilona de todo lo que sobró. Nada raro. Nada que valga la pena ser contado.&lt;br /&gt;Así que el narrador, que este año promete, más o menos sinceramente, comer liviano y no pasarse con el cabernet, aprovecha para levantar su copa y brindar y decir:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paz a todos los hombres  y mujeres de buena voluntad.&lt;br /&gt;Y a los de mala voluntad también,&lt;br /&gt;a ver si esto cambia de una vez.&lt;br /&gt;Feliz Navidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(continuará)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-8969631573246756623?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/8969631573246756623/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-xix-ding-dong-dang.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/8969631573246756623'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/8969631573246756623'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-xix-ding-dong-dang.html' title='Episodio  XIX: “Ding, dong, dang”'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-3941423125409549632</id><published>2009-02-14T08:39:00.001-08:00</published><updated>2009-02-17T08:44:41.120-08:00</updated><title type='text'>Episodio  XX: “Bim, bam, bum”</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(204, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(en donde todo el mundo, inclusive el narrador,  trata de hacer las paces con su maltratado hígado, se planifica la cena del 31, el abuelo Strómboli se va por el túnel del tiempo y al final hay un destello de nácar bajo las  luces  de neón)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los Pérez Strómboli no escarmientan: todavía tienen los hígados en estado de coma 4 por las comilonas del 24 y 25, y ya están planificando las del 31 y Año Nuevo.&lt;br /&gt;El narrador tampoco escarmienta. Obviamente no cumplió su promesa de comer livianito y tomar poco en Nochebuena. Y para Fin de año no ha querido hacer ninguna promesa que casi le daría vergüenza no volver a cumplir, así que estuvo toda la semana mandándose al buche bombas de profundidad tipo sertal y buscapina, para encarar la Nochevieja como se debe: la mente relajada, el corazón alegre y el aparato digestivo templado y afinado como un Stradivarius.&lt;br /&gt;- Yo creo que tendríamos que pasarlo en lo de la tía Anita- dice Mamá, que quiere zafar por una vez de trabajar como una burra.&lt;br /&gt;- ¡No, mamá!¡Por favor! – gritan espantados los chicos. La tía Anita es una viuda lúgubre, que se asusta de los cohetes y acostumbra a amenizar sus veladas con discos de Stockhausen y Bela Bartok.&lt;br /&gt;- Entonces vamos a comer a un restaurante – sigue Mamá con su táctica de zafar como se pueda.&lt;br /&gt;- ¿Tenés idea de lo que nos saldría? – gime Papá, que además del hígado ha quedado con las finanzas a la miseria.&lt;br /&gt;- Además yo quiero estar cerca de lo de Sebastián – refunfuña Carla.&lt;br /&gt;- Y en loz reztoranez no ze admiten animalez – dice Emanuel, abrazando al Cachafaz.&lt;br /&gt;- Ufa. Al final siempre termino trabajando yo sola y no disfrutando nada – resopla Mamá.&lt;br /&gt;- Nosotros te ayudamos, mami – dice Dante.&lt;br /&gt;- Sí. Jajá. Mucho ayudan ustedes.&lt;br /&gt;Mientras se desarrolla esta amena discusión, el abuelo Strómboli cierra los ojos y se va de un viaje a su viejo barrio. El almacenero don Pancho y el fierrero Muzzapappa están estacionando sus camiones en las bocacalles a uno y otro lado de la esquina central. El tarta Antotonio, el electricista del barrio, dirige el colgado de la ristra de lamparitas de 100 watts que  la cruzará en diagonal. Un grupo discute en la casa de quién se enchufará esta vez la guirnalda luminosa. El Gallego, que acaba de sacarse la grande, ofrece la suya y todos aplauden. Alguno dice por lo bajo que el amarrete éste bien podría pagar aunque sea la sidra y el pan dulce. Los jóvenes van sacando mesas, sillas, manteles y armando un cuadro desparejo bajo las luces. En las cocinas de esas dos cuadras, las mujeres cargan fuentes y fuentes de todo lo que tienen, que a veces es poco y humilde, pero siempre sabroso. El Gordo Poletti trae en su camioneta los tambores de doscientos litros. Atrás vienen Strómboli padre y el tío Salvador con sendas carretillas cargadas de barras de hielo. Desde todas las casas empiezan a llegar las botellas de vino, cerveza, sidra, bidú cola y aquellos sifones de nariz de metal. La tía Anita todavía no es ni tía ni viuda  ni lúgubre ni escucha  a Bartok y canta  “Se dice de mí” como la propia Tita Merello. El abuelo Strómboli se ve a sí mismo dándose los últimos toques en el pelo engominado y jurándose que sí o sí esta noche la saca a bailar a Elenita, la sobrina del gallego, que lo tiene a mal traer con sus dieciséis años y su fingido desdén y que al final de aquella noche le daría el beso más dulce de su vida. Durante la comida los tanos cantan “A marechiare” y “La mamma di Rosina era gelosa, bim, bam, bum”. Después de la comida los hermanitos Bentivoglio sacan sus acordeones nacaradas y tocan “Pájaro campana”,   y las mellizas paraguayas de enfrente, gordas y hermosas como una luna guaraní, bailan incansables haciendo equilibrio con una botella de sidra en la cabeza, mientras Juan Carlos Strómboli se acerca  con las palmas empapadas de sudor frío hasta la silla de Beatriz y tartamudea algo parecido a una invitación a bailar, previo pago de soborno a los hermanitos Bentivoglio para que después de dos pasodobles toquen una de Paul Anka, bien lenta.&lt;br /&gt;- Papá... ¡Papá! ¿Te quedaste dormido?&lt;br /&gt;- No, hija, estaba pensando, nomás, pensando que... tengo una idea... ¡hagamos una fiesta en la calle, con todos los vecinos!&lt;br /&gt;- ¿Con los vecinos? ¡Si no conocemos a nadie, casi!&lt;br /&gt;-Por eso, hija, por eso...&lt;br /&gt;- Pero abue, eso es una... ¡taradez! – dice Carla&lt;br /&gt;La discusión fue larga. A pesar del ferviente deseo del abuelo Strómboli (y el del narrador, hay que reconocerlo, que también tiene su corazoncito) la idea no prosperó.&lt;br /&gt;El abuelo salió a dar una vuelta, cabizbajo. Después de unas cuadras, al pasar por un locutorio, giró de repente, entró, pidió una guía y una cabina. Hizo tres o cuatro llamados.&lt;br /&gt;La noche del 31 los Pérez Strómboli  la pasan en su casa. También están Malena, su mamá y la tía Anita. A pesar de que hay el doble de comida que en Nochebuena, el abuelo Strómboli apenas si prueba bocado, ocupado como está en consultar a cada rato el reloj. Malena lo mira, preocupada. Nunca lo había visto tan callado. Tampoco entiende por qué Juan Carlos ha insistido tanto en que se pusiera un  vestido azul cielo. Dan las doce. Besos y abrazos y brindis y alguna lágrima aquí y allá. Cuando los silbidos y los estruendos de los cohetes y los fuegos artificiales empiezan a amainar, por una de las ventanas abiertas entran,  como desde muy lejos, los compases del valsecito criollo “La vestido celeste”. El abuelo Strómboli le ofrece, muy galante, el brazo a Malena y la invita a salir a la calle. Allí, sentados en unos banquitos colocados justo bajo la luz de neón de la esquina, están los hermanitos Bentivoglio. Gordos. Pelados. Uno  de ellos ha  perdido una pierna. Pero el nácar de los acordeones relumbra  bajo las estrellas, y los tangos y los pasodobles suenan mejor que en el mejor de los recuerdos.&lt;br /&gt;Juan Carlos Strómboli toma a Malena del talle y la lleva a girar y a girar. Y se van muy lejos, envueltos en aquel liviano vals. “Es de miel el besar de mi correntina” canta bajito Juan Carlos Strómboli, y recibe el segundo beso más dulce de su vida.&lt;br /&gt;Papá y Mamá, un poco abochornados, se van acercando como quien no quiere la cosa. Y al rato, mal que mal, se prenden con un foxtrot. Con las cumbias se animan los chicos. Y hasta la mamá de Malena. Sebastián llega con una parejita de amigos, que al rato están bailando marcha al son de los pasodobles. Mientras el Cachafaz le ladra  a los acordeonistas y es corrido a cohetazos por Dante y Lautaro, la tía Anita viene caminando despacito, le da un beso a cada uno de los Bentivoglio y después se manda su mejor versión de “Se dice de mí”. Un vecino se cruza con una botella de champagne. Y después otros cuatro o cinco. Y nadie más. Pero la farra y la charla y las canciones durarán hasta el amanecer.&lt;br /&gt;El resto de los vecinos se limita a mirar por entre las celosías de los ventanales. Nunca sabremos si esas miradas nacen desde el desprecio o desde la envidia o desde el mero quiero  y no puedo. No importa, porque tal vez, en el fondo, sean la misma cosa.&lt;br /&gt;Los mirones, después de un rato, apagan las luces y se van a dormir. Cosa difícil de lograr,  lamentamos tener que decirlo, con ese batifondo que están metiendo los malditos Pérez Strómboli.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fin de la primera parte.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-3941423125409549632?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/3941423125409549632/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-xx-bim-bam-bum.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/3941423125409549632'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/3941423125409549632'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-xx-bim-bam-bum.html' title='Episodio  XX: “Bim, bam, bum”'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-5801477380933956796</id><published>2009-02-14T08:38:00.000-08:00</published><updated>2009-02-14T15:26:52.385-08:00</updated><title type='text'>Episodio  XXI: “Un camino largo y sinuoso”</title><content type='html'>(o  capítulo 1 de la parte 2, para los lectores y lectoras que, como el narrador, se marean con tantas cruces y palitos. Como diría Obelix: ¡están locos estos romanos!)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(153, 0, 0);"&gt;(en donde el narrador admite que segundas partes pueden llegar a ser buenas, se explicitan las causas de una desastrosa decisión tomada por la familia en pleno, doña Raquel está al borde del soponcio y se asiste a una bizarra sinfonía olfativa)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;             Los Pérez Strómboli podrán adolecer de muchos defectos, pero no se les puede negar, al menos, una virtud: la de tener un coraje a toda prueba. En efecto, han decidido irse todos juntos de vacaciones. Cualquier persona en su sano juicio preferiría ir a pasar un par de meses con una tribu de jíbaros enardecidos. Pero esta gente no escarmienta.&lt;br /&gt;El narrador tampoco. El capítulo XX (20) tenía un final lo suficientemente feliz como para decir: hasta aquí llegamos. Pero nada: el tipo se aventura con la segunda parte de este folletín posmoderno. Es decir, ha decidido enfrentar valientemente ese lugar común que dice que “segundas partes nunca fueron buenas”. Pero la frasecita de marras suele aplicarse a   primeras partes que han sido resueltas con cierto decoro, gracia y buen oficio. Como éste no es el caso, el narrador arremete con cierta tranquilidad  con la Parte II (2), sabiendo que sólo queda ir mejorando.&lt;br /&gt;Bueno, let it be. La cuestión es que tenemos a los Pérez Strómboli a bordo de un micro de dos pisos cuya planta alta han colonizado casi por completo: Papá, Mamá, El abuelo Strómboli, Malena, Doña Raquel (la mamá de Malena) Carla, Sebastián, Dante, Lautaro, Emanuel, la tía Anita y el Cachafaz, que viaja disimulado en una canasta a la que, para despistar, han agregado algunos quesos de olor un tanto, digamos, vehemente, olor que surte  el doble efecto de camuflar el olor a perro y de narcotizar al pobre bicho, que jamás pudo soportar el camembert.&lt;br /&gt;¿Qué cómo hemos llegado a esta situación crítica que presagia calamidades, tropelías y desaguisados al por mayor?&lt;br /&gt;Hay dos teorías:&lt;br /&gt;a)    Al momento de tomar la decisión de irse todos juntos a estropearse la vida a otra parte, aún no se habían disipado las vapores etílicos de la madrugada del primero de enero.&lt;br /&gt;     b)  La decisión fue tomada mientras aún subsistía  el sentimiento de liberté, igualité, fraternité que embargó a todos los miembros de la familia mientras bailaban la danza de “Zorba el Griego”, ese clásico de todos los tiempos de los hermanitos Bentivoglio. La danza comenzó de manera bastante organizada: todos en ronda, tomados de los hombros, levantando la patita derecha al unísono y mascullando a coro aquello de “taaa- á -ta –ta-ta-ta-ta –ta –ta, taaa- á -ta –ta-ta-ta-ta –ta –ta”, mientras  se trataba de poner la mejor cara de Anthony Quinn posible. La venerable danza griega degeneró en una especie de tarantela siciliana demente, una especie de todos contra todos, que terminó con todos por el piso y todos muertos de risa. El narrador cree innecesario aclarar que lo de “muertos” es una metáfora, una licencia poética, y que después de la parranda no hubo que lamentar víctimas fatales. El único herido de la noche resultó ser el Cachafaz, animalito de indudable espíritu de autosacrificio, que intentó apagar un petardo con la patita izquierda. Patita que desde hace una semana lleva bañada en pervinox, pancután y pomada de caléndula, un aporte de Malena Lezcano, que es fanática de la medicina homeopática.&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;La cuestión es que, en algún momento de esa madrugada, la Tía Anita puso a disposición de toda la familia la casita veraniega que pertenece a su familia   desde tiempos no digamos inmemoriales, sino más bien que no vale la pena memorar. Se escuchó un “¡Síiiii! a coro y bastante afinado, pese a las circunstancias y la falta de ensayo. Y acá estamos, a bordo de un micro que huele insoportablemente a camembert, milanesas, salame, cerveza y falso Chanel N° 5, made in Singapur.&lt;br /&gt;Los lectores y las lectoras versados/as en la historia de la familia Pérez Strómboli podrán escandalizarse por esta brusca pérdida de status, por este regreso a un casi pintoresco primitivismo. Bueno, qué pretenden los/las lectores/as versados/as. Los Pérez Strómboli son clase media en franco descenso y con perspectivas de aterrizaje forzoso y desastroso. Se acabaron los viajes a Miami y Camboriú. El auto ya no está en condiciones de ir ni hasta la esquina. Hay que apechugar. De ahora en más, con suerte, micro y sánguches de milanesa a bordo.&lt;br /&gt;Los únicos felices arriba del micro son el abuelo Strómboli y Malena. El abuelo, porque estos viajes le recuerdan los picnics de su juventud, cuando todo el vecindario se subía al camioncito del verdulero del barrio y se trasladaba con todos sus petates a la orilla de algún río.&lt;br /&gt;Malena está contenta por razones un tanto  más académicas: como antropóloga, no encontraba tanto material de estudio e investigación desde su convivencia con la  tribu Yaualapití, en pleno corazón del Matto Grosso.&lt;br /&gt;La que está al borde del soponcio es doña Raquel, mujer de fino olfato y delicado sistema auditivo. Y eso que como Presidenta Honoraria de la Sociedad Protectora de Animales suele visitar seguido a los trescientos y pico de perritos, y perritas, que son sus protegidos/as. Si vamos a respetar las cuestiones de género, hagamos las cosas como corresponden, y extendamos nuestra corrección política al resto del reino animal.&lt;br /&gt;El viaje transcurre  nocturno y aburrido. De tanto en tanto se escucha un:&lt;br /&gt;- Mamá, quiero piz.&lt;br /&gt;Y un:&lt;br /&gt;- Pasame la mayonesa.&lt;br /&gt;Y un:&lt;br /&gt;- Ahora no, que nos pueden ver.&lt;br /&gt;Y un:&lt;br /&gt;- Creo que el micro pisó un zorrino.&lt;br /&gt;            Pero, el narrador lamenta tener que aclararlo, los zorrinos no huelen tan mal. Así que, para no tener que entrar en mayores explicaciones, démosle paso a un incoloro, insípido y felizmente inodoro:  continuará.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-5801477380933956796?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/5801477380933956796/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/capitulo-xxi-un-camino-largo-y-sinuoso.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/5801477380933956796'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/5801477380933956796'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/capitulo-xxi-un-camino-largo-y-sinuoso.html' title='Episodio  XXI: “Un camino largo y sinuoso”'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-4250635183610520747</id><published>2009-02-14T08:37:00.000-08:00</published><updated>2009-02-16T18:10:57.044-08:00</updated><title type='text'>Episodio  XXII:  “No pienses más, sentate a un lao”</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(153, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(en donde el narrador se toma de un trago una infusión de Schopenhauer, Kafka y Discépolo y así le va)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El narrador de este folletín posmoderno debe confesar que se esgunfió.  Esgunfiarse es algo terrible. Comparada con el esgunfie, la depresión es un paseo a Disney World. “Esgunfie” es una palabra muy vieja, muy fuera de moda. Tanto así que Roberto Arlt le dedicó una de sus “Aguafuertes porteñas” allá por la década del treinta del siglo pasado. Según Arlt, el esgunfie es algo así como una fiaca metafísica, un cansancio cósmico, un embole a niveles  subnucleares, una huelga de brazos caídos de protones, neutrones, electrones y quarks. El esgunfie es la quintaesencia de la filosofía pesimista: algo así como un  cóctel de Schopenhauer, Franz Kafka y Discepolín. Bueno, así estamos.&lt;br /&gt;¿Y por qué estamos así?&lt;br /&gt;Qué sé yo. Una de las condiciones que distingue a un verdadero esgunfie es su falta de causas inmediatas. Un tipo  se levanta un día, según Arlt, y dice: “me esgunfié”. Y listo.  Su vida se detiene. De ahí en más se dedica a tomar mate, fumar como un escuerzo y mirar por la ventana a la gente que pasa por la vereda. El esgunfie puede durar media hora o seis años. Para el esgunfiado es lo mismo, porque dentro de él el tiempo se detiene y, por lo tanto, se hace eterno.&lt;br /&gt;Claro que estos tiempos posmodernos no son los más adecuados para disfrutar, si cabe la palabra, de un buen esgunfie. Hace setenta, ochenta años, el esgunfiado tenía derecho a un lugar dentro de la sociedad. Es más, según Arlt, el tipo que se esgunfiaba era tratado con respeto y hasta con reverencia  por la mayoría de la gente del barrio. Es que no se trataba de un simple vago. Un esgunfiado  era considerado un filósofo en camiseta, un oráculo atorrante, un semidiós sin afeitar al que  hay que ofrendar en silencio  mate dulce y bizcochitos de grasa.&lt;br /&gt;La posmodernidad no permite el esgunfie. Y si lo permite, lo mira con malos ojos. Es que el esgunfie no sólo es improductivo desde el punto de vista material: a través de la lente atrozmente lúcida del esgunfie, cualquier pelafustán comprende la inutilidad de los esfuerzos humanos: todo es igual,  nada es mejor... Y eso no es nada bueno para la economía de mercado.&lt;br /&gt;Los tiempos que corren obligan a la actividad constante, a la productividad, a la eficiencia. Hay que estar siempre ocupado, en movimiento, contestar seis llamadas de celular cada diez minutos, correr cinco kilómetros, trabajar catorce horas seguidas, ir al shopping dos veces por semana, dos al cine, cambiar el auto, comprarse un dvd y un televisor de doscientas pulgadas que no vas a poder sentarte a mirar porque hay que salir corriendo a ganar más plata para comprarse el de doscientas cincuenta. No hay lugar para la vacilación. Mucho menos para el esgunfie. Eso está muy mal visto. O, en el mejor de los casos, resulta incomprensible.&lt;br /&gt;Por ejemplo, el narrador no puede presentarse ante la  redacción de este diario y decir:&lt;br /&gt;- Esta semana no hay Pérez Strómboli.&lt;br /&gt;- ¿Por?&lt;br /&gt;- Porque me esgunfié.&lt;br /&gt;- Vas a tener que ir al traumatólogo. Acá a la vuelta hay uno muy bueno. Siempre hay mucha gente, así  que  podés aprovechar el tiempo en la sala de espera para escribirme el capítulo veintidós. Para hoy a las seis de la tarde, porfi.&lt;br /&gt;- No me esguincé: me esgunfié.&lt;br /&gt;- Entonces tomate un ibuevanol y listo: capítulo veintidós, seis, seis y media, como mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                Entonces el narrador, que además de su esgunfie debe cargar ahora con la cruz de la incomprensión, va al kiosco, pide una tira de ibuevanoles, miente confusamente que son para su sobrinita, que está en esos días, se dirige a su sucucho, prende la compu, se manda dos cápsulas al hilo, abre el word, escribe “capítulo XXII” y ahí se queda, mirando la hoja en blanco, que, vamos, ni siquiera es una hoja, es apenas una ilusión cibernética que brilla desde la pantalla de fósforo o lo que sea.&lt;br /&gt;No hay caso.&lt;br /&gt;Los Pérez Strómboli, a quienes dejamos la semana anterior a bordo de un micro rumbo a unas vacaciones que prometen ser apoteóticas, deberán continuar viajando una semana más. Y no solamente eso, además deberán compartir el escaso espacio del micro con un pasajero  que apareció ahí, de la nada y sin equipaje.&lt;br /&gt;El polizón es, por supuesto, el esgunfiado narrador, que se limitará a mirar por la ventanilla durante todo el resto del viaje: un poste, una vaca, un poste, una vaca, mientras se toma un mate que de tanto en tanto le alcanza el abuelo Strómboli, viejo zorro que de esgunfies la sabe lunga.  El narrador acepta los mates de don Strómboli con silencioso agradecimiento. Tal vez esos mates ayuden. Y también los bizcochitos de grasa que le convida la linda Malena Lezcano. Y también el avioncito de papel que le da en la nuca, para regocijo de Dante, Lautaro y Emanuel.&lt;br /&gt;Y el narrador piensa que el esgunfie  todavía existe, aún en este siglo veintiuno más problemático y más que febril.&lt;br /&gt;Pero que también, por suerte, existe alguna gente sensible que, a despechos de los tiempos que corren, todavía sabe respetar y acompañar el esgunfie ajeno con una callada, tímida, hermosísima solidaridad.&lt;br /&gt;Y con sólo pensar esto, comienza a vislumbrar el fin de su esgunfie. Y siente, vuelve a sentir,  que, al final del camino, tal vez no dé lo mismo haber sido ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(continuará)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-4250635183610520747?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/4250635183610520747/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-xxii-no-pienses-mas-sentate-un.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/4250635183610520747'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/4250635183610520747'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-xxii-no-pienses-mas-sentate-un.html' title='Episodio  XXII:  “No pienses más, sentate a un lao”'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-2772486042085987246</id><published>2009-02-14T08:36:00.002-08:00</published><updated>2009-02-17T08:57:58.063-08:00</updated><title type='text'>Episodio  XXIII:  “El asadito ”</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(204, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(en donde el narrador, repuesto a medias de su esgunfiez, retoma la historia, los Pérez Strómboli luchan por la expansión territorial, Mamá y el Cachafaz actúan una escena de Hichtcock y Lautaro esgrime su sinceridad cual cuchillo envenenado)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después del traspié discepoliano del capítulo anterior, y superada la fase aguda de su esgunfiez, el narrador se halla más o menos dispuesto a continuar la historia. Era hora.&lt;br /&gt;Recapitulemos: durante la parranda de fin de año, los Pérez Strómboli deciden irse todos juntos de vacaciones  a la casita de veraneo puesta a disposición por la tía Anita. Mamá y Papá han decidido gastarse los últimos morlacos atesorados en el banco (evidentemente, ya nadie se acuerda del corralito del cavallito)  En estos diez días de dolce far niente que tienen por delante intentarán dar un nuevo curso a sus vidas, bastante estropeadas, por cierto. Recordemos que Papá sigue sin trabajo.&lt;br /&gt;La última vez que supimos de ellos iban   a bordo de un micro medio cachuzo y cuya atmósfera olía a sentina de barco esclavista. La comparación no es del todo justa. Para los barcos esclavistas. Hay que tener en cuenta que en la época en que el Padre Bartolomé de las Casas tuvo la brillante y caritativa idea de sustituir la explotación inhumana de indios americanos por la explotación inhumana de negros africanos, aún no se había inventado el desodorante de ambientes.&lt;br /&gt;La cosa es que, sea como sea, llegaron a destino y se instalaron como pudieron en la casita de dos dormitorios, jardincito delantero, patio atrás, con quincho a medio terminar desde hace treinta y dos años. La distribución demográfica, luego de arduos combates por la conquista de determinados territorios, quedó  así:&lt;br /&gt;- Dormitorio 1: Papá y Mamá, cama matrimonial, Emanuel, colchón en el piso.&lt;br /&gt;- Dormitorio 2: Malena Lezcano, Doña Raquel, Tía Anita y Carla, en sendas camas cuchetas.&lt;br /&gt;- Living: abuelo Strómboli, sofá de tres cuerpos, Dante, Lautaro y Sebastián, bolsas de dormir.&lt;br /&gt;- Baño: Cachafaz, más precisamente en el bidet.&lt;br /&gt;- Quincho: fue declarado zona neutral y, gracias al subrepticio aditamento de una colchoneta inflable,&lt;br /&gt;  convertido en albergue transitorio para atender  las urgencias conyugales que tarde o temprano han de producirse.&lt;br /&gt;              El Cachafaz fue el único que no se quejó ni una sola  vez por la ubicación que le había tocado en suerte. La que sí se quejó, y cómo,  fue Mamá. Por respeto a la sensibilidad de algunos lectores y lectoras, omitiremos los detalles más escabrosos de la siguiente escena:&lt;br /&gt;             Seis de la mañana. A la luz incierta del amanecer, Mamá, semidormida, se levanta a hacer pis. Hace. A continuación, guiada por su estricto sentido de la higiene, se sienta en el bidet y abre el agua caliente. Se escucha un gruñido y después, sin solución de continuidad,  un aullido escalofriante, no sabemos si emitido por Mamá o por el Cachafaz. Una escena digna de Alfred Hitchcock, pero interpretada por  Groucho Marx en camisón y por una versión subdesarrollada de Rintintín. Una verdadera pesadilla para cinéfilos.&lt;br /&gt;En fin, con una aplicación de Pancután en la panza del pichicho y dos miligramos de alplax para Mamá  las cosas volvieron más o menos a la normalidad, si es que tal cosa existe en esta familia.&lt;br /&gt;Día dos. El día uno no lo contamos porque para qué. Se les fue en acomodarse. En cambio el día dos comenzó ya movidito, con ese asunto del bidet.  La Tía Anita, ayudada por Malena y Doña Raquel, preparó un desayuno monumental: tostadas, dulce de leche, manteca, pasas de uva, higos secos, nueces, y un pan dulce sobrante de las fiestas. A eso de las nueve todos enfilaron a la playa. Todos menos Papá, que ha decidido agasajar a su familia con un asado de aquellos. Cualquier criollo que se precie sabe que para esas cosas hay que tomarse su tiempo. Así que el tipo va a la carnicería, elige costillar de primera, lo  hace cortar con una precisión milimétrica, inspecciona con ojo crítico chorizos, morcillas y chinchulines, sopesa un par de pollos, carga dos buenas bolsas de leña, pasa por la verdulería, compra lo necesario para una refrescante ensalada y de paso se afana un cajón, en el almacén de al lado anota una damajuana de totín y tres gaseosas de las grandes y así, cargado como un burro, llega a casa. Mientras se repone del esfuerzo, planea las acciones subsiguientes. Nada de apurarse. Primero, un buen fuego. Ramitas. Bollitos de papel. Maderita de cajón. Leñitas. Leñotes. Fosforito. No hay fosforito. Va renegando hasta el  almacén y compra una caja de cuatrocientos. Ahora sí: fosforito. Mientras las llamas trepan amorosamente (es una manera de decir), Papá descorcha la damajuana, se sirve   un buen vaso, se sienta frente al fuego y pone cara de Don Segundo Sombra. Trata de que se le ocurra algún pensamiento gaucho-filosófico, pero nada. Se decide entonces por ir a sumergir los chorizos en agua fría, no sin antes someter la parrilla a la acción purificadora del fuego. Cuando las brasas comienzan a recubrirse de una afelpada capa de ceniza, las toma cuidadosamente con la palita ad hoc y las disemina bajo la reja de hierro. Ahora el momento cumbre: la distribución de la carne sobre la parrilla. Los pollitos aquí, las costillas allá, los chorizos y otras menudencias acullá. Esto, señores, es más que rigor científico: esto es arte puro. Acá importan tanto los diferentes tiempos de cocción como el efecto estético, la adecuada combinación de colores, la disposición geométrica, la gradación sutil. La superficie de la parrilla se ha convertido en una obra conjunta de Rembrandt y Picasso. Papá está orgulloso de sí mismo. Y esto le ocurre pocas veces en la vida, pobre Papá.&lt;br /&gt;Mientras tanto llegan los integrantes de la  familia. Hambrientos como lobos, se apiñan y aúllan alrededor de la parrilla. Papá los espanta con el atizador. Su tarea requiere soledad y concentración.&lt;br /&gt;Las mujeres preparan la ensalada. Los chicos distribuyen los platos y cubiertos. Se sientan todos alrededor de la mesa, expectantes. Llega Papá con una fuente llena de chorizos, chinchulines y morcillas. Gruñidos de satisfacción. Con medio partido ganado, Papá se hace rogar un par de veces y después trae una tabla rebosante de jugosas, sonrosadas costillas. La tabla recorre la mesa en sentido inverso a las agujas del reloj. Se detiene frente a Lautaro, quien se limita a mirarla como si contuviera los restos mortales de una zarigüeya y después dice:&lt;br /&gt;- ¿No hay algo que no esté crudo?&lt;br /&gt;Corte a primer plano de la cara de Papá: la sonrisa primero se le congela, después se le derrite y finalmente vuelve a petrificarse en una mueca de odio:&lt;br /&gt;- El asado se come así: crocante por fuera y rosadito por dentro.&lt;br /&gt;- A mí me gusta cocido por fuera y por dentro – insiste Lautaro, pese a las pataditas que le propinan Mamá, Carla, el abuelo Strómboli y hasta la tía Anita. Y, después, fríamente, toma con las puntas de dos dedos el trozo de carne y lo deja caer directamente sobre las fauces abiertas del Cachafaz.&lt;br /&gt;- Bueeenooo....- gime Mamá – ¡un aplauso para el asadooooor!&lt;br /&gt;           Pero ya es tarde. La herida ha sido inferida. Y es profunda. Y envenenada con curare. Papá se derrumba irremediablemente. En el silencio de la siesta sólo se escucha la masticación frenética del Cachafaz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(continuará)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-2772486042085987246?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/2772486042085987246/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-xxiii-el-asadito.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/2772486042085987246'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/2772486042085987246'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-xxiii-el-asadito.html' title='Episodio  XXIII:  “El asadito ”'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-5114011161487399934</id><published>2009-02-14T08:36:00.001-08:00</published><updated>2009-02-17T08:58:37.218-08:00</updated><title type='text'>Episodio  XXIV:  “El regreso de Sandokan”</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(204, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;(en donde Malena, palangana en ristre, libra  su primera batalla contra la globalización)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A diferencia del narrador, los Pérez Strómboli se están tomando unas, no sabemos si merecidas, vacaciones. Apiñados en la casa de la tía Anita, han trasladado su desmadre cotidiano a alguna playa argentina  en donde viven la ilusión de ser felices por diez días. Bueno, tampoco tan felices, ni siquiera ilusoriamente. Por ejemplo, Papá no le habla a Lautaro por haberle criticado el punto de cocción del asado. Mamá está enojada con Papá porque Papá, para referirse a Lautaro   dice: “tu  hijo ”, con un “tu ” empapado en bastante ácido nítrico. Mamá le devuelve a Papá un “tu hija”, refiriéndose a Carla, que en efecto es hija de Papá y no de Mamá, así como Lautaro y Dante son hijos de Mamá y no de Papá. El narrador no entiende por qué se sienten ofendidos estos personajes, si al fin y al cabo no hacen más que decirse la verdad.  Por motivos que sería largo y tedioso enumerar, a los cinco días de estar ahí, Carla no le habla a Dante, Dante no le habla a la tía Anita, la tía Anita no le habla a la vecina, Papá y Mamá se hablan, pero harían mejor en callarse y el Cachafaz no le habla a nadie, gracias a todos los santos, que lo único que nos haría falta en esta historia es un fenómeno de circo.&lt;br /&gt;Otros dos que se hablan poco y nada son Malena y el abuelo Strómboli, pero éstos por motivos que nada tienen que ver con el disgusto, sino más bien todo lo contrario. Les gusta dar largos paseos silenciosos por la playa y la ciudad. Malena, con su largo vestido blanco sobre la piel morena, camina seria y callada, pero feliz.&lt;br /&gt;Varios lectores le han preguntado al narrador que cómo es eso de que una mujer joven, bellísima, inteligente, simpática, de buena posición y educada en las mejores escuelas y universidades se haya enamorado de un viejo jubilado y gruñón. Y socialista, que es algo así como ser un fósil viviente. El narrador lamenta decir que no tiene la menor idea. A veces los personajes se salen del libreto. Se podría argumentar, como explicación, que don Strómboli tiene su pinta de galán maduro, que en Malena puede haber un Edipo no muy bien resuelto, que esto es un capricho de pobre niña rica y que patatín y que patatán. Nada. No se puede entender. Pero ahí están, caminando felices y callados.&lt;br /&gt;        El abuelo Strómboli siente el repentino antojo de tomarse unos martinis en la playa. Así que se meten en un hipermercado. “Esto es Babilonia” piensa Strómboli, atacado en su extrema sensibilidad por las luces, el ruido y el gentío. Rebuscan un poco en varias góndolas y se hacen de lo necesario: martini seco, vodka, aceitunas y dos copas. Sin perder tiempo, se dirigen a la “caja rápida”. La cola es como de sesenta metros.&lt;br /&gt;         La niña a cargo de la caja está, a todas luces,  en su primer día de trabajo. Cada tres artículos consulta una lista de precios, cada cinco grita “¡anulación!”  y espera a la supervisora, que viene munida de tarjeta magnética y cara de pocos amigos. Veintisiete minutos después, la fila ha avanzado unos pocos metros y  el abuelo Strómboli comienza a ponerse nervioso. Levanta la cabeza y masculla. Saca la pipa y Malena se la vuelve a guardar en el bolsillo. Comienza a emitir carraspeos de indignación y al final dice, en voz tal vez un poco alta:&lt;br /&gt;- Cómo extraño a mi almacenero.&lt;br /&gt;Malena, que se la ve venir, le hace un gesto tranquilizador. Pero eso es como darle un caramelo “Media hora” a un león hambriento y con acidez estomacal.&lt;br /&gt;- ....Don Pancho... - dice Strómboli en voz cada vez más alta- fumaba unos charutos apestosos y tenía las uñas negras y un delantal roñoso, pero había que ver cómo envolvía los fideos sueltos en un cacho de papel. Y siempre te regalaba un chocolatín... – y sin solución de continuidad, destapa la botella de vodka y le da un largo trago.&lt;br /&gt;- Juan Carlos, me parece que eso no se  puede hacer acá... – dice Malena bajito, mirando de reojo al tipo de la vigilancia, que ha comenzado a interesarse en la escena.&lt;br /&gt;- Sí que se puede hacer, Mirá. – otro trago, del doble de extensión del primero.&lt;br /&gt;- Señor – dice  el vigilante, que se ha apersonado en cuatro largas zancadas: está prohibido consumir alimentos en el salón.&lt;br /&gt;- No te hagás problema, pibe: les pago la botella y el contenido me lo llevo puesto – otro trago, más largo todavía. Malena no sabe dónde meterse.&lt;br /&gt;- Señor, me va a tener que acompañar a la gerencia – dice el de vigilancia.&lt;br /&gt;- Dale pibe, así le convidamos al gerente – otro trago más.&lt;br /&gt;- Basta, señor – dice el esbirro  e intenta tomarlo del brazo. Strómboli se zafa, medio tambaleante&lt;br /&gt;- Pibe: yo hace sesenta años que veraneo acá. ¿Sabés que había acá, antes de que instalaran esta puta Babilonia? Una plaza. Con calesita. Y al lado estaba el almacén de don Pancho. Y un baldío en donde, bueno, se podía conversar tranquilo con la novia, ¿me entendés?. Yo estaba acá antes que ustedes y nadie me va a decir qué puedo y  qué no puedo hacer. Tomátelas. O si querés, tomate un trago- y le alcanza la botella.&lt;br /&gt;- Juaaaan Caaaaarlos – gime Malena, pero ya es tarde.&lt;br /&gt;             El de vigilancia intenta sacarle la botella. Don Strómboli da un paso atrás y le tira un manotazo. El vigilante lo agarra de las solapas. Tres uniformados se acercan  y rodean a Strómboli, que está dispuesto a vender cara su vida. El abuelo alza la botella y ataca, al grito de ¡Sandokaaaaaan!. Los esbirros tratan de agarrarlo. Strómboli está hecho una furia, pero cuatro son demasiado. El esbirro número uno se extralimita en su labor y le mete un gancho al hígado. Malena sale de su estupefacción. Le están pegando a su hombre, y la lucha es desigual. Y si hay algo que Malena no soporta, es la injusticia. Corre a la sección bazar y agarra una sartén de hierro. Se detiene en seco, porque le salta la ficha pacifista. Así que vuelve, cuelga la sartén y elige una palangana de plástico. Hecha una diosa guerrera, corre al lugar de la batalla, levanta el artefacto por encima de su cabeza, dice en voz baja “qué horror” y descarga el primer palanganazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres horas después salen de la comisaría. Malena va adelante, diciendo “quévergüenzaqué vergüenzaquévergüenzaqueverg...”. Unos pasos atrás, Don Strómboli  camina cabizbajo y con un ojo en compota. Zafaron bastante bien del asunto, aceptando pagar los daños. Malena amenazó al gerente con denunciarlos por agresión injustificada y lesiones varias. El gerente arrugó. Y además el oficial a cargo resultó ser nieto del viejo calesitero erradicado, así que, por una vez, la policía estuvo de lado del abuelo Strómboli. Algo parecido a la justicia poética.&lt;br /&gt;Pero Malena está furiosa con Strómboli. Se sienta en un banco de la placita vecina a la comisaría y se queda mirando fijo hacia delante.&lt;br /&gt;- Perdoname, mi amor...- musita don Strómboli, sentado en la otra punta del banco, con tal cara de pollito mojado que, puesto al lado, el Cachafaz parecería Humphrey Bogart.&lt;br /&gt;- ¿Que te perdone? ...te portaste como un... como un... ¡pendejo!&lt;br /&gt;- No sé que me pasó... tengo bronca adentro... es como si, no sé...&lt;br /&gt;       Malena no dice nada por un largo rato. Después se levanta, cruza la calle, se mete en un mercadito ruinoso y un minuto después sale con una botella de agua mineral y dos vasos de papel. Llena los vasos,  le da uno al compungido Strómboli, levanta el suyo y brinda:&lt;br /&gt;- Salud, mi Sandokán de cuarta...&lt;br /&gt;- Salud, mi tigrecita de Mompracem...&lt;br /&gt;              Allá enfrente el sol del atardecer brilla sobre cada rompiente.&lt;br /&gt;              Así, seguramente, brillaban las olas cuando los praos de Sandokan y Yañez   las surcaban  raudamente para ir a darle la última batalla  al maldito Rajah de Sarawak.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Emilio Salgari&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-5114011161487399934?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/5114011161487399934/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-xxiv-el-regreso-de-sandokan.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/5114011161487399934'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/5114011161487399934'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-xxiv-el-regreso-de-sandokan.html' title='Episodio  XXIV:  “El regreso de Sandokan”'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-3289536116723969535</id><published>2009-02-14T08:34:00.000-08:00</published><updated>2009-02-17T09:02:17.157-08:00</updated><title type='text'>Episodio  XXV:  “ La balsa”</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(204, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;(en donde el narrador se toma su tiempo para contestar ciertas críticas más o  menos infundadas y después  discurre acerca de la etimología de la palabra “vacaciones”, Mamá y Papá se escurren furtivamente  al quincho  y Papá lucha por su derecho a la felicidad  hasta, literalmente,  el último aliento)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Antes de continuar con este bolonqui stromboliano, el narrador  se ve en la obligación de comentar, con cierto retraso,  ciertos conceptos vertidos por el Sr. Carlos Nacher en su “Corazones de piedra”N° 16, folletín que se publica en esta misma contratapa, pero los días martes, por suerte.&lt;br /&gt;Al comienzo de ese capítulo, el Sr. Nacher desliza una serie de críticas totalmente infundadas, o casi. Veamos: es cierto que el abuelo Strómboli le da un poco al escabio, como quedó demostrado en el capítulo anterior. Mamá también le hace, de vez en cuando, a las bebidas espirituosas. Pero lo que dice acerca del Cachafaz es una calumnia. El pichicho tiene su pasado, no lo vamos a negar, pero ahora es un alcohólico recuperado. Y se daba con piña colada, no con fernet.&lt;br /&gt;Pero la cuestión de fondo es la crítica al hecho de que Papá, que evidentemente no tiene un corazón de piedra, haya perdonado el momentáneo desliz de Mamá con su ex - psicólogo. Al respecto también hemos recibido una indignada nota del M.A.S.MACHO.TE (Movimiento Anti Sumisión del Macho Telúrico), una organización nacional-fundamentalista que intenta recuperar el lugar de privilegio masculino que, mucho me temo, se ha perdido para siempre en esta era posmoderna.&lt;br /&gt;Lejos estamos de insinuar que nuestro estimado colega Nacher, dadaísta de la primera hora, pertenezca a esa organización de talibanes agauchados. Pero nos parece que su asiduo contacto con personajes de los siglos XVI, XIX y XX (Cervantes,  Sarmiento y Gardel, por nombrar solamente algunos de ellos) está afectando su percepción de la realidad tal como es hoy en día. Machos, lo que se dice machos, de esos capaces de poner orden en el mujererío con una mirada firme o, a lo sumo, con un par de sopapos, eran los de antes. Ahora sólo nos queda la corrección política. Y a lavar los platos con una alegre sonrisa.&lt;br /&gt;O a cambiar los pañales con una sonrisa más alegre todavía, tarea que, suponemos, debe estar realizando en este mismo momento el amigo Nacher, flamante papá. (¡Felicidades, familia!)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, en qué estábamos. Ah, sí. Los Pérez Strómboli de vacaciones. Palabreja rara: vacaciones. No es que la etimología sea nuestro fuerte, pero la raíz de “vacaciones” parece ser la misma que la  de palabra “vacante”, es decir, “vacío”. Las vacaciones vendrían a ser entonces, los “días vacíos”. Interesante. O sea que el resto del año está constituido por “días llenos”. Ajá. Acá el narrador podría despacharse con una sesuda disquisición acerca del sentido de nuestra forma de vida Accidental y Crispad..., perdón, Occidental y Cristiana. Pero el narrador tiene el cerebro en estado de “vacaciones”, en el más estricto de los sentidos: vacío de cualquier idea que valga la pena ponerse a teclear. Son las tres de la tarde, hace calor, estamos a fin de mes, no escorchéis. Además, para disquisiciones filosóficas la tenemos los domingos a Ethel Cristman.&lt;br /&gt;Ahora bien, si le diéramos por un rato la razón a García Márquez en lo tocante a abolir la distinción entre “s” y “z” o entre “b” y “v”, podríamos escribir tranquilamente “bacaciones”. Ahí la cosa se pone mejor, porque podríamos pensar que la palabreja en cuestión deriva de “bacante”. O mejor aún: de “bacanal”. Veamos que dice el Pequeño Espasa Ilustrado:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bacanal: adj. 1 Perteneciente al dios Baco. Se aplica a las fiestas de carácter mistérico que celebraban los antiguos  romanos en honor de este dios. U.t.c.s.// 2 fig. Orgía con mucho desorden y tumulto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bien, entonces, los Pérez Strómboli se encuentran de bacaciones. Especialmente si tomamos   en cuenta la acepción N° 2. Bueno, en realidad, digamos que la cosa tiene poco y nada de orgía (están todos amontonados en tres ambientes, sin resquicio para intimidades de ningún tipo) y mucho de desorden y tumulto (por exactamente la misma razón)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos de la mañana. Papá y Mamá, que, a no olvidar, están en plena reconciliación, han logrado escabullirse al quincho, en donde manos subrepticias han escondido una colchoneta inflable, no del todo cómoda aunque sí absolutamente apta para esos desahogos conyugales que hacen más transitable este valle de lágrimas.&lt;br /&gt;La cosa no fue fácil: antes hubo que cocinar para todo el batallón, lavar los platos, acostar a Emanuel, leerle su cuento favorito: La Ranita Que Se Hacía Popó, jugar una interminable partida de chinchón con la tía Anita y doña Raquel, partida  rociada con abundantes raciones de anís y licor de huevos, que si no no les agarra el sueño, despachar a Dante, Lautaro, Carla y Sebastián, que se fueron a bailar y encima eludir la mirada socarrona de  Don Strómboli y Malena, que vaya a saber cómo se las están arreglando en este asunto.&lt;br /&gt;Mamá, una señora de muy buen ver para sus cuatro décadas, hay que reconocerlo, está hecha una verdadera bacante: bronceada, esbelta y un tanto achispada por el licor de huevos casero. Papá, que ha poco ha redescubierto su sexualidad, está hecho no digamos un león, tampoco la pavada, sino más bien un algo así como entre   yaguareté y  demonio de Tasmania. Especialmente por la mirada de marsupial en celo. Papá arrincona a Mamá contra la puerta del quincho, hunde su rostro en el perfumado cuello y después hace una serie de cositas que no viene al caso andar describiendo. Mamá siente que un escalofrío   le recorre la columna vertebral. Suspira, gime, jadea y después susurra:&lt;br /&gt;- ¿Trajiste el inflador?&lt;br /&gt;- Te aseguro que no lo necesito – hace un mal chiste Papá sin abandonar su entusiasta dedicación al cuello de Mamá y aledaños. Pero la voz de Mamá suena helada:&lt;br /&gt;- El inflador. Para la colchoneta.&lt;br /&gt;- No.&lt;br /&gt;Silencio sepulcral.&lt;br /&gt;- Sin colchoneta.&lt;br /&gt;- Ni hablar.&lt;br /&gt;- De dorapas...&lt;br /&gt;- Menos – dice Mamá, mientras le alcanza con dos dedos la colchoneta miserablemente desinflada. Mamá le dedica a Papá una seductora  sonrisa, un tanto cachonda - Cuando termines llamame. Yo me recuesto a leer un poco&lt;br /&gt;El silencioso velo de la madrugada es rasgado como por una invisible daga hindú. Es el chijete que mete Papá dele soplar y resoplar la colchoneta como si de un náufrago a su balsa se tratara.  O tratase.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(continuará o continuarase)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-3289536116723969535?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/3289536116723969535/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-xxv-la-balsa.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/3289536116723969535'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/3289536116723969535'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-xxv-la-balsa.html' title='Episodio  XXV:  “ La balsa”'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-2827726673507767999</id><published>2009-02-14T08:30:00.000-08:00</published><updated>2009-02-14T15:25:21.803-08:00</updated><title type='text'>Episodio XXVI: "Damas de Honky Tonk"</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(153, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;(en donde después de una cinematográfica recapitulación, el narrador decide premiar los esfuerzos de Papá con un final feliz, pero poco después pierde el hilo de la historia y se despacha con una historia personal. Escritores eran los de antes)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunas escenas del capítulo anterior (volviendo a nuestra experiencia interactiva, rogamos a las lectoras y lectores (¿las damas primero?) que tarareen “Un hombre y una mujer”, onda dúo Yves Montand – Jacqueline Bisset, que no sabemos si afina pero, en sus tiempos, estaba requetebuena ):&lt;br /&gt;- Papá y Mamá se escapan al quincho con la firme intención de hacer cositas – Corte a atrevido primer plano en donde Papá hocica con entusiasmo en el cuello de Mamá y zonas adyacentes – Primerísimo primer plano de los ojos de Mamá, que pasan del arrobamiento al ceño fruncido y a la levantada de cejas - Corte a panorámica de la colchoneta, miserablemente desinflada, que cuelga en un rincón del quincho (no se puede negar que la toma es una metáfora astuta) – Corte a plano americano de Mamá, que sonríe socarrona mientras le alcanza la colchoneta desinflada a Papá, sosteniéndola con dos dedos, como si fuera una gallina desmayada – Fundido lentísimo a Papá, sentado en el suelo, soplando desesperadamente. La cámara se aleja hacia arriba. Papá se va haciendo cada vez más pequeño, perdido en la inmensidad de la noche. La toma simboliza la lucha aislada del hombre del siglo XXI contra la tiranía de los objetos impuestos por la sociedad de consumo. Fundido a negro – Fin de la recapitulación. Sí, también pueden dejar de tararear, estimadas/os lectoras/es.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acá el narrador es asaltado por la tentación del chiste facilongo, tipo la resolución burda a que nos tienen acostumbrados ciertas comedietas televisivas argentinas con altísimo rating. Por ejemplo: a la hora de los bifes, Mamá vuelve al quincho y lo encuentra a papá derrengado sobre la colchoneta a medio inflar, con los pulmones a la miseria. Nada de eso. Papá infló tanto la colchoneta que ésta acabó pareciendo un zeppelín a punto de despegar. Fue hasta el cuarto donde mamá estaba leyendo, semidormida. La cargó en brazos, la llevó hasta al quincho y la depositó con violenta ternura sobre el artefacto inflable. Lo que sigue a continuación pertenece a la historia íntima de los personajes, que también tienen derecho a su privacidad, qué joder.&lt;br /&gt;Así que vayamos a husmear la intimidad de los otros personajes. Emanuel y todos los mayores de la familia duermen a pata suelta. Bueno, casi todos. Doña Raquel permanece en vela, tratando de decidir si la torturan más los ronquidos del abuelo Strómboli o los de la tía Anita. Y eso que don Strómboli duerme en el living. Algo así como un sismo grado seis en la escala Richter escuchado desde el país de al lado. Pero esto, como situación dramática, no promete demasiado. Mejor nos trasladamos al boliche donde Dante, Lautaro, Carla y Sebastián han ido a festejar el fin de las vacaciones. Sí, a festejar.&lt;br /&gt;Acá el narrador se enfrenta a un problema insalvable, ya que no tiene la menor idea de qué cosas hacen los adolescentes en un boliche bailable. Hay que tener en cuenta que la última vez que este escriba se asomó a una disco, los Bee Gees cantaban con voz de pito “Manteniéndose vivo” Y Rod Stewart berreaba “¿Crees que soy sexy?”. Hace mucho, mucho, mucho tiempo y en una galaxia muy lejana. E. T. phone home.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hablando del tema, y aprovechando que el capítulo de hoy parece haber descarrilado definitivamente, el narrador se decide a contar una experiencia verdadera y personal, lo que, de paso, le permitirá escribir en primera persona. Esto de referirse a sí mismo en tercera es medio esquizofrenizante, salvo que uno sea Maradona.&lt;br /&gt;Hace de esto tres o cuatro años. Yo estaba en una ciudad relativamente cercana, de visita en la casa de un amigo escritor más o menos de mi edad, pero notoriamente afecto, por ese entonces, a conseguir el cariño de señoritas de menos de veinticinco. Todo un gavilán pollero. Me pidió que lo acompañara a un reducto juvenil que era su habitual coto de caza. Con cierta resignación, ya que me inclino más a gozar de los encantos que la madurez agrega a la condición femenina después de los&lt;br /&gt;ta y cinco, me decidí a ir con él.&lt;br /&gt;Nada más llegar, mi amigo me dejó solo en medio de esa semioscuridad sofocante. No era exactamente un boliche bailable, sino más bien una cueva rocker. Había cerca de quinientos pibes, adolescentes y no tanto. Nadie bailaba. No sé que hacían, salvo tomar cerveza y hablar a los gritos. Me abrí paso hasta la barra y pedí una ginebra. La música no estaba nada mal. Dos o tres metros más allá divisé a mi amigo, que estaba concentrando todos sus cañones sobre una niña de unos veintidós años, cabellera roja estilo afro, pantalón ajustado a cada una de sus curvas, ombliguito al aire, florcita tatuada al final de la columna vertebral y mirada de vení-que-te-almuerzo. Un verdadero tizón del infierno.&lt;br /&gt;Cuando terminé la ginebra, y después de constatar que mi amigo había hecho notables progresos con la pelirroja, decidí irme. Tomé la campera, emboqué con el puño la manga derecha y estiré el brazo, con tanta mala suerte que le encajé un cross a la mandíbula a un pibe que pasaba por ahí con una botella de un litro de cerveza en la mano. El chico se protegió la cara con la mano libre y gritó: “¡Eeeeh! ¡Está bien, no me pegues más, te convido”. Me gustó su sentido del humor, así que acepté la botella y le di un trago. Desde los parlantes atronaban los Rolling con su “Damas de Honky Tonk”. Iniciamos una achispada conversación. Hablamos de música, de política y de bueyes perdidos y vueltos a encontrar. Una chica petisita se acercó, meneándose al son de los Redonditos.&lt;br /&gt;- Te presento a mi novia – me dice el pibe.&lt;br /&gt;Yo me incliné a darle un beso, pero ella dio un paso atrás, señaló con el pulgar hacia la puerta de salida y graznó:&lt;br /&gt;- Éste no es lugar para los “papis”. Así que: afuera.&lt;br /&gt;- Yo no soy tu papá.&lt;br /&gt;- Igual: afuera. Acá no queremos viejos.&lt;br /&gt;Yo me quedé mirándola  callado, pero con bastantes ganas de mandarla al carajo. El pibe la tomó del brazo.&lt;br /&gt;- Che, no seas mala onda. Este tipo es recopado...&lt;br /&gt;Cuando me alejé seguían discutiendo a los gritos. El frío de la calle me golpeó de lleno y lancé una carcajada de alivio. Después de reflexionar un rato, me dije que aquella piba había actuado así porque tenía miedo. Yo era un extraño invadiendo su territorio. Un territorio hecho de tiempo y no de espacio. Lo suyo fue una verdadera defensa tribal ¿Pero por qué su novio tuvo otra actitud? ¿Una historia familiar distinta? Puede ser.&lt;br /&gt;Caminé las calladas y solitarias calles de esa ciudad desconocida pensando en este mundo de principios de milenio. Un mundo poblado por muchas, demasiadas, tribus llenas de miedo y, por lo tanto, de odio y pocos, muy pocos, seres humanos de verdad, de esos capaces de abrirse al misterio de lo desconocido.&lt;br /&gt;La mayoría de nosotros somos  todavía, mucho me temo, unos reverendos  talibanes.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-2827726673507767999?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/2827726673507767999/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/damas-de-honky-tonk_14.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/2827726673507767999'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/2827726673507767999'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/damas-de-honky-tonk_14.html' title='Episodio XXVI: &quot;Damas de Honky Tonk&quot;'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-5055796793578855065</id><published>2009-02-14T08:13:00.000-08:00</published><updated>2009-02-14T15:24:40.871-08:00</updated><title type='text'>Episodio XXVII: "Eppur si muove"</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(153, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;(en donde el narrador es atormentado por sus propios fantasmas inquisitoriales)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El narrador abre los ojos, y se encuentra sentado en medio de una inmensa sala. Frente a él, se levanta un alto tribunal de madera oscura y desgastada por el roce de los siglos. Detrás del estrado se sientan unas figuras vestidas con toga  negra  y peluquín. Con incredulidad, con espanto, el narrador reconoce los rostros   de los jueces: Gustave Flaubert, Jorge Luis Borges, Susan Sontag, Arthur Rimbaud, Julio Cortázar, Groucho Marx,   André Breton, Woody Allen, Franz Kafka,  José Saramago, Beatriz Sarlo, Roberto Arlt, Corín Tellado y Gaby, Fofó y Miliki. No hay duda: se trata de una pesadilla.&lt;br /&gt;Detrás y a los costados del tribunal se alzan infinitas graderías ocupadas por miles y miles de rostros borrosos, en los que el narrador cree adivinar algunos otros conocidos: Emilio Salgari, Jack London, Julio Verne, María Elena Walsh, Adolfo Bioy Casares, William Shakeaspere, Alejandra Pizarnik, y la formación original de Les Luthiers, que antes eran siete, como el grupo en donde guitarrea Carlos Nacher.&lt;br /&gt;Un anciano ciego, sentado en el centro del tribunal, que sobre el peluquín lleva una corona de laureles y en la mano una cítara, carraspea, arranca unos arpegios del instrumento y dice:&lt;br /&gt;- Que el acusado se ponga de pie.- El narrador se pone. Y después  abre los ojos como dos huevos fritos: ese vejete chicato es nada más y nada menos que Homero. Homero Simpson. Ahora sí que la cosa se puso amarilla de puro re-jodida.&lt;br /&gt;- Que el honorable tribunal lea los cargos – dice con voz vibrante Homero- El acusado puede sentarse.&lt;br /&gt;- Plagio Estilístico – gruñe Saramago – De mi estilo, para ser exactos. Y bastante mal, hay que decirlo.&lt;br /&gt;- Robo de Situaciones Humorísticas – acusa Groucho Marx, mientras los Luthiers asienten, con lágrimas en los ojos.&lt;br /&gt;- Corrección Política a Ultranza – sisea Rimbaud, mientras Kafka imita a una cucaracha.&lt;br /&gt;- Falta de Compggomiso con la Ggealidad Aggentina – dice Julio Cogtázag. Después dibuja una rayuela y se pone a dar saltitos con La Maga.&lt;br /&gt;- Crueldad Zoológica – dicen a coro Gaby, Fofó y Miliki, abrazando tiernamente a una Gallina Turuleca con cara de Cachafaz.&lt;br /&gt;- Digresión Permanente e Injustificada – dice Borges, haciéndose el compadrito y limpiándose las uñas con el puñal, esa víbora -Y ahí no hay quien me emparde. Si gusta, mi amigo,  lo seguimos discutiendo afuera.&lt;br /&gt;- Intromisión Excesiva del Narrador en la Historia: ¡Pérez Strómboli c’est vous même!  – Grita sulfuroso Gustave Flaubert, que ahora está igualito a Madame Bovary.&lt;br /&gt;- Escenas Románticas Trilladas y de Cuarta – susurra Corín Tellado, mientras se abanica con una de sus novelas rosa.&lt;br /&gt;Esto es demasiado para el narrador, que se pone de pie de un salto, pero es obligado a sentarse por tres mosqueteros. O cuatro, que ese asunto nunca quedó del todo claro.&lt;br /&gt;- ¿Tiene el acusado algo que decir en su defensa antes que   este Alto Tribunal dicte sentencia?&lt;br /&gt;- ¡Que rechazo todos los cargos! ¡Me niego a ser juzgado según los paradigmas de la Modernidad! ¡Esto es la  Posmodernidad! ¡En la Posmodernidad no hay plagios: hay homenajes, intertextualidad, refritaje sin fin!¡Todo es  light, descafeinado, cero calorías! ¡Todo políticamente correcto! ¡Es el fin de los grandes relatos, de la historia!¡Yo no soy yo: soy mis circunstancias!¡Una víctima del sistema!¡Mi infierno son los demás! – acá el narrador cae de rodillas ante el tribunal y solloza – ¡piedad, piedad, piedad!&lt;br /&gt;- Qué payaso – dice Miliki.&lt;br /&gt;- ¡Por favor, clemencia! ¡Escribí todo eso para ganarme unos mangos! ¡Estoy endeudado! ¡Debo dos boletas de Servicoop!&lt;br /&gt;- Dostoievsky también escribía para pagar deudas. Pero nos dejó “Crimen y castigo”, en cambio usted... – dice desdeñosamente Roberto Arlt.&lt;br /&gt;- No ha hecho más que cometer un crimen... – la deja picando Woody Allen.&lt;br /&gt;-....dejándonos un cadáver para nada exquisito – mete la cuchara André Breton.&lt;br /&gt;- ...y, por lo tanto, merece  un castigo, je, je, je...- masculla Groucho con el puro en la boca.&lt;br /&gt;“Ja-ja-ja, qué graciosos” piensa el narrador, pero no se atreve a decirlo en voz alta.&lt;br /&gt;- Ha llegado el momento de dictar sentencia. – dice majestuosamente Homero – Como prueba de la indulgencia de este tribunal, le daremos a elegir entre dos castigos.&lt;br /&gt;- Gracias, gracias, gracias – dice como buen chupamedias el narrador, sorbiéndose los mocos.&lt;br /&gt;- Castigo 1: todos los viernes de luna llena, se convertirá en liberazón.&lt;br /&gt;- ¿Y eso qué es?&lt;br /&gt;- Y... es como un lobizón ¿vio? Pero con cola y pezuñas de chanchito burgués y la cara de Carlos Men...&lt;br /&gt;- ¡No, no, no, eso no! ¡El otro castigo!&lt;br /&gt;- Bueno. Entonces el Castigo 2: deberá servir como gondoliere por toda la eternidad...&lt;br /&gt;- Bueno, eso no está tan mal: una góndola, los canales de Venecia...&lt;br /&gt;- ¿Quién habló de Venecia? La cosa es en el Riachuelo. Y se enamorará perdidamente de su única y eterna pasajera: María Julia Alsog....&lt;br /&gt;- ¡Aaaagggghhhhhhhhhh!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El narrador, espantado por su propio alarido, se despierta bañado en sudor frío. Se acerca temblequeante a la computadora y la enciende. Después se va a hacer pis.&lt;br /&gt;Dentro de la computadora, los personajes de este folletín posmoderno se ríen a carcajadas.&lt;br /&gt;- Se lo merece, por las que nos hace pasar – dicen Papá y Mamá.&lt;br /&gt;- A ver si ahora se decide a escribirnos una vida un poco mejor – dice el abuelo Strómboli mientras saca una mano a través de la pantalla y teclea con un dedo:  continuará.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-5055796793578855065?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/5055796793578855065/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/eppur-si-muove.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/5055796793578855065'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/5055796793578855065'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/eppur-si-muove.html' title='Episodio XXVII: &quot;Eppur si muove&quot;'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-7924523365629368241</id><published>2009-02-14T08:11:00.000-08:00</published><updated>2009-02-14T15:23:38.847-08:00</updated><title type='text'>Episodio XXVIII: "Great balls of fire"</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(153, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;(en donde Malena sufre un repentino ataque de gataflorismo, se suspende un concierto en plena función  y el abuelo Strómboli  debe conformarse con un solo de oboe)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestro correo de lectores ha recibido una nota del  IN.D.A.L.E.C.I.O (Instituto De  Alerta y Lucha  Extrema Contra Otros Institutos)  quejándose  de que la historia de los Pérez Strómboli avanza poco y nada . Qué podemos decir salvo que estos lectores trelewenses tienen mucha razón. El narrador está medio colifato con esto de la posmodernidad y es indudable que su excesivo apego a la experimentación formal lo ha hecho extraviarse en el laberíntico  barrio de los kinotos. Pero su subconsciente ha decidido ajustar cuentas con él,  produciéndole pesadillas como la  del capítulo anterior, así que es de esperar que este buen señor se decida de una vez a ejercer su oficio como corresponde. Por otro lado, fuentes fidedignas aseguran que el narrador anda bastante encabronado con sus personajes, que se andan haciendo los retobones. Pobrecitos, no saben lo que les espera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La escena transcurre en el departamento de Malena Lezcano. Hace unos días que los Pérez Strómboli han conseguido regresar de sus vacaciones sin tener que lamentar víctimas fatales. Malena está en el baño haciendo esas cosas misteriosas que hacen las mujeres mientras su hombre las espera en el living o en el dormitorio. Su hombre, en este caso específico el abuelo Strómboli, la espera en el living, repantigado en el sofá, mirando el Discovery Channel y dándole vueltas a la copa de martini en donde una solitaria aceituna baila su última danza sensual. En el aire flotan perfumes orientales provenientes de algunos sahumerios colocados estratégicamente. Malena sale del baño con su camisón de raso negro. El cabello, corto y oscuro, enmarca un rostro perfecto. Se detiene frente al espejo a darse una ultima retocada y con los labios hace un delicioso pucherito. Pasa frente al abuelo Strómboli arrastrando detrás de sí una tenue nube aromática. Malena huele a trébol, a sol y a miel. La piel bronceada resalta sus ojos ambarinos. El camisón revela sutilmente la curva de las caderas y la redondez de los pechos. Adivinen en qué está pensando el abuelo Strómboli.&lt;br /&gt;Malena se sienta a su lado y toma la copa servida para ella.&lt;br /&gt;- ¿Qué estás mirando?&lt;br /&gt;- A vos. Qué más puedo mirar – dice el abuelo Strómboli y la abraza.&lt;br /&gt;- En serio.&lt;br /&gt;- Nada. Unas arañitas que se comen a su mamá desde adentro. Bichos de porquería.&lt;br /&gt;- ¿Por qué? Es su naturaleza.&lt;br /&gt;- Entonces es una naturaleza de porquería. Qué rico olorcito tenés en el pelo.&lt;br /&gt;- Tenés una concepción muy antropocéntrica de las cosas – dice Malena, que por algo es antropóloga.&lt;br /&gt;- Que te recontra, por las dudas. Qué pancita tan linda y tan tibia. Cuchu cuchu cuchu.&lt;br /&gt;- Quiero decir que...&lt;br /&gt;- Ya sé lo que querés decir. Dame un besito.&lt;br /&gt;Malena le da un besito. Bueno, en realidad es bastante más que un besito, pero no vamos a entrar en detalles aquí. Haciendo honor a su apellido, Strómboli parece a punto de entrar en erupción. La sangre le empieza a correr como lava ardiente. Malena es un minón, pero además este hombre está enamorado hasta el caracú. A un tipo así no lo parás ni con bolsa mojada. Las manos de Strómboli recorren sabiamente la espalda de Malena. No hay duda de que el chabón sabe cómo hacer música con ese Stradivarius. Piannisimo. Con dolcezza. Andante ma non troppo. Piu andante. Allegro. Sforzatto. Da capo, tantas veces como sea necesario. En este tipo de piezas musicales es contraproducente comenzar, qué paradójico,  por la Introduzione. Eso es para los músicos chapuceros o principiantes. Y no es éste el caso. Bien, la cosa es que estamos a punto de llegar a la parte culminante de este concerto grosso: el dúo para violín y oboe. Un atrevido y virtuoso contrapunto instrumental en el que volarán chispas, como mínimo. Pero ( en la vida de Juan Carlos Strómboli siempre hay un pero) justo en ese momento Malena se incorpora bruscamente y se queda mirando fijo la pantalla.&lt;br /&gt;- ¿Qué pasa, mi amor?&lt;br /&gt;- Nada. No sé. Es que sos demasiado antropocéntrico.&lt;br /&gt;El abuelo Strómboli trata de pensar con claridad, pero no lo logra. En realidad, en este momento Strómboli está como Frodo Bolsón al final del Señor de los Anillos: tiene la mente fija en una gran rueda de fuego. Bueno, no es una rueda, precisamente. Un óvalo, digamos. Vertical. Ya saben de qué estamos hablando.&lt;br /&gt;- Mirá, “antropocéntrico” no sé: más bien estoy hecho un antropoide – Strómboli se golpea el pecho como un buen gorila de espalda  plateada.&lt;br /&gt;- No estoy bromeando, Juan Carlos – dice Malena secamente.&lt;br /&gt;- Pero... ¿qué te pasa?&lt;br /&gt;- No sé... no puedo...&lt;br /&gt;- ¿No podés o no querés?&lt;br /&gt;- No sé si quiero. Me siento como... lejos. No sé. Necesito pensar. Creo que tendríamos que tomarnos un tiempo... – y así, sin transición, Malena declara cancelado el concierto por tiempo indefinido.&lt;br /&gt;El volcán Strómboli queda reducido a una miserable fumarola. Es que el hombre tiene la suficiente experiencia como para advertir las resonancias fúnebres  de la frase “tendríamos que tomarnos un tiempo”. Esas palabras han sido esculpidas demasiadas veces en las lápidas de las tumbas de los más grandes amores.&lt;br /&gt;Malena se levanta lánguidamente, va hacia la ventana y se queda mirando la ciudad  que brilla allá abajo. Strómboli la mira. Malena está más hermosa que nunca. Un verdadero Lucero del Alba. Pero distante como Betelgeuse. O tal vez unos años luz más allá.&lt;br /&gt;- Creo que mejor me voy – dice el abuelo Strómboli. Ya se sabe: soldado que huye, etcétera. Pero al levantarse y tomar sus llaves de la mesita ratona, advierte que, bajo unos papeles, asoma un sobre festoneado con los colores nacionales franceses. El nombre de Malena aparece escrito por una firme letra varonil.&lt;br /&gt;- Malena: ¿tenés algo que decirme?&lt;br /&gt;- No – un largo silencio - Mañana te llamo- Malena se da vuelta y le da un beso en la mejilla.&lt;br /&gt;       Cinco minutos después, en el ascensor, el abuelo Strómboli desciende hecho un guiñapo. Un guiñapo muy dolorido en su parte media, además. Es que han comenzado a hacerse sentir los  efectos de las grandes cantidades de lava que pugnan por salir al exterior. Un dolor de aquellos.&lt;br /&gt;Corte a plano general. Una calle oscura, solitaria y larga, demasiado larga. Una figura de hombre camina dificultosamente por el centro de la calzada. Lleva las manos en los bolsillos y  el alma, y otras partes de su anatomía,   atravesadas por profundos, lacerantes dolores.&lt;br /&gt;Mientras la pantalla funde lentamente a negro, se escucha un triste, melancólico solo de oboe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(continuará)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-7924523365629368241?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/7924523365629368241/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/great-balls-of-fire.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/7924523365629368241'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/7924523365629368241'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/great-balls-of-fire.html' title='Episodio XXVIII: &quot;Great balls of fire&quot;'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-6720498946928344577</id><published>2009-02-14T08:08:00.000-08:00</published><updated>2009-02-14T15:19:43.764-08:00</updated><title type='text'>Episodio XXIX: "Todos tienen algo que esconder excepto yo y mi mono"</title><content type='html'>&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0); font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;(en donde el Cachafaz sufre un doloroso encuentro con los aforismos de José Naroski, el abuelo Strómboli se quiere morir y comprobamos que Mamá tiene cierto  parecido con el Avispón Verde)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han pasado varios días desde aquella noche fatal en la que Malena, aduciendo oscuras razones, o, más bien, no aduciendo ninguna, le cortó el mambo al abuelo Strómboli. Así que aquí lo tenemos a este viejo caballero indigno, hecho un ánima en pena. Tirado en el  sofá, con una barba de seis días y un cansancio de casi siete décadas, Strómboli masculla incoherencias.  El mostacho blanco se   ha vuelto  amarillento y se le escurre por los costados de la boca como sendos canarios muertos. Juan Carlos Strómboli sufre la peor de sus penas de amor. Y eso que  ha tenido unas cuantas.&lt;br /&gt;El Cachafaz, que es por lejos el habitante más empático y afectuoso de esta casa, trepa al sofá y anida en el hueco de su estómago. Con aire distraído, el abuelo acaricia y palmea la cabeza del pichicho, que malinterpreta el gesto como una invitación a jugar. La alegría resultante  provoca en el cánido una descarga adrenalínica que actúa inmediatamente sobre el microchip que tiene puesto en lugar del cerebro. El Cachafaz se pone a saltar sobre el estómago del abuelo, machucándole de paso las partes pudendas. Ahora vemos al Cachafaz cruzar raudo los aires del living, pasar por encima de la cabeza de Mamá y estrellarse finalmente contra la biblioteca. El Cachafaz, por puro instinto de conservación, clava las zampitas en las filas de libros. Durante una fracción de segundo logra un  precario equilibrio, pero después se viene abajo arrastrando consigo Los Aforismos Completos de José Narosky, específicamente los tomos 8 y 9, libros pesados si los hay. Los libracos le dan en el marote, provocando que el Cachafaz emita  un aullido desgarrador y emprenda  una huída hacia lugares menos insalubres.  De más está decir que reprobamos enérgicamente esta violencia inútil y que nos solidarizamos con el sufrimiento del Cachafaz, pobre almita inocente.&lt;br /&gt;- ¡Papáaaa, mirá lo que le hicistes a los libros! – rezonga Mamá, evidentemente mucho menos empática que el Cachafaz, para nada tan solidaria como nosotros y bastante floja en gramática.&lt;br /&gt;- Vafanculo. – dice el abuelo Strómboli y voltea hacia la pared.&lt;br /&gt;- Mirá, papá, no te la agarrés conmigo ¿eh?&lt;br /&gt;- Vafanc...&lt;br /&gt;- ¡Terminala con esa palabrota!&lt;br /&gt;- No es una palabrota: son cuatro. Va – fa – n’- culo. No entendés nada de napolitano básico.&lt;br /&gt;         Mamá respira hondo mientras cuenta hasta diez. La saludable oxigenación de su cerebro le permite vislumbrar que, si su papá está en condiciones de utilizar su habitual sarcasmo, entonces la cosa tal vez no sea tan grave. Decide sondearlo sutilmente:&lt;br /&gt;- Papi: ¿se puede saber qué carancho  te pasa?&lt;br /&gt;- No. Y, por favor, no digas “carancho”. Se dice “carajo”. No sea  mal hablada, m’hija.&lt;br /&gt;- Es por Malena ¿No?&lt;br /&gt;- ¿Qué Malena?&lt;br /&gt;- Papá: no te hagás el otario.&lt;br /&gt;- Soy un otario.&lt;br /&gt;- ¿Qué pasó? ¿Se pelearon? Esas son pavadas. Vas a ver que mañana van a estar bien otra vez.&lt;br /&gt;- Me dijo que “se quiere tomar un tiempo”.&lt;br /&gt;- Ah. Un tiempo. – y la voz de mamá suena lo suficientemente lúgubre como para que Strómboli se de vuelta y la mire por primera vez.&lt;br /&gt;- ¿Qué quiere decir ese “ah”?&lt;br /&gt;- Nada. – dice Mamá, pero pone cara de “yo sabía que esto iba a pasar”&lt;br /&gt;- Me quiero morir. – dice el abuelo Strómboli, dándose vuelta otra vez contra la pared.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A unas cuantas cuadras de allí, en su departamento, Malena Lezcano no la está pasando mucho mejor. Eso sí, tiene un aspecto mucho más presentable que el del abuelo Strómboli. Envuelta en una bata blanca, se la ve muy hermosa y muy triste.&lt;br /&gt;Sobre la mesa ratona, al lado del portarretratos con la foto de Juan Carlos Strómboli, está el misterioso sobre venido de Francia. Malena lo toma, saca un papel amarillo, lo desdobla y lo lee por enésima vez. Los ojos se le llenan de lágrimas. Se recuesta en el sofá y cierra los ojos durante mucho tiempo.&lt;br /&gt;Una hora después se levanta, va hasta su habitación, se saca la bata y comienza a vestirse. Después va al baño y se maquilla lo suficiente como para disimular las huellas del llanto. Justo en ese momento suena el portero eléctrico. Malena atiende y dice “ya bajo”.&lt;br /&gt;Abre la puerta para salir al palier, pero se detiene un momento. Después regresa, va hasta la mesita ratona, toma el retrato de Strómboli y lo guarda en un cajón de la biblioteca. Ajá. Conque ésas tenemos.&lt;br /&gt;Frente a la puerta del edificio, un hombre espera mirando fijamente hacia el interior. Malena  sale del ascensor y camina hacia la puerta. A través de los cristales ve al hombre. Se detiene. Ambos se miran larga e intensamente separados por el frío paño de cristal. Después abre lentamente la gran hoja de madera y vidrio, avanza unos pasos y se arroja, literalmente, a los brazos del desconocido. Desconocido para nosotros, claro. Parece que Malena Lezcano tiene sus secretitos.&lt;br /&gt;En la vereda de enfrente, escondida detrás de un diario y de unos anteojos negros que le dan cierto parecido con el Avispón Verde, Mamá presencia pasmada toda la escena. Espera que ambos entren al edificio, baja el diario, se saca los anteojos y después murmura:&lt;br /&gt;- Ajá. Conque esas tenemos – el narrador sabe que la frase no es muy original y que, pa’peor, está escrita unas líneas más arriba, pero por el momento no se le ocurre nada mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(continuará)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-6720498946928344577?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/6720498946928344577/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/todos-tienen-algo-que-esconder-excepto.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/6720498946928344577'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/6720498946928344577'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/todos-tienen-algo-que-esconder-excepto.html' title='Episodio XXIX: &quot;Todos tienen algo que esconder excepto yo y mi mono&quot;'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-6844033193325236979</id><published>2009-02-14T08:06:00.000-08:00</published><updated>2009-02-14T15:17:48.082-08:00</updated><title type='text'>Episodio XXX: "Percanta que me amuraste"</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(153, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;(en donde Mamá decide tomar al toro por los cuernos, una metáfora muy bien puesta en este caso,  y hábilmente induce al abuelo Strómboli a que vaya a ver a Malena, que, como ya sabemos, ha recibido una misteriosa visita masculina)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Mami... ¿qué le paza al abuelo? ¿Ze murió? – pregunta Emanuel, al advertir que su abuelo, después de arrojarle unos cuantos balines de plástico con su flamante pistolita de aire comprimido, no se ha movido  ni ha rezongado siquiera el mínimo vital y móvil.&lt;br /&gt;         Mamá echa una mirada a su papá, que sigue en estado semicatatónico desde que Malena lo mandó a dique seco.&lt;br /&gt;- No, mi amor, el abuelo no se murió – dice  Mamá con esa sonrisa pedagógica que le sale tan bien. ¿Ves que todavía hecha humo?...- en efecto, la pipa del abuelo permanece encendida día y noche.  Mamá le permite ahumar cortinas y paciencias, un poco por compasión y otro poco porque esa nube de humo ajeno le permite esconder o al menos postergar el momento  de decirle a su padre que    ha visto a Malena  arrojarse, literalmente, en brazos de otro hombre.&lt;br /&gt;Hace menos de una hora que Mamá, disfrazada de Avispón Verde, ha comprobado que la susodicha recibió en su departamento a un señor que, caramba- piensa mamá- parecía tener la misma edad que el abuelo Strómboli. A esa chica algo no le funciona. Mirando su reloj, Mamá calcula que todavía está  a tiempo. Tiene que enfrentar a su padre con la verdad. Su progenitor necesita un tratamiento de shock. Mamá decide jugarse el todo por el todo. Va y se para frente a su padre:&lt;br /&gt;- Mirate un poco, papá... vos sufriendo ahí como un chico y, quién sabe, ella ya está en otra cosa... – convengamos que lo de mamá no es muy sutil.&lt;br /&gt;- Dejame en paz.&lt;br /&gt;- ¿Por qué no vas hasta la casa y enfrentás la situación? Y de paso le pedís que me devuelva la fuente de porcelana que le presté – dice mamá, uniendo lo útil a lo agradable. Ha llegado la hora de la venganza, je, je, je.&lt;br /&gt;El  abuelo Strómboli está hecho puré, pero no lo suficiente como para no darse cuenta que su hija ha decidido hacerle la vida imposible. Puede quedarse ahí y aguantar la munición gruesa de la artillería filial o salir y dar una vuelta. Ni loco va a ir a ver a Malena. Le dio su palabra de mantenerse lejos. Pero la insidia de su hija le queda picando en algún rincón de su castigado subconsciente.&lt;br /&gt;Strómboli se levanta. Sus vértebras lumbares protestan de manera casi audible. Son la única parte de su cuerpo que asumen la edad que les corresponde y de paso le recuerdan que ya está más cerca del arpa que de la guitarra. “Mientras hay dolor hay vida” piensa Strómboli con ese pesimismo filosófico de cuarta que lo caracteriza. Llama al Cachafaz y le muestra la correa. El animálculo  comienza su número de circo habitual: saltos de canguro, cabriolas y carreritas  que terminan de muy mal modo cuando Emanuel  se le echa encima con todo el peso de su cuerpo y lo inmoviliza el tiempo suficiente como para colocarle  el collar.&lt;br /&gt;Así que ahí van, hombre y perro, perro y hombre, rumbo a la placita donde el hombre conoció a Malena y el perro a Lupita, la fox terrier de Malena. Masoquismo puro. Pero el abuelo pertenece a la vieja escuela romántica. “Polvo serán, más polvo enamorado” le recita Strómboli a sus vértebras mientras se sienta en el banco a sufrir gozosamente. Qué tipo. El Cachafaz, que nunca leyó a Quevedo, demuestra un sentido de la practicidad realmente canino y, olfato mediante, comienza a seguir un tenue rastro de feromonas que le recuerdan días mejores. Las feromonas fueron dejadas, no hay duda, por la casquivana Lupita, que terminó prefiriendo a un setter irlandés, amalaya, triste destino  el de los machos de esta familia. “Malena, Malena querida, soy yo, soy Strómboli”...  parafrasea Strómboli. El Cachafaz (que tampoco leyó a Borges porque, además de resultarle muy complicado, el viejo ciego le dedicó un poema al gato Beppo, una ofensa difícil de perdonar) no está para citas literarias. Siguiendo las urgencias de la carne se encamina derechamente al edificio en donde vive su amada Lupita. Sin darse cuenta de lo que realmente está haciendo, Strómboli lo sigue. Frente a la entrada del edificio el Cachafaz se pone a dar los consabidos saltos de canguro. El abuelo Strómboli levanta la vista y ahí ve, a través de la ventana del segundo piso, la inconfundible silueta de Malena muy cerca de la inconfundible silueta de un hombre. Un hombre que, obviamente, no es él. Toda la sangre siciliano- calabresa de Strómboli entra en ebullición. Envuelto en la nube roja y negra de la ira y los celos, aporrea el portero eléctrico.&lt;br /&gt;- Abrime por favor – dice con un susurro ronco cuando Malena pregunta quién es.&lt;br /&gt;Después viene un silencio que dura una eternidad. Bueno, no tanto. Digamos que dura unos cuarenta y siete segundos.&lt;br /&gt;      Un leve zumbido franquea la entrada. Strómboli y el Cachafaz se meten al ascensor. Van dispuestos a pelear por sus hembras. En realidad el Cachafaz está bastante sosegado: el tipo, teniendo en cuenta el tamaño del setter irlandés, prefiere una solución conversada.&lt;br /&gt;Strómboli toca el timbre del departamento. Un cuchillo de hielo le está abriendo un tajo desde el corazón a la garganta. El Cachafaz siente ganas de hacer pis. La puerta comienza a abrirse. Aparece Malena, con la mano en el picaporte y los ojos llenos de lágrimas.&lt;br /&gt;- ¿Quién es, Male? – pregunta una profunda voz de barítono desde el interior del departamento. Malena no contesta. Más  bien pega un saltito de susto, porque el Cachafaz, oliendo a Lupita, acaba de hacerle cañito entre las piernas, dándole un poco de cosquillas.&lt;br /&gt;- Pasá – le dice Malena a Strómboli. Strómboli entra, caminando como si se dirigiera al patíbulo. La puerta se cierra lentamente, dejándonos afuera.&lt;br /&gt;       Tanto el narrador como los lectores se quedan mirando estúpidamente un cartelito pegado en la puerta  con cinta scotch que dice: continuará.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-6844033193325236979?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/6844033193325236979/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/percanta-que-me-amuraste.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/6844033193325236979'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/6844033193325236979'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/percanta-que-me-amuraste.html' title='Episodio XXX: &quot;Percanta que me amuraste&quot;'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-8838576150001009873</id><published>2009-02-14T08:04:00.000-08:00</published><updated>2009-02-14T15:16:41.530-08:00</updated><title type='text'>Episodio XXXI: "Efecto túnel"</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(153, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;(en donde este folletín posmoderno alcanza alturas decididamente místicas y de paso nos enteramos de que Dios no atiende en Buenos Aires)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El túnel está hecho de pura luz y parece ser  infinito. Al final del túnel brilla una luz cegadora. Juan Carlos Strómboli asciende flotando. Una fuerza suave pero irresistible  lo está arrastrando hacia aquella incandescencia. A su alrededor revolotean unos seres como fugaces pájaros transparentes. Hay un silencio absoluto que no es en absoluto silencio, sino el minucioso entretejido de delicadas voces. “Son ángeles” piensa Strómboli “ y están cantando”. Algo lo hace mirar hacia abajo. Para qué. Allá abajo está su cuerpo. Demasiado quieto. Alrededor hay unas cuantas personas, entre las que reconoce a Malena Lezcano. Malena está llorando.&lt;br /&gt;La conclusión a la que llega Strómboli es obvia: se murió. Crepó. Kaputt. Out. Cést fini. Disculpen los lectores este exceso políglota, pero la ocasión lo amerita.&lt;br /&gt;Pero, un momento: ¿cómo que se murió Strómboli?  ¿Si la última vez que lo vimos estaba vivito y coleando, entrando con el Cachafaz al departamento de Malena?. Bueno, en honor a la verdad hay que decir que el único que coleaba era el Cachafaz. Pero Strómboli estaba indudablemente vivo, a pesar de carecer de apéndice caudal. ¿Cómo llegamos  a esto? Mejor retrocedamos algunas escenas. ¿Dónde está el maldito control remoto? Ah, sí. A ver: “rew”. Ya está.&lt;br /&gt;Strómboli y el Cachafaz entran al departamento. El Cachafaz va directo hasta la cucha de Lupita, ubicada en el balcón terraza trasero.  Strómboli, en cambio, se queda parado en mitad del living. Siente estar viviendo una pesadilla. Por detrás de Malena, que lo mira con lágrimas en los ojos, aparece la figura de un hombre. Tiene más o menos la misma edad que Strómboli, pero está vestido con un impecable traje de Kenzo. En la muñeca brilla un Rolex de oro. Lo que se dice un verdadero pez gordo. O un verdadero chancho burgués, para más precisiones político-zoológicas. Strómboli está a punto de preguntar “quién este tipo” o algo así. Levanta el dedo índice para señalarlo. En ese momento el tipo sonríe. El gesto, deslumbrante como un flash, dispara en la mente de Strómboli una sucesión de fotografías en las que brilla esa misma sonrisa:  el tipo junto al presidente del Banco Central, el tipo abrazando al enviado del FMI, el tipo en Punta del Este al lado de la modelito de turno, el tipo cazando avutardas en el Chubut junto a Ted Turner, el tipo atrás del sillón presidencial, el tipo viajando a Washington a transar un crédito de miles de millones, el tipo rajándose a Europa con un par de valijas en las que se llevaba una buena parte de esos miles de millones, dejando atrás tierra arrasada.&lt;br /&gt;- Yo a usted lo conozco... – dice Strómboli con un nudo en la garganta – Usted es... se llama...&lt;br /&gt;- Se llama Juan Felipe Lezcano Acevedo- dice Malena. Y agrega con un hilo de voz:  es mi papá.&lt;br /&gt;- ¿Tu papá? Mi amor, entonces tengo que decirte que tu papá es un recontra hijo de mil... - Strómboli siente que una garra helada se le mete en el pecho y le estruja el corazón, haciéndolo caer de rodillas – de mil... puta... - alcanza a decir antes de caer como fulminado del rayo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ahora Strómboli ha dejado atrás esas cuestiones sin importancia. Ahora todos sus sentidos están absortos en la luz brillantísima que cada vez está más cerca. Al final del túnel sólo hay esa luz. Se respira un aroma de rosas y jazmines del país. La luz no está quieta: es como un remolino de nubes iridiscentes que irradian paz. Paz y una alegría majestuosa. Strómboli siente que esa alegría lo invade. Se siente niño otra vez. Se sumerge en la luz y revolotea como un gorrión dentro de esa gloria infinita. Se ríe a carcajadas.&lt;br /&gt;- ¡Pero esto es DIOS! ¡Pero entonces Dios EXISTE! – grita sin poder contenerse.&lt;br /&gt;- Claro que existimos, tarado. – dice una Voz que parece venir de todas partes a la vez.&lt;br /&gt;- ¿”Existimos?” ¿ Son más de uno, entonces? – pregunta Strómboli sin asustarse por el efecto tipo Dolby cuadrafónico y sintiéndose más curioso que ofendido.&lt;br /&gt;- No. Somos uno solo. Pero hablamos así. Qué vachaché.&lt;br /&gt;- Oiga. Usted habla como un argentino.&lt;br /&gt;- Sí. Para que podamos entendernos mejor. Pero, lamentamos decepcionarte, no somos argentinos ni atendemos en Buenos Aires. En realidad no atendemos en ninguna parte, salvo aquí, claro.&lt;br /&gt;- Bueno, es un honor conocerlos, señores... Señor- se  apresura a corregir Strómboli.&lt;br /&gt;- Veamos: Juan Carlos Strómboli, periodista jubilado, anarquista, divorciado dos veces, mujeriego, cabrón malhumorado y... ateo. No es lo que se dice un currículum  impresionante...&lt;br /&gt;- Bueno, Señor, puede tachar lo de “ateo”, si gusta, je.&lt;br /&gt;- ¡Ah! : ver para creer ¿no?&lt;br /&gt;- Y... sí... pero no lo tome como nada personal ¿vio?. La influencia del positivismo, esas cosas...&lt;br /&gt;- Para Nosotros todo es personal. No nos queda otra. Pero no tenemos nada contra los ateos.  Al menos hacen la suya sin intentar negociar con Nosotros después, prendiéndonos velitas.&lt;br /&gt;- Al final resultó ser  bastante piola, usted. Digo: Usted.&lt;br /&gt;- No  hace falta que pases de ateo a chupamedias, hijo. Ustedes los humanos no tienen término medio, caramba. Bueno, gracias por la visita.&lt;br /&gt;- ¿Cómo? ¿No me voy a quedar?&lt;br /&gt;- No. Tenés que volver a terminar un par de cositas. Te prometo que volveremos a encontrarnos.&lt;br /&gt;- ¡Pero no me quiero ir! ¡Me gusta acá! – patalea Strómboli&lt;br /&gt;- Arrivederci, Strómboli. A ver si Nos mejora ese carácter.&lt;br /&gt;Y  acá lo tenemos a Juan Carlos Strómboli, bajando por el mismo túnel por el que llegó, pero esta vez sin coros celestiales y a velocidad crucero.&lt;br /&gt;El sacudón de la llegada le hace abrir los ojos. Tarda un rato en enfocar y en reconocer en dónde está. Una habitación blanca, llena de aparatos que hacen bi-bip. Alrededor de su cama están Malena, el padre de Malena, Mamá y  Papá.&lt;br /&gt;- ¿Y ustedes qué catzo están mirando? - gruñe, ya definitivamente él mismo, el abuelo Strómboli.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(continuará)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-8838576150001009873?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/8838576150001009873/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/efecto-tunel.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/8838576150001009873'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/8838576150001009873'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/efecto-tunel.html' title='Episodio XXXI: &quot;Efecto túnel&quot;'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-2241403510842768642</id><published>2009-02-13T15:53:00.001-08:00</published><updated>2009-02-14T15:15:46.706-08:00</updated><title type='text'>Episodio XXXII: "Il blue dipinto di blue"</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(153, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;(en donde el narrador gasta medio capítulo en sus delirios utópicos, Emanuel sale en la televisión y los diarios, el Cachafaz hace popó y Malena cuenta el secreto de su vida)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El más inocente de los vicios de este narrador, que tiene pocos, aclaremos, consiste en parar   a media mañana  a tomarse un café y leer los diarios en  el bar de una estación de servicio que le queda de paso a todas partes. Una mañana de viernes, el narrador llega, pide café, despliega el diario y allí se entera de que el Presidente llama a boicotear a cierta  compañía  petrolera. Levanta cautelosamente la vista y comprueba que, efectivamente, está   en una  estación de servicio que expende los productos de  dicha compañía. El narrador comienza a sudar frío ¿El boicot incluye también el café o sólo nafta y aceites? ¿Será tachado de traidor a la patria? La neurosis del narrador trepa a grados inconcebibles. En esos sufrires anda, cuando una joven señora se acerca y le dice que no se pierde un solo capítulo de los Strómboli y que espera ansiosamente el diario de los viernes. El narrador duda entre sentirse orgulloso o culpable.  Opta por sentirse culpable de provocar la  ansiedad de tan simpática lectora. Para disimular,  le pregunta a qué se dedica. Pregunta estúpida si las hay. “Nada que ver con lo tuyo” – dice la joven – “Soy abogada” y después se despide amablemente.&lt;br /&gt;El narrador le queda, finalmente, muy agradecido, pero después se pone a  pensar en ese “nada que ver con lo tuyo” dicho casi como una disculpa. Y es  que yendo a lo profundo de esa frase, que todos usamos alguna vez en circunstancias similares, se palpa   la fisura en la que venimos naufragando. En nuestra sociedad hay demasiados compartimentos estancos. Si sos abogado no tenés nada que ver con la literatura o la poesía. Si sos poeta no se te ocurra opinar sobre las leyes. Si sos ama de casa no entendés nada de macroeconomía. Si sos albañil nada tenés que hacer con Platón ni con Juan Gelman. Si sos filósofo conformate con tu nube de pedos. Pues bien, este narrador aspira a un mundo tal vez más loco, tal vez más justo: un mundo en donde las amas de casa sean ministras de economía y los albañiles levanten edificios con ladrillos de puro pensamiento y los filósofos se arremanguen para hacer pan y los abogados digan poesía en las plazas y los poetas escriban leyes endecasílabas o, mejor aún, en verso libre. Será justicia, entonces, pero justicia poética.&lt;br /&gt;Y ahora vamos al capítulo de hoy, que salirse del libreto es muy divertido  pero hay que ganarse el garbanzo cotidiano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noticia de que el abuelo Strómboli ha tenido un tête a tête (perdón) con el mismísimo Creador ha corrido como reguero de pólvora. Bueno, esa metáfora es del el siglo XIX. Ahora, para no caer en anacronismos, deberíamos hablar de ondas electromagnéticas, fibras ópticas y otras paparruchas tecnológicas. Qué aburrido es el siglo XXI.&lt;br /&gt;La cuestión es que, nunca sabremos cómo, la aventura celeste de Juan Carlos Strómboli llamó la atención de los medios masivos de incomunicación, cuyos representantes montan guardia permanente frente a la casa de esta sufrida familia desde que el abuelo fue dado de alta. Hasta ahora lo único que han logrado es una foto del Cachafaz haciendo popó en el jardín y una declaración de Emanuel que se convirtió en titular de varios diarios  y revistas new age: “Mi abuelo ez amigo de Dioz”&lt;br /&gt;Y eso no es todo: una delegación de viejitos anarquistas  vino a pedirle permiso a Strómboli para estampar remeras con su cara y el slogan “Dios es ateo”. Strómboli los sacó carpiendo. Aunque reconoció que la cosa tiene su lógica: ya que ¿en qué dios puede creer Dios?  Los viejitos, que querían juntar unos mangos para arreglar la cancha de bochas, salieron más que compungidos.&lt;br /&gt;La situación alcanzó ribetes dramáticos cuando la familia comenzó a recibir amenazas vía telefónica de distintos grupos fundamentalistas musulmanes, judíos y cristianos. Los milagros suceden: todos estos grupos, enemigos irreconciliables entre sí, han logrado ponerse de acuerdo en una cosa: hacer puré al impío Strómboli.&lt;br /&gt;La cuestión es que el bolonqui alcanza ya dimensiones nacionales. Entre las consecuencias de esta difusión, se verifica, no sabemos si para bien, un aumento de las ventas de los libros de Víctor Sueyro.&lt;br /&gt;Pero, mientras tanto: ¿qué sucede en el interior de la residencia Pérez Strómboli?&lt;br /&gt;Papá sigue todas las alternativas del caso por televisión.&lt;br /&gt;Mamá ha comenzado a escribir una biografía de su padre. Está contenta porque piensa que por fin va a poder hacerse de unos morlacos a costa del mambo familiar.&lt;br /&gt;Dante y Lautaro también han instalado su propio negocio, armando en el quincho una especie de mercado negro en donde trafican recuerdos del abuelo Strómboli: hasta ahora han vendido un par de medias agujereadas, una camiseta de frisa y una maquinita de afeitar usada (con restos de Auténtico Vello Facial)&lt;br /&gt;Carla y Sebastián, bueno, andan por ahí, mejor no averiguar.&lt;br /&gt;Emanuel está encantado con sus fotos de los diarios y revistas. Se la pasa recortando y pegándolas   en las paredes de su cuarto.&lt;br /&gt;El abuelo Strómboli está que trina: no puede fumar, ni tomar vino, ni hacerle mimitos hard core a su novia.&lt;br /&gt;La pobre Malena, en este momento, está contándole toda la verdad acerca de su padre: las peleas que tuvieron cuando, siendo ella una adolescente, descubrió que la mayoría de los ingresos familiares provenían de esa pobre lata llamada eufemísticamente “Tesoro Público”; el abandono que habían  sufrido su madre y ella cuando el tipo se rajó con las valijas chorreantes de dólares ajenos;  el juramento de olvidarse para siempre de su padre; la vergüenza por no poder haber podido cumplir ese juramento; el por qué ella se había alejado de Strómboli, pensando que él no le perdonaría ser hija de semejante pelafustán. Mientras habla, Malena llora serenamente.&lt;br /&gt;Strómboli la mira embobado. Vuelve a escuchar aquella Voz diciéndole como medio en joda: “Tenés que volver a terminar un par de cositas”.&lt;br /&gt;Strómboli piensa que, sean cuales sean esas “cositas”,  al menos una de ellas   tendrá  mucho que ver con Malena Lezcano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(continuará)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-2241403510842768642?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/2241403510842768642/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/il-blue-dipinto-di-blue.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/2241403510842768642'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/2241403510842768642'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/il-blue-dipinto-di-blue.html' title='Episodio XXXII: &quot;Il blue dipinto di blue&quot;'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-1040496857710439301</id><published>2009-02-13T15:49:00.000-08:00</published><updated>2009-02-17T09:30:55.645-08:00</updated><title type='text'>Episodio XXXIII: "Tarde de perros"</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(153, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(En donde después de un breve repaso de la situación, el narrador chambonea una aproximación freudiana al aparato psíquico de papá, con resultados nada alentadores, y después lo sigue  en su eterno periplo en busca de un trabajo digno, o algo así)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Capítulo treinta y tres. Qué buen momento para decir, como José Hernández en el Martín Fierro que “en treinta y tres me planto”. O al menos para echar la falta envido. Pero  no hay caso, hay que seguirla yugando con esta familia de  locos.&lt;br /&gt;La cosa está así: don Strómboli viene de zafar milagrosamente, dicho sea esto con toda propiedad, de un infarto y hace como un mes que se alimenta a sopita, nada de alcohol ni tabaco y mucho menos de sexo: digamos que Strómboli está más insoportable que nunca, lo que ya es mucho decir. Malena se ha reencontrado con su padre, a quien había jurado no volver a ver desde que este hachedepé se había rajado del país con par de valijas repletas de dólares producto de ciertas maniobras non sanctas realizadas prolijamente desde su puesto en el Ministerio de Economía. Así que ahí anda esta buena y suculenta muchacha: desgarrada en un conflicto interno provocado por su lealtad simultánea a un novio anarquista y un padre neoliberal, ambos exponentes extremos de su respectiva especie. Y además los dos son de aproximadamente la misma edad, así que el complejo de Electra de la pobre Malena está que arde.&lt;br /&gt;Mamá sigue escribiendo la biografía de su padre. Biografía no autorizada, por supuesto.  Y cuando Juan Carlos Strómboli se entere de lo que su hija está escribiendo ahí, no sólo seguirá siendo no autorizada sino que lo más probable es que pase a ser una biografía incinerada. Junto a la autora del mamotreto.&lt;br /&gt;Otro que las está pasando canutas es Papá: desde hace meses sin trabajo, la autoestima del tamaño de una boñiga de cabra, acosado por los acreedores pero mucho más por un superyó bastante parecido a Hannibal Lecter, un superyó caníbal que le roe los riñones y el alma mientras el yo se le acucaracha kafkianamente y el ello se dedica al pataleo con justa causa, ya que nadie le da pelota.&lt;br /&gt;Y ahí lo tenemos, propiamente hecho una kafkita, con el diario bajo el brazo, haciendo  antesala  en las oficinas de un banco al que ha ido a pedir empleo junto a otros ciento dieciséis postulantes. En realidad ya ha pasado la primer ronda, atendida por el personal subalterno del banco. Le han dicho que espere, que el señor gerente, en persona,  desea hablar con él. Iluminado por una tenue luz de esperanza, Papá se sienta en el hall y espera y espera y espera. Durante la amansadora, a falta de mejor ocupación,  procede a una detallada inspección ocular del personal femenino del banco. No hay gran cosa, salvo la morocha de ojos claros de la privada del gerente, que cruza y descruza las piernas debajo del escritorio mientras lo mira con absoluto desprecio.&lt;br /&gt;Resignado, Papá cierra los ojos y se dedica a su pasatiempo favorito: imaginar que se mudó a otro planeta. Un planeta sin bancos  ni deudas ni morochas de ojos claros y fríos como el hielo.&lt;br /&gt;- Señor Pérez...&lt;br /&gt;...un planeta con forma de cubo, como el Mundo Bizarro de Superman. Un mundo donde todo sea al revés, un mundo donde...&lt;br /&gt;-¡SEÑOR PÉREZ! – Papá abre los ojos y ve a la morocha que lo mira casi furiosa. Bueno, se puede decir que este hombre todavía es capaz de despertar emociones en una mujer hermosa – El señor gerente lo va a recibir ahora. Sígame por favor...&lt;br /&gt;Papá, cómo no, la sigue. Con cierta triste satisfacción comprueba que el trasero de la morocha está a la altura de sus ojos. Claro que esto lo decimos de manera metafórica, si no estaríamos hablando más de un cuadro de Picasso que de una señorita en edad de merecer.&lt;br /&gt;La morocha abre la puerta del enorme despacho y lo deja pasar como quien mira pasar un cadáver de perro flotando en el Riachuelo. A la pasada, Papá aspira una buena bocanada de perfume francés, un aroma que lo hace pensar en jazmines y manadas de lobas en celo. En el escritorio hay un gordo pelado, repantigado en su sillón de cuero y con las manos detrás de la nuca. El pelado lo mira, muestra todos los dientes en algo parecido a una sonrisa y dice:&lt;br /&gt;- ¡Qué hacé, gayego!&lt;br /&gt;- ...perdón – tartamudea Papá... -¿Nos... nos conocemos...?&lt;br /&gt;- ¿Qué? ¿No te acordás de mí? ¿De “Fierrito”?&lt;br /&gt;- ¿Fierrit...? ¿ “Fierrito” Bevilacqua? ¿Qué hacés acá?&lt;br /&gt;- ¿Cómo qué hago, Gayego? ¿Cómo qué hago? : soy el “capo de tutti i capi” acá adentro. ¡Gayeguito viejo nomás! ¡Tantos añ...! ¿Así que buscando labur...? ¡Sentate, sentate nomás! ¿Y, te gusta? – dice el pelado casi sin respirar.&lt;br /&gt;- ¿Quién? ¿Si me gusta quién?&lt;br /&gt;- No te hagá el boludooooo.. Si vi cómo la mirabas... Es un avión en la cama esa yegua.&lt;br /&gt;- Sí, claro, je... - dice Papá mientras se pregunta dónde quedará el agujero negro más  próximo. Bevilacqua, sin perder tiempo, acomete una larga y truculenta descripción de las habilidades sexuales de la morocha. Veinte minutos después, Papá siente que tiene el estómago revuelto. Y además hace más de dos horas que su vejiga está pidiendo a gritos algún tipo de instalación sanitaria, así que se arriesga a interrumpir:&lt;br /&gt;- Decime, Bevilacqua, eeeh, la verdad es que te felicito por la morocha... pero, sabés que ando hace rato sin laburo...¿ tenés alguna posibilidad de que yo, esteee, bueno...&lt;br /&gt;- ¿De darte laburo?&lt;br /&gt;- Sí, claro...&lt;br /&gt;- Ni la más mínima, mi viejo. Que querés. Mirá – señala una pila de currículums – tengo que elegir uno de todos esos. Todos de menos de treinta. Hay seis con un master en Harvard. Tenés menos posibilidades de entrar acá que de venderle un calefón a un ñandú. ¡Pero qué lindo verte, che!&lt;br /&gt;- Sí, bueno, tengo que seguir...- Papá hace unos circulitos con el dedo, simulando el movimiento una noria- ... un gusto verte, je ...&lt;br /&gt;- ¡Pero ché! ¿Ya te vas? ¿Por qué no nos juntamos a comer un día de estos, con las patronas?&lt;br /&gt;Papá, que ya ha llegado hasta la puerta, se para en seco. Gira lentamente pivoteando sobre los talones, sonríe y dice:&lt;br /&gt;- Andá a cagar, Bevilacqua.&lt;br /&gt;Sin esperar respuesta, abre la maciza puerta de roble y ve que la morocha lo está mirando con los ojos abiertos como dos platos soperos. Papá   está pensando si saludarla o no, al fin y al cabo ya es como una vieja conocida, cuando siente que un circulito metálico y frío se le dibuja en la sien. Mirando por el rabillo del ojo ve algo muy parecido a un Smith &amp;amp; Wesson calibre 357 Mágnum, más allá un brazo cubierto de una tela a rayitas finas y más allá una cabeza cubierta con un pasamontañas y en el pasamontañas un agujero y en el agujero una boca que dice educadamente:&lt;br /&gt;- Si te movés o gritás sos boleta.&lt;br /&gt;     “Qué gracioso,  hacer boleta a un contador”  - piensa Papá antes de hacerse totalmente cargo de la situación y de que un chorrito de pis se le escape tibia y lentamente todo a lo largo de su pantalón gris.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(continuará)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-1040496857710439301?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/1040496857710439301/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/tarde-de-perros.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/1040496857710439301'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/1040496857710439301'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/tarde-de-perros.html' title='Episodio XXXIII: &quot;Tarde de perros&quot;'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-5380525468573354928</id><published>2009-02-13T15:46:00.000-08:00</published><updated>2009-02-14T15:14:10.735-08:00</updated><title type='text'>Episodio XXXIV: "No digas sí, di oui"</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(153, 0, 0);"&gt; (en donde la cosa se pone decididamente jodida: asistimos con indignación a un atraco en “zona liberada”, Papá sigue sin poder ir al baño y el Cachafaz se quema con una torta frita)&lt;/span&gt;  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resumen de la situación: Papá  va a pedir trabajo a un banco y, después de entrevistarse infructuosamente con el gerente, un viejo conocido de quien se despide no muy amablemente, sale al hall principal y un encapuchado lo encañona con un revólver de alto calibre. Era hora de que este folletín posmoderno tuviera  un poco de acción.&lt;br /&gt;El hall del banco parece una película de John Woo: empleados y clientes tirados por el piso, encapuchados con armas largas, y no precisamente trabucos naranjeros, parados sobre los escritorios mientras otros encapuchados meten en bolsa toda la biyuya que encuentran, sin despreciar tampoco un par de Rolex y algún que otro collar de oro. Todo sucede en el más absoluto silencio. Papá, o al menos la parte de Papá que no está muerta de miedo, piensa que a esa escena le está haciendo falta música. Un buen tema de Enio Morricone, por ejemplo. Un empujón lo saca de sus cavilaciones cinéfilas.&lt;br /&gt;- Caminá – dice el tipo del Smith &amp;amp; Wesson. Papá camina. Todos los encapuchados salen en perfecto orden. En la puerta del banco hay dos autos relucientes esperando con el motor en marcha. A Papá lo empujan adentro del auto de atrás. Cuando todos están a bordo, los autos arrancan suavemente. Dos cuadras más allá se cruzan con un patrullero. Papá cree ver que el conductor saluda a los policías. Uno de los policías responde al saludo, sin escandalizarse, aparentemente, por el espectáculo inusual de siete encapuchados paseando con fusiles e Itakas de vistoso tamaño . Así dónde vamos a ir a parar.&lt;br /&gt;- Che – dice uno de los tipos señalando a Papá con el pulgar - ¿No era que el tipo era gordo y pelado? &lt;br /&gt;- Qué sé yo – dice el del asiento de adelante sin darse vuelta – Estos ricachones maricas se la pasan haciéndose tratamientos. Se habrá hecho el entretejido. O tendrá peluca&lt;br /&gt;- A ver – dice el primer encapuchado pegándole un tirón en el jopo a Papá – No. El pelo es de él.&lt;br /&gt;El encapuchado de adelante se da vuelta y mira a Papá.&lt;br /&gt;- Debe ser un tratamiento nuevo. Con algas o alguna porquería de esas.&lt;br /&gt;- Ésas son macanas. El pelo no te crece ni aunque le recés a San Cayetano.&lt;br /&gt;- A San Cayetano se le reza para que te dé laburo, boludo.&lt;br /&gt;- Cruz diablo – dicen los dos a coro, largando la carcajada.&lt;br /&gt;- Che – tercia el conductor – déjense de boludeces. A ver si me lo tabican al tipo de una buena vez.&lt;br /&gt;- Tá bien – dice el primero – Y   encaja una bolsa en la cabeza de Papá.&lt;br /&gt;- Oiga, don – dice el del asiento de adelante – después me anota en un papelito dónde se hizo el tratamiento para el pelo...&lt;br /&gt;- Callate, boludo – gruñe el conductor, al parecer el único verdadero profesional a bordo.&lt;br /&gt;- Y bueno, qué querés, ya se me están notando las entradas y no tengo ni cuarenta, todavía.&lt;br /&gt;- ¿Por qué no le mostrás el D.N.I. también, a ver?&lt;br /&gt;- Dale, loco, como si yo fuera el único que se está quedando pelado acá... miralo a éste... si parece...&lt;br /&gt;- ¡Callate de una vez, merluzón!&lt;br /&gt;- Perdón – dice Papá – Necesito ir al baño.&lt;br /&gt;- Callate vos también – dice el encapuchado de atrás, dándole un cachetazo en la nuca, valga la contradicción, que los verdaderos cachetazos son en los cachetes. De la cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Varias horas después, en la residencia Pérez Strómboli, Mamá comienza a sentirse vagamente preocupada por la tardanza de Papá.&lt;br /&gt;La mayor parte de la familia está reunida frente al televisor. Mamá ha preparado una sencilla merienda que incluye scones, bizcochuelo de vainilla, tortas fritas, unas porciones de lemon pie que tenía en el freezer, pan casero, dulce de higo, mermelada de damascos, varias tajadas de queso gruyere   y tres galletas de gluten para el abuelo Strómboli quien, obviamente, se está quejando de la magra y aburrida porción que le toca en la repartija.&lt;br /&gt;- Dale, hija – gime plañideramente – una tajadita de queso, una solita...&lt;br /&gt;- Ni hablar. El colesterol. Mucha sal. La presión.&lt;br /&gt;- Entonces un poco de lemon pie...&lt;br /&gt;- Menos: azúcar alto. Tenés que cuidar tu vida, papá...&lt;br /&gt;- Para qué quiero estar vivo – dice Strómboli y se traga una galleta de gluten.&lt;br /&gt;- Para quererme a mí – dice Malena, mientras le alcanza media tajada de queso por abajo de la mesa.&lt;br /&gt;- Malena: te vi.- dice Mamá- Bueno, la que lo va a cuidar y a cambiar los pañales vas a ser vos, así que para qué me hago mala sangre.&lt;br /&gt;- No seas mala onda, hija.&lt;br /&gt;-¡No soy mala onda! ¡Acá soy la única que te cuida! - rezonga mamá mientras aprieta un botón del control remoto para poner Crónica TV.&lt;br /&gt;- “ ...asacre en una villa del conurbano! ¡Treinta y dos muertos y sesenta y ocho heridos es el trágico resultado de...”&lt;br /&gt;- ¿Vos te creés que esas noticias me hacen mejor que el lemon pie? – chicanea el abuelo Strómboli&lt;br /&gt;- Callate, Pá. Dejame escuchar.&lt;br /&gt;- “...Último momento: asalto  en banco de la zona céntrica. En un operativo tipo comando, un grupo de malvivientes desvalijó  una sucursal del Banco de Transilvania. Si bien no hubo que lamentar, todavía, víctima fatales, se teme por la vida del gerente de la sucursal, al parecer retenido como rehén por los malhechores. Escuchemos ahora declaraciones de la secretaria del alto ejecutivo secuestrado...”&lt;br /&gt;La mitad de la pantalla es ocupada por el rostro de la espectacular morocha que ya conocemos. El abuelo hace que se atraganta con su tercera galleta de gluten. Malena alcanza a darle  un pellizcón justo antes de que Mamá, pálida como un esquimal, señale la otra mitad de la pantalla, ocupada por una foto en blanco y negro de su marido, con un cartelito abajo que dice: “el gerente secuestrado”.&lt;br /&gt;- ¿Eze ez papá? – pregunta Emanuel con la cara chorreando crema de limón.&lt;br /&gt;- ¿Horacio? ¿Gerente? ¿Gerente de qué, ese inútil? – dice Mamá, obviamente sobrepasada por la angustia.&lt;br /&gt;         En ese momento suena el timbre de calle. Mamá, sin dejar de mirar el televisor, corre a atender. En el camino tropieza con el Cachafaz, que, vía Malena, ha logrado agenciarse de una torta frita. Mamá abre la puerta. Hay dos tipos grandotes. Uno de ellos, notablemente parecido al sargento Dodó,  saca una credencial mientras pregunta:&lt;br /&gt;- ¿Usted es la señora de Horacio Orlando Pérez?&lt;br /&gt;- Sí... – dice Mamá, que está a punto de   hacerse encima.&lt;br /&gt;- Inspector  Ludueña, Aquiles Ludueña, de Interpol. ¿Podemos pasar?&lt;br /&gt;En el silencio pétreo que sigue a continuación, sólo se escucha el gruñido del Cachafaz, ofendido con la torta frita que, al parecer, está demasiado caliente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(continuará)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-5380525468573354928?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/5380525468573354928/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/no-digas-si-di-oui.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/5380525468573354928'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/5380525468573354928'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/no-digas-si-di-oui.html' title='Episodio XXXIV: &quot;No digas sí, di oui&quot;'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-6831275323581279696</id><published>2009-02-13T15:00:00.000-08:00</published><updated>2009-02-14T15:12:36.720-08:00</updated><title type='text'>Episodio XXXV: "Buenos muchachos"</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(153, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;(en donde el inspector Ludueña se enfrenta al caso más difícil de su carrera, Papá logra vencer los prejuicios de su rígida educación sexual  y el abuelo Strómboli decide que ya tomó demasiada sopita light )    &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este folletín posmoderno ha virado definitiva y posmodernamente  del melodrama al thriller psicológico. Bueno, no sabemos si psico o sociológico, la cosa es que  en ambos casos queda bien y suena bastante a la moda.&lt;br /&gt;Papá, un tipo que lo más peligroso que ha hecho en su vida es subirse, una vez, a la montaña rusa del Ital Park, acaba de ser secuestrado por un grupo comando que, de paso, arrasó con cuanto billete encontró a su paso en el banco en donde había ido a pedir trabajo.&lt;br /&gt;A bordo de un auto que ronronea sedosamente pese a ir a respetable velocidad, encapuchado y con muchas ganas de hacer pis, Papá todavía no se puso a pensar que éste podría ser su último paseo. Roguemos que siga en esa bendita inconsciencia.&lt;br /&gt;Mientras tanto, en la residencia Pérez Strómboli, el resto de la familia, al tiempo que se entera por televisión de que el jefe nominal de la casa ha sido secuestrado, recibe la visita de dos inspectores de Interpol. El inspector Aquiles Ludueña está tratando de explicar el caso a Mamá, el abuelo Strómboli y Malena. Los chicos y el Cachafaz fueron oportunamente enviados a investigar si llueve en el shopping.&lt;br /&gt;- Oiga – le está diciendo Mamá a Aquiles Ludueña– Usted dice que es de Interpol, pero es argentino.&lt;br /&gt;- Precisamente, señora. Pertenezco a la sección argentina de Interpol.&lt;br /&gt;- Interpol: internéishonal polís ¿Entiende? – dice el otro supercop, deseoso de intervenir en la&lt;br /&gt;conversación   y, a juzgar por las miradas que   echa al escote de Mamá , no sólo en la conversación:&lt;br /&gt;ya dijimos en algún capítulo  anterior que Mamá está bastante buena.&lt;br /&gt;- Buonarotti: por favor – ordena Ludueña, que al parecer es un jefe que conoce bastante bien a sus subordinados – Le decía, Señora, que el caso está bajo nuestro control y no hay de qué preocuparse.&lt;br /&gt;- Pero la televisión dice que mi marido es gerente de ese banco y mi marido no es gerente de nada. Ni&lt;br /&gt;siquiera trabaja...&lt;br /&gt;- Ya sabemos eso, señora. Déjeme que le explique: creemos que  a su marido se lo llevaron por error. A juzgar por lo que logró escuchar la secretaria, a quien se querían llevar era al gerente. Su marido estaba ahí, en la oficina. Y parece que se confundieron.&lt;br /&gt;- Pero la televisión dice que...&lt;br /&gt;- La televisión dijo lo que nosotros le dijimos que diga, señora – tercia, un tanto redundante, Buonarotti, que está que se sale de la vaina-  y lo de usar la foto del currículum, bueno, fue idea mí...&lt;br /&gt;- Buonarotti: : hágame un favor, vaya a hacer guardia a la puerta – interrumpe secamente Ludueña. Buonarotti dice “estáaa bieeeen” y sale. Ludueña suspira y continúa: - El caso es complicado, señora Pérez...&lt;br /&gt;- Strómboli. No uso el apellido de casada...&lt;br /&gt;- ...señora Strómboli... Como le decía, estamos frente a una situación compleja porque...&lt;br /&gt;- Compleja las polainas... – opina don Strómboli – digan por televisión que se equivocaron de tipo y chaupinela...&lt;br /&gt;- Las cosas no son tan simples, señor... señor...&lt;br /&gt;- Strómboli. Yo también uso el apellido de soltero.&lt;br /&gt;- ¡Papáaaa!&lt;br /&gt;- Como decía...- Ludueña comienza a sospechar que tiene un caso más que difícil entre manos – como decía, la situación es compleja. Miren, voy a serles absolutamente franco: hay pocas posibilidades de que el señor Pérez salga con vida de esto- mueca de espanto de Mamá, que no tiene un solo vestido negro en el placard - Y menos posibilidades aún si se enteran de que no es Bevilacqua... Bevilacqua es el gerente...&lt;br /&gt;- ¡Quiero a mi marido acá, haciendo zapping! – dice furiosa Mamá. Hay que ver lo linda que se pone cuando se enoja.&lt;br /&gt;- Entiendo, señora... – largo resoplido de Ludueña – Como dije antes, quiero serles franco. Hace rato que andamos atrás de Bevilacqua. Y de otra gente. Ésta puede ser una gran oportunidad para hacer una buena limpieza. Si decimos públicamente que se equivocaron de tipo, a su marido  lo matan. Discúlpeme la brutalidad, pero así son las cosas. Ahora, mientras crean que tienen a Bevilacqua, su marido está a salvo, nosotros ganamos tiempo y así podemos darles un buen golpe – llevado por su propio entusiasmo, Ludueña da un golpe de puño sobre la mesita ratona. Un platito con lemon pie pega un saltito y cae, leyes de Murphy mediante, boca abajo  sobre la alfombra que mandaron limpiar la semana pasada. Esto es demasiado para Mamá, que se desmaya un poquito.&lt;br /&gt;Mientras tanto, después de recorrer un  largo  camino  hacia las afueras de la ciudad y de dar varias vueltas, el auto en el que un encapuchado Horacio Pérez aguanta las ganas de hacer pis  llega a destino. Pérez siente que lo agarran de un brazo y lo arrastran fuera del auto. Papá, que no en vano se ha pasado la vida viendo películas policiales, escucha con atención: cada sonido puede ser una pista útil después. ¿Después de qué? Papá prefiere no contestar su propia pregunta. Antes de que lo empujen al interior de una habitación con bastante olor a humedad, alcanza a oír el transparente canto de una calandria. Como pista es bastante pobre, pero canta  lindo el bichito, Dios lo guarde.&lt;br /&gt;En la casa de los Pérez Strómboli, Mamá sale a tomar aire para recuperarse de su desmayo pero también para alegría de Buonarotti, que de inmediato comienza una maniobra de aproximación absolutamente contraindicada por el manual de Interpol.&lt;br /&gt;Ludueña pide permiso para usar el teléfono. Malena toma del brazo a Strómboli y se lo lleva un poco aparte.&lt;br /&gt;- ¿Qué hacemos? – pregunta en un susurro&lt;br /&gt;- Vos quedate con María Laura, y de paso me espantás a ese moscardón- Strómboli, padre siciliano al fin,  señala a Buonarotti a través de la ventana-  Yo voy hasta el locutorio a hacer un par de llamadas.&lt;br /&gt;Strómboli camina decidido  hasta la puerta, se detiene, piensa un poco, vuelve, camina hasta la mesa, se zampa tres tajadas de gruyere, camina  hasta la heladera, toma un par de tragos de vino, abraza a Malena y dice chau.&lt;br /&gt;A muchos kilómetros de allí, Papá  se arranca la capucha y busca desesperadamente un baño. Pero la habitación en la que está tiene sólo cuatro paredes y una puerta. Su buena educación le impide orinar en algo que no sea un inodoro, un mingitorio o al menos un triste excusado. Finalmente vencen las leyes de la naturaleza. Se dirige al rincón más alejado de la cama y allí hace aguas. Bueno, en realidad no las hace, sino que le salen de adentro. Una vez que su vejiga alcanza la paz, comienza el tormento para su cerebro. Se da cuenta de cuánto extraña a sus hijos, a su mujer y hasta al insufrible de su suegro. Papá se derrumba en la cama y se traga un sollozo, porque acaba de darse cuenta de que   esta escena no es parte de una película. Ni siquiera de una dirigida por  Martín Scorsese o Francis Ford Coppola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(continuará)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-6831275323581279696?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/6831275323581279696/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2004/10/buenos-muchachos.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/6831275323581279696'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/6831275323581279696'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2004/10/buenos-muchachos.html' title='Episodio XXXV: &quot;Buenos muchachos&quot;'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-9009870908315185914</id><published>2009-02-13T14:55:00.000-08:00</published><updated>2009-02-14T15:11:51.463-08:00</updated><title type='text'>Episodio XXXVI: "El regreso de Facón Grande"</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; font-style: italic; color: rgb(153, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;(En donde el abuelo Strómboli  comprueba que ya no quedan anarquistas como el Gallego Soto, Malena espanta a un moscardón y Papá está a punto de ser enviado a ver como crecen los rabanitos desde abajo)    &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cónclave está teniendo lugar en el salón de usos múltiples de la Agrupación Anarquista  “Sacco y Vanzetti”. En realidad lo del anarquismo es una pantalla que oculta los verdaderos fines de la docena de viejitos que integran la agrupación: juntarse para jugar al truco y al tutte cabrero y, básicamente, para trasegar los varios litros de vermouth con fernet con que suelen bajar  las pantagruélicas cantidades de salame, queso y papitas fritas aportadas por los socios.&lt;br /&gt;Además de los anarco- juerguistas, están presentes el abuelo Strómboli y el Toño Beltramo, un periodista de larguísima trayectoria  que actualmente se encuentra gozando de una licencia sin goce de haberes por tiempo indeterminado. El Toño Beltramo estaba investigando las actividades de un par de empresarios metidos a políticos. Digamos que husmeó un poco más de la cuenta y la dirección del diario lo puso de patitas en la calle. En un país civilizado el Toño Beltramo hubiera ganado un premio de nivel internacional, digamos el Pulitzer, y los principales medios periodísticos le estarían ofreciendo sendos contratos a cuál más jugoso. En honor a la verdad, también hay que decir que en cualquier país, civilizado o no, podrían haberle metido un balazo en la nuca. En Argentina el Toño Beltramo sobrevive escribiendo para un par de revistas deportivas, para una de las cuales vende publicidad.  Pero sobrevive, por ahora.&lt;br /&gt;- El asunto es así – está diciendo el abuelo Strómboli – a mi yerno lo secuestraron durante el asalto al banco. Acá con el Toño creemos que lo del robo fue una excusa para llevarse al gerente del banco, haciendo creer que lo tomaban como rehén...&lt;br /&gt;- No sabía que tu yerno era gerente... - dice uno de los viejitos, escupiendo un carozo de aceituna.&lt;br /&gt;- No, mi yerno estaba ahí de casualidad. Había ido a pedir trabajo.&lt;br /&gt;- Ya me parecía. No tiene cara de gerente.&lt;br /&gt;- Acá la pieza clave es Bevilacqua, el verdadero gerente – interviene el Toño – Yo lo conozco desde hace rato. Está metido hasta acá – el Toño se señala el cuello – en una montaña de bosta. Lavado. Bancos off – shore. Maniobras con bonos de la deuda externa, toda esa mierda.&lt;br /&gt;- Un chancho burgués – dicen a coro varios viejitos.&lt;br /&gt;- Ni eso. Es un vulgar intermediario. Un perro a sueldo. Y bastante jetón. Le gusta darse dique con la poca guita que le tiran los verdaderos capos. Es fácil de apretar.&lt;br /&gt;- Y bué. Vamo’ a apretarlo – apunta otro de los viejitos, que dice ser sobrino nieto de Facón Grande.&lt;br /&gt;- No es tan fácil. Sabemos que Bevilacqua está retenido en la casa. Pero afuera hay unos canas de custodia. En un auto. Le cortaron el teléfono. Tenemos que meternos en la casa para hablar con él. Y acá es donde los necesitamos a ustedes- Strómboli los señala con un amplio ademán circular- necesitamos que armen algún quilombo en esa cuadra.&lt;br /&gt;- Nosotros ya no estamos para quilombos. Yo ya ni puedo ver una foto de una mina que me sube la presión – los viejitos largan la carcajada.&lt;br /&gt;- En serio, che. Mi yerno es un bolas tristes, pero es un buen tipo.&lt;br /&gt;- Bueno – dice el sobrino nieto de Facón Grande – podemos pedirles una mano a los piqueteros de acá a la vuelta. Mi nieto anda con ellos. Son unos atorrantes desclasados, pero de vez en cuando hacen algo. Está bien. Negociemos.&lt;br /&gt;- ¿Negociar? - dicen a coro Toño y Strómboli.&lt;br /&gt;- Claro. Queremos que nos des permiso para poner tu cara en las remeras. Ya sabés: “Dios es ateo” y eso.&lt;br /&gt;- ¿Pero ustedes qué clase de anarquistas son?&lt;br /&gt;- Anarquistas posmodernos, joven Strómboli, anarquistas posmodernos.&lt;br /&gt;- Tá bien. Pongan la foto – gruñe resignado Strómboli.&lt;br /&gt;- Muchachos: ya tenemos la cancha de bochas. Vamo’ a ver a los desclasados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras los viejitos se dirigen a negociar con los de la agrupación piquetera – piensan ofrecerles el uso de la cancha de bochas 50% off – vayamos a la residencia Pérez Strómboli.&lt;br /&gt;Para dicha de Buonarotti, el inspector de Interpol Aquiles Ludueña, su jefe, lo dejó como guardia y custodio de Mamá y, delicia de delicias, de Malena Lezcano, que justamente le está ofreciendo un tecito. La verdadera intención de Malena es alejarlo de Mamá, que hace como media hora que está soportando el asedio amoroso de este tipo que se cree James Bond.&lt;br /&gt;- Gracias – dice meloso Buonarotti – Muy amable, señorita...&lt;br /&gt;- Malena. – dice Malena.&lt;br /&gt;- Malena: qué hermoso nombre. Bueno, hace juego con usted, je, je. ¿Su papá se fue?&lt;br /&gt;- ¿Mi papá?&lt;br /&gt;- El señor canoso, de bigotes.&lt;br /&gt;- No es mi papá. Es mi novio.&lt;br /&gt;- Ah. – después de una breve desilusión, Buonarotti se anima, pensando que está frente a una presa fácil – Por lo visto a usted  le gustan los señores maduros – dice poniendo cara de señor maduro.&lt;br /&gt;- Por lo visto a usted le gusta meterse en cosas que no le importan en absoluto. La señora y yo vamos a descansar. Puede sentarse en el porche a tomarse el té. Buen provecho – dice Malena abriendo la puerta. Es una reina, esta Malenita.&lt;br /&gt;Buonarotti, caballero de la triste figura, se queda bajo el alero del porche, tacita de té en mano y preguntándose de que marca era el tractor que acaba de pasarle por encima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A varios kilómetros de allí, paradero desconocido, Papá está sentado en un sucio camastro preguntándose qué cornos hace sentado en un sucio camastro en lugar de estar en su casa  haciendo zapping en chancletas. Papá es de esos que todavía confían en las instituciones, aún las delictivas, y por eso piensa que de un momento a otro alguien se va a dar cuenta de que está ahí por error, le van a pedir disculpas y le van a pagar el taxi hasta su casa. En esas gratas ensoñaciones anda cuando escucha que se abre la puerta. Entra un encapuchado. Lleva un celular en la mano, con el que apunta a Papá. Aprieta un botoncito. El encapuchado comprueba que la foto salió bien y aprieta una serie de botoncitos más. Después sale y cierra la puerta con llave.&lt;br /&gt;- Ahí le mandé la foto– dice en el micrófono del celular.&lt;br /&gt;- A ver- dice una voz ronca del otro lado. Un instante después una puteada de varios decibeles por encima de lo tolerable hace que el encapuchado pegue un saltito.&lt;br /&gt;-¡Se equivocaron de tipo, pelotudos! ¡Y encima me conoce!&lt;br /&gt;- Qué hacemos con el perejil- dice el encapuchado, que sabe que no vale la pena pedir disculpas.&lt;br /&gt;- Si no llamo en dos horas, ya saben. Y plántenlo lejos. Y en un pozo bien hondo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(continuará)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-9009870908315185914?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/9009870908315185914/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/el-regreso-de-facon-grande.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/9009870908315185914'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/9009870908315185914'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/el-regreso-de-facon-grande.html' title='Episodio XXXVI: &quot;El regreso de Facón Grande&quot;'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-7286164253964001739</id><published>2009-02-13T14:50:00.000-08:00</published><updated>2009-02-14T09:43:55.528-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Episodio  37'/><title type='text'>Episodio XXXVII: "Caballito de Troya"</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; font-style: italic; color: rgb(153, 0, 0);"&gt;(en donde los anarquistas preparan una acción revolucionaria de la que no se salva ni Tinelli, el abuelo Strómboli está a punto de infringir el quinto mandamiento poniendo en grave peligro su alma inmortal pero después se da una vuelta en calesita)    &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La columna, armada de pancartas y pasacalles, avanza desde la esquina flanqueada por dos hileras de gordos con palos y pañuelos cubriéndoles la cara. Al frente van los viejitos anarquistas tomados del brazo.&lt;br /&gt;La cosa estuvo a punto de fracasar, ya que anarquistas y  piqueteros, gente de izquierda al fin, no lograban ponerse de acuerdo con las consignas. En un rapto de inspiración, el Toño Beltrame les propuso que manifestaran por algún tema neutral: “No  sé, cualquier cosa” –les dijo – “Qué sé yo, protesten por las tierras de la Patagonia”. Increíblemente, la cosa les gustó a ambas fracciones. Así que ahí vienen, con pancartas que dicen “FUERA LOS BENETTON”, “EXPROPIACIÓN YA”, “LOS BOSQUES SON DEL PUEBLO”, “TED TURNER: GO HOME”, “TINELLI: DEDICATE A OTRA COSA” , “LA TIERRA PARA EL QUE LA TRABAJA” y otras antigüedades por el estilo.&lt;br /&gt;A mitad de cuadra, justo cuando la columna está pasando entre la casa de Bevilacqua y el auto de los de Interpol, una voz grita: “¡MUCHACHOS, UN INFILTRADO!” y se arma una trifulca de padre y señor nuestro. Aprovechando el berenjenal, el abuelo Strómboli y el Toño se escabullen hasta el fondo de la casa de Bevilacqua.&lt;br /&gt;- Toño – dice Strómboli antes de golpear la puerta que da al jardín trasero – Si querés, dejame solo. La cosa se puede poner jodida.&lt;br /&gt;- Bah. Cuándo no estuvo jodida la cosa. Dale. Golpeá de una vez.&lt;br /&gt;- Interpol. Por favor abra la puerta- miente el abuelo Strómboli sin miedo a que le salga una jorobita.&lt;br /&gt;La mujer de Bevilacqua entreabre la puerta. Strómboli y el Toño, que no están para buenos modales, empujan y entran. Bevilacqua está como escondiéndose detrás de la mujer.&lt;br /&gt;- Qué quieren. Váyanse o llamo a la policía.&lt;br /&gt;- A la policía la vamos a llamar nosotros, no te preocupes – dice el abuelo Strómboli sacando un 38 corto del bolsillo del saco – Pero antes vamos a conversar un poquito.&lt;br /&gt;Dos minutos, veintitrés segundos y seis décimas más tarde, Strómboli y el Toño ya saben todo lo que tienen que saber: los que raptaron a Papá en realidad lo querían a Bevilacqua para que éste les entregue unos papeles muy comprometedores para algún pez gordo. Bevilacqua había intentado un chantaje y la había salido mal.&lt;br /&gt;- Dame los papeles – dice tranquilo Strómboli.&lt;br /&gt;- Tas loco. Si te doy los papeles, mañana  soy hombre muerto.&lt;br /&gt;- Si no me das los papeles sos hombre muerto ahora mismo – dice Strómboli, poniéndole el chumbo en la cabeza.&lt;br /&gt;- Tranquilo. No los tengo acá. Están a dos cuadras. En la calesita.&lt;br /&gt;- ¿En la calesita?&lt;br /&gt;- Buen escondite, ¿no? – dice Bevilacqua con una sonrisita de jabalí, si es que esa clase de chancho sonríe  alguna vez&lt;br /&gt;- Vamos, te venís con nosotros. Usted también, señora. Por favor.&lt;br /&gt;Afuera el bolonqui no amaina. Los piqueteros, sobreactuando un poco tal vez, están demoliendo   el auto de los de Interpol. Como los supercops están en misión encubierta, no hacen nada. Así que todo sale joya y los cuatro abandonan la casa tranquilamente rumbo a la calesita “Mi Ilusión”.&lt;br /&gt;- Che, Strómboli – le dice al oído el Toño Beltrame señalando a Bevilacqua que va un poco más adelante- ¿En serio lo ibas a amasijar?&lt;br /&gt;- No. Sí. Qué sé yo. Por suerte arrugó- dice Strómboli, un poco demasiado pálido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la calesita las cosas se complican un poco más, si cabe: no está el calesitero amigo de Bevilacqua. Para colmo, un agente de policía está parado al lado de la boletería tomándose un helado soft.&lt;br /&gt;- Los papeles están en la panza del caballito blanco, del lado de adentro – explica Bevilacqua - Hay que meter la mano por abajo, apretar un poco hasta que ceda la  tapa y listo: sacás el tubo. Mirá: no hay nadie en el caballito ahora.&lt;br /&gt;El abuelo Strómboli está jugado, así que encara al tipo de la boletería y dice:&lt;br /&gt;- Una vuelta, por favor. Y un chupetín –  y en cuanto la calesita se detiene, pela el chupetín y monta el caballito.&lt;br /&gt;- Oiga... - comienzan a decir a dúo el de la boletería y el agente,  pero el Toño Beltramo los ataja con su mejor cara de carmelita descalza:&lt;br /&gt;- Pobre. Es un gusto que quería darse antes de... – y señala con el índice en dirección al cielo – Cáncer. Fulminante. Una semana, como mucho... pobre tano... pobre tano... – el sollozo le sale tan bien que el agente le convida con un poco de helado.&lt;br /&gt;Mientras tanto, Strómboli no pierde el tiempo: mete la mano en el lugar indicado, presiona, tantea, saca un tubo de cartón y le hace una seña al Toño, quien como quien no quiere la cosa, camina hasta el otro lado de la calesita, toma el tubo que le pasa Strómboli y lo mete debajo del saco. El abuelo Strómboli chupa con fruición el chupetín y se dedica a disfrutar un par de vueltas. En ese momento llegan Carla, Sebastián y Emanuel, que señala a su abuelo y comienza a pegar saltitos.&lt;br /&gt;- ¡La zortija, abue, zacá la zortija!&lt;br /&gt;        El abuelo lo saluda con la mano, se estira un poco, aprovecha el momento de estupor del calesitero y saca la sortija. Cuando la calesita se detiene, baja y se la entrega con una reverencia a  Emanuel, que todavía no sabe que éste va a ser uno de los mejores recuerdos de su vida. El agente de policía, llorando, invita a una vuelta de helados para todos.&lt;br /&gt;Strómboli y el Toño se despiden de sus nuevos amigos con abrazos y  los mejores deseos. Toman del brazo a sus rehenes y salen caminando tranquilos. Una cuadra más allá, abren el tubo. De su interior caen algunas hojas, dos pasaportes y un respetable fajo de dólares.&lt;br /&gt;- Hombre prevenido vale por dos- dice Bevilacqua haciéndose el canchero. Y la señora le patea un tobillo.&lt;br /&gt;El abuelo Strómboli le echa un vistazo a los papeles. Su olfato de viejo periodista le dice que son dinamita pura. Está a punto de cerrar la carpeta cuando su vista se detiene en uno de los nombres encerrados en un circulito rojo. Palidece. Mira a Bevilacqua.&lt;br /&gt;- Con quién tengo que hablar.&lt;br /&gt;- Llamá a este celular - dice Bevilacqua y saca un papelito roñoso del bolsillo interior del saco.&lt;br /&gt;- Váyanse – dice secamente Strómboli después de verificar que el número está legible.&lt;br /&gt;- ¿Qué hacemos con esto? – pregunta Toño, mostrando los pasaportes y el fajo de verdes.&lt;br /&gt;- Dáselos.&lt;br /&gt;- Gracias, gracias, gracias, - se derrite Bevilacqua.&lt;br /&gt;- Tomatelás – dice Strómboli.&lt;br /&gt;- No te lo merecés – dice el Toño.&lt;br /&gt;            Bevilacqua toma atropelladamente los pasaportes y el fajo. Camina dos pasos y se le cae uno de los pasaportes. Se agacha a recogerlo. El Toño Beltramo no aguanta la tentación y le encaja un shot que hubiera provocado el delirio de los nenes de la popular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(continuará)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-7286164253964001739?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/7286164253964001739/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2004/09/caballito-de-troya.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/7286164253964001739'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/7286164253964001739'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2004/09/caballito-de-troya.html' title='Episodio XXXVII: &quot;Caballito de Troya&quot;'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-768453136719966642</id><published>2009-02-13T14:45:00.000-08:00</published><updated>2009-02-14T15:11:07.726-08:00</updated><title type='text'>Episodio XXXVIII: "Bacalao a la andaluza"</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; font-style: italic; color: rgb(153, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;(en donde después de verse sometidos a un salvaje, animalesco interrogatorio, el abuelo Strómboli y el Toño Beltramo viven una escena digna de “Luces de la ciudad”pero sin asomo de perfume de violetas)  &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resumen de la situación: el abuelo Strómboli y el Toño Beltramo, secundados por los viejitos anarquistas, acaban de hacerse de los papeles con que Bevilacqua pretendía chantajear a un pez gordo, tamaño chancho burgués. Dicho  espécimen, a su vez, había pretendido secuestrar a Bevilacqua, para recuperar los papeles y, de paso, munir al ahora ex gerente del Banco de Transilvania de una confortable parcela en algún cementerio privado. Pero hete aquí que los secuestradores se confunden y se llevan a Horacio Pérez, más conocido en este folletín posmoderno  como “Papá”. Ha llegado el momento de la negociación. Strómboli y Beltramo, después de liberar a Bevilacqua y señora, están caminando en busca de algún lugar tranquilo desde donde hacer el llamado a los secuestradores. Un auto se les cruza en el camino. Baja el inspector de Interpol Aquiles Ludueña.&lt;br /&gt;- Bueeeenassss – dice el inspector, haciéndose el pavo.&lt;br /&gt;- Buenasssss- contestan a coro Strómboli y Beltramo, amainando el paso como chanchos rengos.&lt;br /&gt;- ¿ Se enteraron lo del lío frente a la casa de Bevilacqua? – dice Ludueña poniendo cara de lechuzón.&lt;br /&gt;- Ni idea. ¿Qué pasó? – dice Strómboli con cara de  perro que tumbó la olla.&lt;br /&gt;- Entonces tampoco saben nada de la desaparición de Bevilacqua... – dice el inspector con expresión de pollito mojado.&lt;br /&gt;- Nada. Por qué no nos cuenta – dice Beltramo alargando el pescuezo como loro en jaula.&lt;br /&gt;- Algo me dice que ustedes me tendrían que contar a mí... – dice Ludueña relamiéndose como un zorro en una huevería.&lt;br /&gt;- Nada que ver, inspector... – se defiende Strómboli como gato panza arriba.&lt;br /&gt;- Venimos de la calesita ... – informa el Toño con cara de osito panda.&lt;br /&gt;Como este interrogatorio zoo – policial se está haciendo más largo que camisón de víbora, adelantemos la acción unos cuantos minutos. De nada, amigos/as lectores/as.&lt;br /&gt;Por supuesto, el inspector no les creyó una palabra a Strómboli y Toño, quienes a su vez no se creen ni un poquito que el inspector les haya creído. Así que se apresuran a despedirse, entran a un bar, piden dos cafés y el Toño saca el celular y se lo tiende a Strómboli.&lt;br /&gt;- Prefiero que llames vos, estoy nervioso – dice Strómboli y le acerca el papelito con el número.&lt;br /&gt;- Che, me muero por mirar eso – dice Toño señalando los papeles. Strómboli se los alcanza.&lt;br /&gt;- No sé si te conviene. Pero tenés derecho.&lt;br /&gt;   Toño recorre rápidamente la información. Murmura unos cuántos “uy, dió”, “a la mierda” y “yo lo sabía” y le devuelve los papeles como si adentro silbara una víbora de cascabel.&lt;br /&gt;-¿Qué vas a hacer?&lt;br /&gt;- Nada. Salvar a mi yerno y olvidarme. A vos también te conviene olvidarte.&lt;br /&gt;El Toño marca los números y espera.&lt;br /&gt;- ¿Sí?&lt;br /&gt;- Habla un amigo de Bevilacqua. Tengo los papeles que anda buscando. Quiero a Pérez. Vivo.&lt;br /&gt;- ¿Y Bevilacqua?&lt;br /&gt;- No. Bevilacqua voló.&lt;br /&gt;- No hay trato.&lt;br /&gt;- No creo que los de Interpol me digan lo mismo. Uy, justamente ahí pasa el Inspector Ludueña ¿Lo llamo?&lt;br /&gt;- No. Está bien. Hagamos el canje.&lt;br /&gt;Lo demás es puro trámite burocrático. Fijan el lugar y la hora de la transa: a las tres frente al puesto de una florista ciega conocida de Strómboli. El trato es que suelten a Horacio Pérez, con instrucciones de llegar al bar y restaurante  “Anda, Lucía”, que está a unos cincuenta metros del puesto de la florista. Una vez que Papá esté a salvo allí, el gallego dueño del bar (andaluz, en realidad, gallegos ya casi no quedan en Argentina) llamará a Toño y Toño le dirá a los secuestradores dónde buscar los papeles. Todo sucede con la precisión y la rutina de un número ensayado hasta el cansancio. A las tres y dos minutos suena el teléfono de Toño.&lt;br /&gt;- Hala, hombre, que ya puedes venir a buscar a este bacalao que han liberao, jolín. Y apúrate, coño, que el tío huele como un caballo muerto.&lt;br /&gt;- Gracias, gallego. Ponelo en un lugar seguro hasta que lleguemos.&lt;br /&gt; Siguiendo el plan, Toño llama a los secuestradores.&lt;br /&gt;- Vayan al puesto de la florista ciega. Vuelvo a llamar en dos minutos.&lt;br /&gt;El Toño y Strómboli están siguiendo toda la acción desde  un restaurante chino regenteado por un matrimonio filipino – paraguayo que queda exactamente enfrente del “Anda, Lucía”. Toño vuelve a llamar.&lt;br /&gt;- Vaya  hasta donde está la florista y cántele “La violetera”&lt;br /&gt;- ...&lt;br /&gt;- Bueno, hombre, tararee entonces... es más o menos así- y el Toño le tararea la canción   mientras Strómboli le tira con un maní porque no aguanta las carcajadas.&lt;br /&gt;Cincuenta metros más allá, un hombre de sobretodo negro recibe  de las manos de la florista un ramo de calas. El hombre mete la mano en el ramo, mira y se da por satisfecho. Pega media vuelta y se mete en un auto que lo espera con el motor en marcha. El auto arranca y se pierde en la primera bocacalle. Fin de la cuestión.&lt;br /&gt;El abuelo Strómboli y el Toño se cruzan hasta el “Anda, Lucía”. El andaluz los recibe con aires de matador. Solo le falta el traje de luces.&lt;br /&gt;- ¡Qué! ¿Ya venís a buscar vuestro bacalao? ¡Hombre! ¿De qué letrina lo han sacao?&lt;br /&gt;- Dale, gallego, dónde está mi yerno.&lt;br /&gt;- Gallego un coño, que soy de Granada... Mira, tú, que si fuera gallego no se me hubiera ocurrido tan buen escondite... Me dije: “piensa, Juan José, piensa en dónde esconder a este tío para que no le pase ná...”  Y fijaos que magnífico escondite a prueba de balas le he encontrao- y el andaluz los lleva hasta la trastienda y señala la puerta de una gran cámara frigorífica que en otras épocas supo estar llena de productos más comestibles que Papá.&lt;br /&gt;   Juan José Rodríguez Rodríguez abre la puerta de la cámara. Papá está hecho un ovillo, blanco como el polo sur, los dientes haciendo traca-traca como  unas verdaderas castañuelas andaluzas.&lt;br /&gt;- Coño, me olvidé de bajar el termostato. Pero al menos así no huele tan mal...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(continuará)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-768453136719966642?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/768453136719966642/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/bacalao-la-andaluza.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/768453136719966642'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/768453136719966642'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/bacalao-la-andaluza.html' title='Episodio XXXVIII: &quot;Bacalao a la andaluza&quot;'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-4373619321369201231</id><published>2009-02-13T14:35:00.000-08:00</published><updated>2009-02-14T15:09:25.093-08:00</updated><title type='text'>Episodio XXXIX: Japi end I</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; font-style: italic; color: rgb(153, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;(en donde Papá casi no se manda la parte ante sus hijos y después queda muy bien con su señora, el Cachafaz y Lupita se esfuerzan por lograr una descendencia, Carla, desnuda, húmeda y enjabonada, intenta ahorcar a Emanuel y, en una vuelta de tuerca onda Hollywood,  descubrimos por fin la identidad del malo de la película)    &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de que Papá, habiéndose salvado por un pelo de los secuestradores, casi se nos muere de una neumonía gracias a Juan José Rodríguez Rodríguez (cuyo ingenio andaluz no encontró mejor escondite para Papá que una cámara frigorífica) podemos decir que la aventura terminó felizmente para todos los implicados: Mamá recuperó a Papá, los secuestradores recuperaron sus comprometedores papeles, Bevilacqua y señora recuperaron sus pasaportes y sus dólares, y con ellos la posibilidad de ir a joderle la vida a gente de otro país, Malena recuperó a Strómboli  y viceversa, el Toño Beltramo recuperó su autoestima, el misterioso jefe recuperó  su impunidad y los viejitos anarquistas recuperaron la posibilidad de tener su cancha de bochas. Un japi end de aquéllos.&lt;br /&gt;Los que no se recuperan son los de Interpol, que todavía están tratando de entender qué cuernos pasó aquí. Esperemos que a los lectores y lectoras no les esté pasando lo mismo.&lt;br /&gt;Han pasado unos días desde el rescate. Papá todavía está castañeteando en la cama, pero en líneas generales se encuentra bastante bien, Mamá  lo atiende  como a un duque y los chicos lo fusilan a preguntas acerca de su aventura. A favor de Papá, hay que decir que es bastante honesto con ellos y que casi no se manda la parte.&lt;br /&gt;El abuelo Strómboli ha decidido terminar con su dieta de sopita light, aire puro y abstinencia sexual. En este momento está sentado en su sillón favorito, con una copa de cognac en una mano y un cigarro cubano, regalo de Mamá,  en la otra.  Calza pantuflas, pantalón de hilo y una remera con su cara y la leyenda “Dios es ateo” que los viejitos anarquistas insistieron en regalarle. Mientras escucha atentamente la sonata de  Arcángelo Corelli que Malena Lezcano está estrenando en exclusiva para él, mientras mira los largos y  ágiles dedos de Malena recorriendo el diapasón del violoncello, una parte de su mente se entretiene en hacer ciertos planes que aquí no podríamos detallar sin ponernos colorados.&lt;br /&gt;La atmósfera tranquila y sensual parece haber inspirado al Cachafaz y a Lupita, quienes en este mismo instante están en el jardín de atrás haciendo cachafacitos y lupititas entre gardenias y rododendros.&lt;br /&gt;Todo muy romántico y bastante cool.&lt;br /&gt;Pero la paz en esta familia tiende a durar poco. Cual racimo de pompas  de jabón (que ya se sabe: son sutiles, ingrávidas y gentiles) el mundo de los Pérez Strómboli manifiesta una alarmante propensión a hacerse bosta a cada rato. Perdónalos, Machado, no saben lo que hacen.&lt;br /&gt;Para hacerla corta: justo en el momento en que Malena entra en el “allegro vivace”, suena el teléfono en el living y alguien toca el timbre en la vereda y Carla grita desde la ducha porque alguien abrió el agua caliente y Emanuel comienza a patear la puerta del mismo baño llorando y gritando que se hace caca y pis y Papá pone el partido Birmania – Nueva Zelanda a todo volumen y el Cachafaz y Lupita aúllan a coro porque después de su desenfrenado encuentro amoroso algo les impide seguir a cada cual su camino. Qué infierno. Sin hablar de las dificultades técnicas a las que nos enfrentamos para continuar con esta narración con un mínimo de coherencia.&lt;br /&gt;A no desesperar: la tecnología electro-cibernética del  siglo XXI   sale valientemente  en auxilio del maltrecho narrador, que de no ser por ciertos artilugios se las vería en figurillas para cumplir dignamente con su trabajo. Así que recurrimos a la imaginación, y a la paciencia, de los lectores para pedirles  que se figuren esta narración dividida en un cuadro principal y cuatro cuadros secundarios, tipo sistema “picture in picture. O, fonéticamente hablando: “píc-cher in píc-cher”.&lt;br /&gt;Cuadro principal: primer plano de Malena entrando en la parte más caliente de su concierto: una melancólica cadencia en Si bemol menor que se resuelve sutil pero  triunfalmente en un La séptima disminuida sazonado con un 27% de Fa sostenido mayor. Sal y pimienta a gusto.&lt;br /&gt;Cuadro secundario 1, arriba, a la izquierda: el abuelo Strómboli levantándose a atender el teléfono poniendo cara de Jack el Destripador.&lt;br /&gt;Cuadro secundario 2, arriba, a la derecha: mano derecha de Carla asomándose por la puerta del baño y ahorcando a Emanuel, que aprovecha para hacerse pis encima, pobre criatura.&lt;br /&gt;Cuadro secundario 3, abajo a la derecha: Mamá tratando de arrancarle el control remoto a Papá, que no se rinde. Mamá, que se encuentra  gozando de un excepcional período de buen humor, desliza  su mano libre hacia  la entrepierna de papá, aprieta y dice: chiflá o largá el control. Papá pierde el control. Mamá también. Mejor los dejamos solos.&lt;br /&gt;Cuadro secundario 4, abajo, a la izquierda: el Cachafaz y Lupita incrementando sus aullidos. A éstos o les falta un ojal o les sobra un botón.&lt;br /&gt;Rápido fundido a negro.&lt;br /&gt;Abre sobre abuelo Strómboli, cuya cara de Jack el Destripador se transfigura mínimamente  para terminar convirtiéndose en una honesta cara de culo.&lt;br /&gt;- Malena, es para vos. Tu papá.&lt;br /&gt;Malena atiende el teléfono y dice: voy para allá. Y después, a Strómboli: mi papá se va. Dice que ya terminó con sus negocios acá.&lt;br /&gt;- Ya sé – dice Strómboli.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos horas más tarde, en el aeropuerto. El abuelo Strómboli, que sigue con su magnífica cara de upite, observa a Malena despedir a su padre desde una respetuosa distancia.   Juan Felipe Lezcano Acevedo, el papá de Malena, brilla como una estrella viril. Malena lo abraza tres veces seguidas y después, quebrada por los sollozos, se corre unos pasos al costado. Momento que aprovecha Strómboli para tomar del brazo a Lezcano, llevarlo un poco aparte y decirle, señalando el maletín de cuero de su suegro:&lt;br /&gt;- Si se le pierde lo que lleva ahí, no se preocupe: tengo copias. Ah.  Y si me pasa algo a mí, o a alguno de mi familia, o a alguno de mis amigos, se enteran hasta en Ganímedes de qué clase de tipo es usted.&lt;br /&gt;Lezcano Arias se lo queda mirando un rato.&lt;br /&gt;- Cuídela a Malenita. Yo la quiero.&lt;br /&gt;- La voy a cuidar. No se preocupe. La voy a cuidar mejor que usted.&lt;br /&gt;El avión, con un elegante giro metálico, termina perdiéndose entre nubes cargadas de lluvia. Strómboli abraza a Malena, que llora serenamente.&lt;br /&gt;- Es mi papá, lo quiero. ¿Me entendés?&lt;br /&gt;- Te entiendo, mi dulce, te entiendo. Es tu papá. Pero por suerte la raza mejora.&lt;br /&gt;- Boludo. Malo. A vos también te quiero.&lt;br /&gt;- Este es el comienzo de una maravillosa amistad – dice Strómboli, ya decididamente jugado en su papel de Humprey Bogart of the pampas y estirando la mano derecha hacia maravillosas y cálidas  regiones.&lt;br /&gt;- Tócala otra vez, Sam- dice Malena, que para estos menesteres no es ni lerda ni perezosa y que, hay que reconocerlo, está mejor que Ingrid Bergman. Lo que es bastante decir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(continuará)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-4373619321369201231?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/4373619321369201231/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-xxxix-japi-end-i.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/4373619321369201231'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/4373619321369201231'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/episodio-xxxix-japi-end-i.html' title='Episodio XXXIX: Japi end I'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6040883124470623116.post-8440535569018590072</id><published>2009-02-13T14:30:00.000-08:00</published><updated>2009-02-14T15:08:32.680-08:00</updated><title type='text'>Episodio XL: "Japi end II"</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(153, 0, 0); font-style: italic;"&gt; (en donde el narrador ( que ya se cansó de escribir “en donde patatín y patatán”) decide   tirar definitivamente la  toalla, las chancletas y cuanta cosa tiene a mano mientras los Pérez Strómboli se entretienen tirando manteca al techo)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Retomando un poco: el avión  se está perdiendo entre las nubes. En el avión va el padre de Malena, ese mascalzone que logró burlar una vez más a Interpol llevándose unos papeles más que comprometedores para él (y para unas doscientas cuarenta y cuatro personas más, entre las que podríamos contar tres ex-presidentes de la Nación, seis ministros de economía, dieciocho subsecretarios, ciento veintidós capitanes de la industria, treinta y cuatro generales, dos famosas conductoras de TV y hasta un coiffeur) La mano de Strómboli, consoladora, se pierde en ciertas maravillosas y cálidas regiones de la anatomía de Malena, quien se sorbe los mocos (al fin e cuentas el mascalzone es su padre) y dice:&lt;br /&gt;- Tócala otra vez, Sam.&lt;br /&gt;Y esa frase es el comienzo del fin. Sí, señores y señoras, hemos llegado al capítulo final de los Pérez Strómboli. Un final con tutti le fiocche. Esto se acaba, señores y señoras, guarda la tosca.&lt;br /&gt;Finalmente una onda de paz y amor se derrama sobre la residencia Pérez Strómboli. Bueno, paz no tanto, pero amor, lo que se dice amor, bastante. Las escenas que se desarrollan a continuación tienen mucho de sexo, drogas y rock´n´roll, pero sin drogas y sin rock´n´roll:&lt;br /&gt;- Dormitorio principal: Papá y Mamá ensayando la posición sesenta y tres del Kamasutra.&lt;br /&gt;- Dormitorio del abuelo Strómboli: el susodicho y Malena rememorando cierta escena de “Nueve semanas y media”, pero sin crema ni frutillas.&lt;br /&gt;- Quincho: Carla y Sebastián  absteniéndose del uso de profilácticos más por razones de urgencia que de religiosidad.&lt;br /&gt;- Dormitorio secundario: Dante y Lautaro haciéndole los honores a una cinta porno-soft.&lt;br /&gt;- Jardín trasero: el Cachafaz y Lupita van por la revancha. Puro traca- traca de almitas inocentes.&lt;br /&gt;En resumidas cuentas: en estos momentos unos veinticinco millones de espermatozoides están iniciando un camino incierto.&lt;br /&gt;¿Incierto? Bueno, no tanto. Salvo los diez millones correspondientes a Dante y Lautaro, el resto, que no es poco, sabe muy bien adonde va.&lt;br /&gt;Y el narrador, modestia aparte, está en condiciones de afirmar que al menos tres de esos bichitos coludos llegarán a feliz destino. Sin contar a los siete del Cachafaz.&lt;br /&gt;En efecto, unos meses más tarde nos encontramos a Mamá, Carla y Malena chocándose las panzas y tejiéndose unas a otras primorosas batitas y graciosos escarpines mientras patean peludos y simpáticos cachorritos de ambos sexos.&lt;br /&gt;Los machos (humanos)  de la familia andan, cuando no, como medio desconcertados entre tanta complicidad femenina. Papá está considerando seriamente conseguirse un trabajo. Sebastián está considerando algo, no sabemos muy bien qué. Y el abuelo Strómboli, después de que Malena le curó el julepe de ser padre a los sesenta y ocho nombrándole ejemplos insignes como Charlie Chaplin, Pablo Picasso y Anthony Quinn, no hace otra cosa que disfrutar y disfrutar de esto tan raro, tan caliente, tan posmoderno, que es sentirse futuro padre, abuelo y bisabuelo. Todo a la vez. Y todo por el mismo precio.&lt;br /&gt;Ser feliz es barato – piensa, de manera no muy original,  Juan Carlos Strómboli - pero cuesta casi toda la vida darse cuenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold; font-style: italic; color: rgb(153, 0, 0);"&gt;FIN&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6040883124470623116-8440535569018590072?l=losperezstromboli.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/feeds/8440535569018590072/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/las-aventuras-y-desventuras-de-la.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/8440535569018590072'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6040883124470623116/posts/default/8440535569018590072'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losperezstromboli.blogspot.com/2009/02/las-aventuras-y-desventuras-de-la.html' title='Episodio XL: &quot;Japi end II&quot;'/><author><name>Bruno Di Benedetto</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00402357680249601970</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_P9kgwuIdMQc/SPkwG047ZVI/AAAAAAAAAHc/spjT-dUM4AM/S220/Bruno.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
